Desde el pasado viernes, Zamora tiene abierta otra nueva Bienal que rompe en formato y estilo con las celebradas los últimos años, dedicadas básicamente a la pintura. El acto inaugural tuvo un cierto glamour, como ya nos tiene acostumbrados el Concejal de Turismo, lo cual es siempre de agradecer en actos oficiales donde las formas políticas partidistas son siempre aburridas y que una vez producida la inauguración, todo el mundo desaparece rápidamente, sin mezclarse y dialogar demasiado.
Este año la Bienal está centrada fundamentalmente en el movimiento Fluxus y en los fondos del Museo Vostell en Malpartida, además de una sala en la iglesia de san Cipriano dedicada a exponer obras de Bienales anteriores. Fluxus, palabra latina que significa flujo, es un movimiento artístico de las artes visuales pero también de la música y la literatura. Tuvo su momento más activo entre la década de los sesenta y los setenta del siglo XX. Nació contra el objeto artístico tradicional como mercancía y se proclamó a sí mismo como el antiarte. Fluxus es un movimiento sin normas ni directrices, un estado del espíritu, una nueva forma de arte; es elevar las cosas sencillas de nuestra vida a la categoría de obra de arte. Nos encontramos pues ante una Bienal que ha apostado por un estilo artístico ya pasado en el tiempo sin negar su importante valor, que necesita ser contemplado con perspectiva y con conocimiento de su filosofía de fondo para no sacar conclusiones equivocadas. Posiblemente sea un arte no muy acomodado a los gustos estéticos de los zamoranos pero ese no es el objetivo de una Bienal; sería peligroso que lo fuese.
Los calificativos iniciales, como siempre ocurre, suelen ser exagerados, sobre todo las declaraciones de la Alcaldesa cuando dice que “Zamora se va a convertir en un referente cultural en todo el país o que debe comenzar a estar en el mundo del arte y nos tenemos que abrir a la vanguardia” y no digamos ese otro “de propuesta capaz de dinamizar la vida económica de la ciudad”. Sólo una apuesta continuada y de calidad pueden conseguir estos objetivos a largo plazo y esta Bienal es sólo un primer gesto. Ya se han dicho otras veces las mismas cosas.
Personalmente me conformaría con que la Bienal funcione, es decir, que mantenga la calidad de sus instalaciones hasta el día de su clausura, que existan guías que expliquen los contenidos, que los catálogos salgan a tiempo, que esté bien anunciada y señalizada en los medios locales y en la ciudad, que se haga la publicidad apropiada tanto en Zamora como dentro y fuera del país, que existan los prometidos debates artísticos y se consiga la participación de los ciudadanos. No pretender pasar a la posteridad sino hacer un acto de calidad y serio. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego