LA SOCIEDAD ÁRABE
 
 

           Para reflejar el latido de una sociedad, nada mejor que acercarnos al núcleo medular de la sociedad misma, que es la familia. Vamos a exponer el sentir de una familia prototipo árabe, aunque asumiendo la salvedad impuesta por las diferencias geográficas que nos llevarían a las diversas economías, pues una familia del Golfo Pérsico goza de una disponibilidad material que dista enormemente de muchas de las familias del Mundo Árabe, de ahí la apreciación de que nuestro cometido es la familia media, que por otra parte, es la mayoría.

            Estarán de acuerdo conmigo en que realizar un viaje turístico a un país cualquiera nos proporciona una información relativa que nos permite captar ciertos rasgos externos; ahora bien, es universalmente conocido que detrás de lo aparente, de lo que está a la vista, se halla lo esencial. Y esto es lo que ocurre con las familias árabes, que hay que adentrarse en ellas para descubrir sus inquietudes, sus motivaciones y sus luchas cotidianas que son, en el fondo, las mismas que las de los padres y madres de todo el mundo.

            No estamos acostumbrados a oír hablar bien de la sociedad árabe y, en general, si alguien lo hace, provoca un aluvión de respuestas en contra. A sabiendas de ello, y respetando todas las opiniones, he de decir que los progenitores árabes trabajan, sueñan y viven por ofrecer un futuro mejor a sus hijos: una casa, alimentos, estudios, etc. La formación universitaria es la meta, el objetivo que todo padre desea para sus vástagos, y, como suele ocurrir habitualmente, los propósitos se cumplen si se persiste en ellos. Así que en las familias árabes encontramos muchos universitarios, aunque el núcleo familiar  se vea obligado a ciertas estrecheces para hacer frente a los gastos; además, otro rasgo digno de mención es que en las ocasiones de apuros económicos, algunos parientes cercanos contribuyen con aportaciones, a fondo perdido normalmente, para que el/la estudiante pueda continuar  sus estudios. En un amplio espectro de la sociedad árabe, excluyendo los extremos, las mujeres también cursan carreras universitarias: ingenierías, filologías, derecho, económicas, etc, y, por supuesto, ejercen su profesión al terminar los estudios.

            Las familias árabes son generosas, buenas anfitrionas y ofrecen lo mejor a sus invitados. Son nada más y nada menos que seres humanos que buscan una vida mejor. No es bueno etiquetarlos de forma estereotipada. Hemos de esforzarnos en conocerlos y valorarlos por su comportamiento, antes de emitir juicios apriorísticos, respetando las diferencias que, al fin y al cabo, son las que nos enriquecen.

Flora Lobato


 
 
 
 
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