El autismo es una enfermedad que quien la padece le cuesta interactuar con los demás, como si no los necesitase, ni para la comunicación ni para transmitir cariño. Es una dolencia compleja, de difícil tratamiento, con una recuperación muy complicada. Pero mi comentario de hoy no es sobre la enfermedad sino sobre la tendencia al aislamiento social del ciudadano frente a los problemas que nos rodean: es el llamado autismo social, que cada vez se encuentra más arraigado en nuestra sociedad. Me refiero concretamente a tantos hombres y mujeres, cada vez más encerrados en sus estructuras familiares, en su vida cuotidiana, reducida, simple y monótona, sin entrar en el compromiso social activo y organizado. Su principal preocupación es la seguridad económica y laboral de su entorno más cercano, atontados por el consumismo y los demás problemas simplemente le tienen sin cuidado, que los resuelvan otros. En este país la sociedad civil sigue siendo débil, muy lejos de lo que sucede en otros países europeos. Decía Joan Subirats, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y escritor que, en general, el español no tiene una concepción de lo público como un ámbito de responsabilidad colectiva, ni tampoco dispone de una presencia fuerte, estructurada y responsable de lo que se ha venido denominando sociedad civil. Normalmente lo público ha tenido un escaso valor entre los españoles. La ciudad, por poner un ejemplo, nos la tienen que mantener limpia, ordenada y cuidada pero nosotros hacemos poco esfuerzo personal en contribuir a ello porque, como muchos dicen, para eso pagamos impuestos. En muchos naciones, y lo hemos visto en los viajes al exterior, los primeros que cuidan su ciudad son sus habitantes.
Resulta un desperdicio social contemplar tantas personas de valía, ya estén en activo o jubiladas, que se encierran en sus entornos familiares y locales sin entrar a participar de una forma activa en los problemas de su ciudad, de su provincia y de todo lo que nos rodea. Algunos se conforman con asistir a actos culturales o sociales pero sin entrar en mayores compromisos, ni dedicar un plus de su tiempo a causas sociales organizadas. Estamos dejando que los partidos políticos se conviertan en nuestros intermediarios exclusivos de lo que ocurre en nuestro entorno social y esto es muy peligroso. Lo contrario al autismo social es el compromiso social como una aportación voluntaria del ciudadano ante las exigencias y problemas que nos afectan dedicando una parte de nuestro tiempo a fin de hacer de nuestra sociedad y entorno una zona libre, armónica y de convivencia. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego