ES IMPOSIBLE SER A LA VEZ DAVID Y GOLIAT SIN ACABAR LOCO (EL ROTO)
De israelitas y palestinos
 
 

          Leí en El País del 30 de diciembre, la viñeta de El Roto, siempre tan certera y original, con la que titulo esta opinión, o más que opinión, un grito a lo Munch de dolor y de rabia por lo que Israel hace una y otra vez con el pueblo palestino. La viñeta de El Roto, dicho sea de paso, es lo primero que leo siempre del periódico El País, esa viñeta me dice muchas veces más que el resto de noticias. Pero ese día además, El País traía un artículo sobre Daniel Barenboim, en el que este gran director de orquesta argentino-israelí, tan ecuánime como siempre, nos daba algunas opiniones suyas sobre el conflicto israelí-palestino que transcribo a continuación. A propósito de que con las armas no hay solución posible, Barenboim señalaba “Es un enigma que tanta gente inteligentísima en ambas partes y en el mundo entero no entienda algo relativamente tan sencillo”. Un poco más abajo, ante la brutalidad del bombardeo israelí sobre la franja de Gaza, añadía “Espero de los líderes de Israel que tengan una inteligencia mayor y más sutil que tirar bombas y matar gente (…) este conflicto no se podrá nunca resolver mediante la violencia”.  A pesar de considerar estos dos textos de una manera muy positiva, no puedo por menos de sorprenderme ante  la racionalidad de ambas posturas, frente a la desigual guerra que Israel y Hamás libran y que puede calificarse de múltiples maneras excepto de ser un hecho racional y por ende de tener una solución racional. Las razones son todo (motivos políticos, de poder, económicos, comerciales, de tipo estratégico, etc.) menos racionales. Ni siquiera son razones del corazón de las que hablaba Pascal, sino de bolsillo, de dinero, de poder, de propiedad.

Más bien pienso desde hace mucho tiempo que la solución será nacional: la nación dDe israelitas y palestinose Israel no negociará, aunque finja lo contrario o firme lo que firme, hasta que no haya destruido o minado profundamente lo poco y empobrecido que queda del estado palestino. Lo que pretende es aniquilar al pueblo palestino y quedarse con todos sus territorios, es decir, ser David y Goliat a la vez.Todo lo cual no tiene nada que ver, por supuesto, con la consabida racionalidad: ni David, que es también en cierto sentido Goliat, está loco, refiriéndome a la viñeta de El Roto. Ni es nada enigmático que la gente inteligentísima de la que habla Barenboim no entienda algo tan sencillo. Esa gente inteligentísima se halla en Israel o en Palestina pero también en España, que parece que sigue confundiendo judíos e Israel, o en la Unión Europea, que al comienzo hizo oídos sordos, en los Estados Unidos en donde Obama descargó su responsabilidad en el gran aliado de Israel, Busch, o en la ONU que una vez más se ha mostrado un organismo obsoleto e inservible. A estas alturas del eterno conflicto, a nadie que tenga un poco de sentido común le extrañará que Israel se muestre y se comporte una vez más como lo que realmente es: Israel hace mucho tiempo que es un estado represivo, sanguinario, asesino, para el que todo vale con tal de aniquilar al pueblo palestino. Hace mucho que la ley del talión (el ojo por ojo y el diente por diente hebraico) se ha quedado desfasada a tal punto que hay que rendirse a la evidencia, no racional sino la de los hechos (esta guerra tan salvaje, los civiles y niños muertos, el aniquilamiento del territorio) de que Israel es igual o quizá peor que el periodo nazi de Alemania – ese nazismo que Israel y muchos judíos en el mundo tanto han denostado pero del que tanto provecho han sacado mostrando siempre el lado victimista característico de este pueblo singular. Una vez más, se confirma la tenue línea que separa a la víctima del verdugo y que hace que sea harto frecuente en los humanos, pasar de ofendido a ofensor y viceversa.

Pero por encima de la barbarie, y mido bien mis palabras, cometida por el estado hebreo hacia el pueblo palestino y del horror de lo que ha sucedido, uno de los más dolorosos sentimientos que se ha apoderado de los que hemos seguido los acontecimientos de cerca, ha sido por un lado el gran cinismo con el que una vez más ha actuado Israel en sus declaraciones, para eso sí que sirve la inteligencia, y por el otro la más absoluta impunidad de la que goza todavía ese estado neonazi que es Israel.

No es de racionalidad de lo que hay que debatir frente a un número cada vez mayor de estados sanguinarios, terroristas, que disfrazados de piel de cordero, para seguir con otra imagen bíblica, son auténticos lobos. Aquí se trata una vez más de la impunidad reinante por doquier en el mundo y en todas las esferas de la vida: la lista de países asesinos, de dictadores, de grandes estafadores que no pagan por sus crímenes y engaños es enorme. Y esa impunidad es debida en gran parte al desfasamiento y a la inoperancia de los grandes organismos internacionales actuales como son la ONU (con el derecho a veto de alguno de los estados miembros), la FAO, la OMS, la UNESCO, etc. Sólo sirven para pagar elevadísimos sueldos a sus altos funcionarios, acallar conciencias y engañarnos a todos. Y no hablemos de la clase política, uno de los peores males del mundo actual.

Si quisiéramos realmente ser eficaces y hacer que los grandes valores de nuestras civilizaciones se tengan en pie, habría que comenzar primero por crear movimientos y movilizaciones de ciudadanos capaces, por su número y su compromiso, de castigar de verdad guerras como la de Israel o actos parecidos de barbarie mediante boicots internacionales a sus productos, artículos como han aparecido en el País (Rosa Torres, José María Ridao, etc.), bombardeos de mensajes a sus correos y webs, reenviando al mayor número posible los documentos que denuncian estos acontecimientos como por ejemplo el documento-collage de fotos que superponen actos nazis y actos israelitas en Gaza, etc. Segundo habría que crear organismos diferentes, sin ningún derecho a veto de los países miembros, que fueran capaces de impedir el comercio de armas y sobre todo de juzgar y castigar por crímenes contra la humanidad a estados como Israel, Namibia y otros de igual calaña.

Pedro Lacámara

 
 
 
 
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