DESPUÉS DEL APOCALIPSIS, ¿QUÉ QUEDA?
 
 
 

Confiad en vuestros sueños, porque en ellos está escondido
el camino a la eternidad. El Profeta. Khalil Gibran
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          Haciendo nuestras las palabras de Khalil Gibran, y aplicándoselas a los ciudadanos de Gaza, en particular, y a los palestinos, en general, podemos manifestar que éstos han sido desposeídos de la actividad onírica; los sueños no tendrán sentido en unas vidas cuya tarea más inmediata es la supervivencia, en su acepción más primigenia. Israel viene ejerciendo su perverso asedio sobre el pueblo palestino desde hace más de sesenta años de manera inhumana, y sigue en su línea, llevándolo al límite con la instalación de muros divisorios y asfixiantes, erradicando la vegetación, o sacando sus aviones y tanques a pasear, con el ánimo de inundar el espacio aéreo y terrestre de sangre y terror. ¿Será que el exceso de fuerza ciega su razón?

          Un poco más de humanidad en su trato dignificaría a los israelíes, pues su manera de proceder con los palestinos actúa como un espejo que les devuelve a ellos mismos y al mundo entero la barbarie perpetrada por su ejército a seres inocentes. Y estando de acuerdo en que la peor parte se la lleva la población palestina, no es menos cierto que la situación en la que se coloca Israel a sí mismo con sus acciones tampoco es muy halagüeña, pues, si soportar el papel de víctima es doloroso, el de verdugo debe de ser muy frustrante para quien lo practica habitualmente; ¿no creen? Se impone la conmiseración tanto con los primeros como con los segundos, aunque las causas de la misma sean diametralmente opuestas.

          ¿Alguna vez nos hemos planteado qué sentiríamos si viviéramos bajo la amenaza de una fuerza descontrolada, como viven ahora los palestinos, y vivieron antes los judíos con el régimen de Hitler? La idea no nos cabe en la cabeza, por aberrante. Por eso creo que los israelíes que deciden, por un lado, y los que ejecutan, por otro, estas muertes a seres desvalidos, también son dignos de lástima, pues, ¿cómo puede ser que durante el día se dediquen a labor tan ingrata y por la noche puedan conciliar el sueño?  Sólo hay dos formas a seguir en esta disyuntiva: cerrar los ojos a la realidad, jugando a engañarse y a tranquilizar sus conciencias, o quitarse el velo, como están haciendo algunos israelíes de bien, llamando a las cosas por su nombre. En esta venturosa línea se encuentra la confesión de un soldado israelí que ha cambiado el ejército por una ONG, cuyo nombre es clarificador: Breaking the silence (Rompiendo el silencio).

 

Flora Lobato

 
 
 
 
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