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El pasado sábado 28 de marzo se firmó en la Casa de las Panaderas la incorporación de Zamora a la Ruta Europea del Modernismo. Los que estuvimos presentes en el acto sabíamos de la trascendencia de este momento para la ciudad, pero sobre todo para estas arquitecturas. Porque por encima de los beneficios económicos y turísticos que pueda reportar esta incorporación, éramos y somos conscientes del impulso que se da a estos inmuebles y al propio núcleo urbano de la ciudad como conjunto, que es mucho más que Románico. Quizá las arquitecturas modernistas y los edificios eclécticos que las contextualizan empiecen a despertar de un letargo que ya estaba resultando demasiado prolongado.
Como bien sabemos, los edificios modernistas de la ciudad ingresan en la Ruta por méritos propios de calidad, singularidad territorial y conjunto conservado. Promovidos por una burguesía naciente –principalmente harinera- de finales del XIX que tiene la fortuna de coincidir con un plantel de arquitectos de singular calidad afincados en Zamora, consiguen crear arquitecturas plenamente de su tiempo, absolutamente modernas y convertidas desde el primer momento en signo de distinción de sus propietarios, entre el resto de edificios de arquitectura más popular de la ciudad. Como afirma la experta Mireia Freixa, el modernismo de Zamora aúna tres factores incuestionables: el número de edificios modernistas conservados, la coyuntura arquitectónica ecléctica en que se enmarca y la presencia de las dos corrientes catalana y secesionista. El magnífico trabajo de Álvaro Ávila, secundado por María Teresa Paliza y Ascensión Rodríguez comienza a dar sus frutos.
En nuestra ciudad el tiempo fue robando a estas arquitecturas de la Belle Époque ese elemento icónico que las singularizaba para terminar pasando absolutamente desapercibidas entre la mayoría de la población y los gestores de la ciudad. Así han estado muchos años, olvidadas, y lo que es peor, ignoradas y desconocidas. Parece que les llega su turno, tras un tiempo en que solo algunos hemos trabajado para rescatarlas y dignificarlas. Ahora la incorporación de Zamora requiere trabajo, mucho, por encima de las campañas turísticas de turno, necesarias pero insuficientes. Porque sería absurdo, injusto e irresponsable reducir estos edificios a un mero producto turístico.
Con esta incorporación de Zamora a la Ruta Europea del Modernismo el Ayuntamiento acaba de adquirir graves compromisos y responsabilidades. Por el momento ha confirmado la edición de folletos turísticos, la organización de un ciclo de conferencias, la creación de rutas del modernismo por la ciudad y, lo más urgente, su señalización monumental. Y de rondón la dedicación de una calle al genial Francisco Ferriol. Pero de poco servirán estas medidas si no hay una apuesta contundente por parte del Ayuntamiento. Es necesario y exigible avanzar en ello en medidas de más calado y de absoluta responsabilidad municipal. Fundamentalmente en el catálogo del PGOU. Es urgente revisar la consideración de edificios modernistas y eclécticos en el Catálogo de Elementos Protegidos, generalmente con escaso o parcial nivel de protección. Muchos de estos edificios modernistas únicamente tienen a día de hoy protegidas sus fachadas, permitiéndose el derribo total del edifico excepto este elemento, como si de una careta o escenario del “espagueti western” se tratara. Más aún, urge replantearse la oportunidad de permitir levantes en estos inmuebles conforme, simplemente, a un criterio de rentabilidad en la promoción de futurible nueva obra, rompiendo su concepción de conjunto. Conviene recordar también que durante muchos años no hubo miramiento de ningún tipo hacia estos edificios modernistas, hasta el punto de permitir derribos parciales hace menos de diez años en el edifico del Jarama, del propio Ferriol. O el derrumbe del ecléctico chalé de la Avenida Príncipe de Asturias número 3 hace menos de dos años. Sin duda, el siguiente paso es incluir la totalidad del corpus de edificios eclécticos que contextualiza los modernistas en el catálogo del PGOU. Algunos de ellos no están en el listado, pues la revisión del Plan, recién aprobada en su fase inicial en pleno municipal, simplemente amplía el catálogo con inmuebles de fuera del casco histórico –y no precisamente la mayoría de los eclécticos-, pero ninguno de su interior. Es momento, pues, de actuar en coherencia y responsablemente.
La firma estampada el pasado sábado ha puesto en valor la categoría del modernismo arquitectónico de Zamora. Sin duda, ha sido un día grande para la arquitectura de esta ciudad.
Rafael Ángel García Lozano
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