SOBRE EL PROYECTO DEL MUSEO DE BALTASAR LOBO
 
 

          Ya en otro artículo anterior me he referido  al secretismo  con que se llevan  los asuntos  urbanísticos en esta ciudad y, en especial, los que se originan  en la zona  de protección histórica artística, en la ciudad antigua.  Así que, suceso tan importante  como ha sido  el parón en la redacción  del proyecto  del nuevo Museo y el peligro consiguiente de llegar a suspenderse  el encargo, todavía no se han  aclarado   las causas que  permitieron  que el trabajo  alcanzase el actual nivel de acabado, sin  que nadie previese su falta de viabilidad.

Es una constante histórica que en los asuntos urbanísticos nuestra ciudad parece que tiene una especial mala suerte, que luego hay que pagar caro. Tomemos dos actuaciones similares en Cascos Antiguos como son el de Bragança y Zamora, en ciudades cercanas, igualmente financiados por la UE. Mientras  el Plan de  Ordenación de la Zona del Castillo de Braganza se desarrolló normalmente y se ejecutó en el plazo previsto, ya hace quince años, el Plan análogo  del entorno de la Catedral, a pesar de haber sido aprobado por la Comisión del Patrimonio, se quedó atascado y,  hasta la fecha, no se ha producido  un  documento planificador en que aparezcan todas las dotaciones y organización de dicho entorno. No es extraño que aparezcan sorpresas desagradables  como las producidas con el proyecto del nuevo Museo. También en Braganza, de manera simultánea con nuestra ciudad, se hizo el encargo del  Museo de la Ciudad  y  allí fue  inaugurado  recientemente. Sin más comentarios.

Se podría  aventurar   una explicación somera  de las dificultades que han impedido  completar  el proyecto del Museo en Zamora, sin que pueda  aventurarme a dar  detalles  que, tal vez, justifiquen  todas las incidencias. Hay que  partir de que  el suelo y  subsuelo  del Castillo, dentro de su entorno, gozan  del mayor grado de protección arqueológica de toda  la ciudad. Me figuro que  para investigar  la cimentación del  nuevo edificio del Museo se empezaron las excavaciones con el fin de determinar  las  características del suelo y lo que apareció es que los muros, a medida que se iban descubriendo las partes enterradas, permitió alcanzar  la original rasante del Castillo, que  estaba  a casi dos metros  de profundidad  por  efecto del relleno generado  por las  voladuras  que los franceses ejecutaron en el caserío, que saturaba los espacios de la zona. Y así la excepción que permitió esta intervención  en  esta zona protegida, nos ha permitido  la recuperación de unos espacios que han permanecido enterrados durante un siglo y  que, con gran sorpresa,  nos han devuelto las formas  originales que tuvo esta fortificación con lo que, en la actualidad, estos espacios han alcanzado una nueva categoría que los convierte  en protagonistas dentro de la propia fortificación, en un ciclópeo monumento  en piedra que, sin duda, es la representación más cercana  de los  fundamentos construidos  de la  ciudad.

No es de extrañar que el arquitecto Moneo, ante la situación creada por  los  nuevos SOBRE EL PROYECTO DEL MUSEO DE BALTASAR LOBO. ANTONIO VILORIA   espacios excavados,  haya dado por inadecuado  el proyecto inicial. Con ello se ha abierto   una  nueva   etapa  que, con toda seguridad,  impondrá medidas que protejan   la entidad  de los nuevos y colosales espacios. Pero que   también  aparecerán  nuevas  oportunidades que contribuyan  a enriquecer el marco   expositivo de las piezas exhibidas en el museo. Esta conjugación de  los  dos ámbitos, el  de la fortaleza y el del Museo, son los aspectos más delicados de la tarea del arquitecto y que Moneo sabrá resolver con maestría, al  nivel de su categoría profesional.

Yo no quisiera  dejar al margen los aspectos  que plantea el Museo de cara  a su integración en la ciudad. Y esto debe subrayarse  por bien del propio Museo, pues este  se va a levantar en una zona alejada de  la vida de la ciudad  y en un barrio  que está afectado por un deterioro  considerable de su tejido residencial, por una carencia de los servicios  urbanísticos  propios para la vida  del  barrio.

Son necesarios  equipamientos para reforzarlo  como  núcleo principal, para que pueda  recuperar un papel que tuvo en el conjunto de la ciudad y que actúe como escalón  intermedio entre el Museo y el tejido residencial, además de modular el tipo de  espacios  públicos  en los que se alzarán   todas  las nuevas y antiguas edificaciones.

Ahora es el momento de abordar  todas  las cuestiones potenciales que aguardan para la remodelación y definición  de  los espacios implicados, pues las excavaciones, en el momento actual, pueden   determinar  el sentido de su recuperación. Espacios  que hasta ahora  permanecían enterrados o  inadecuados como el falso foso podrían permitir cambiar  el tipo de acceso al Castillo y de  que éste se convierta en una arquitectura  cercana, tangible, en verdadero  signo de cultura. Análogamente unos  renovados accesos a la Catedral permitirían recuperar los primitivos ejes de la nave  y la visión de la cúpula, de su sentido procesional, lo que abriría  la posibilidad de generar los futuros ejes compositivos que ordenen el diseño de los  espacios libres.

Se me podrá objetar que buscar la satisfacción  de este tipo de demandas sería  alejarnos demasiado del objetivo  que debe estar en el centro de nuestra atención. Pero no se puede ignorar el  que  toda arquitectura contiene,  entre sus cualidades  más preciadas, la de sugerir nuevas  superficies,  volúmenes y formas externas   que vienen a  complementar su significado.

ANTONIO VILORIA
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 27 de enero de 2009

 
 
 
 
Volver
Subir