Buenos días y buena suerte (21-01-09)
 

      Hoy tenemos que comenzar con una buena noticia: George Walker Bush ya no es presidente de los EE.UU. de America. Pasará a la historia como uno de los peores presidentes de esta nación, que por ser la más poderosa, ha acarreado múltiples desgracias y tensiones en otras partes del mundo además de al propio pueblo americano. Pero detrás de este mediocre republicano y su vicepresidente Dick Cheney se escondían unos objetivos claros de transformar la democracia de los ciudadanos en una democracia dirigida e infantil, además de atemorizada, que les alejase de la política  y así dejar las manos libres a los gobernantes para que pudiesen, de ese modo, imponer la agenda de las grandes corporaciones económicas, como sagazmente indica Josep Ramoneda en la reseña del libro de Sheldon S. Wolin “Democracia S.A. La democracia dirigida y el fantasma del totalitarismo invertido”.

Este objetivo lo inició en 1980 el también presidente republicano Ronald Reagan cuando prometió “librar al pueblo americano de la carga del gobierno”. Esta  democracia dirigida, según el citado libro, se basa en “la alianza entre las élites republicanas, las grandes corporaciones y el evangelismo religioso, con el doble objetivo de volver a dominar el mundo y de construir una mayoría interior permanente sobre una ciudadanía despolitizada”. Los instrumentos para crear esta desmovilización han sido variados pero uno de ellos va ligado a la actual crisis económica que padecemos ya que durante estos ocho años de presidencia de Bush, “la política económica ha ido destinada a beneficiar a las clase altas, junto con un desprecio por las políticas sociales que favorece la desconfianza de los ciudadanos y aleja del voto a los sectores más desfavorecidos que no tienen nada que esperar de sus gobernantes” como indica Ramoneda. De aquellos polvos vienen estos lodos. En todo este proceso político, la mentira ha sido un instrumento permanente en manos del poder.

Todos confiamos, quizá demasiado, en que la llegada del demócrata  Barak Obama a la presidencia de EE.UU., vaya normalizando la situación aunque no le será fácil ya que el sistema corporativo construido durante tantos años pondrá su resistencia a cualquier cambio que no coincida con sus intereses. Pero, como también indica Ramoneda, la degradación de la democracia no es patrimonio exclusivo de los americanos. Y la indiferencia ciudadana, fomentada por los gobernantes, crece en todas partes, incluso en nuestro país. Esta indiferencia, sumada al atontamiento que produce la sociedad de consumo capitalista, está creando ciudadanos no comprometidos y apáticos  no sólo en política sino también en el compromiso social y comunitario, y eso nos toca a todos.  Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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