PLANOS DE TORO EN LOS PARAÍSOS PERDIDOS
 
 
El tiempo que huye no puede ser recuperado (Fugit irreparabile tempus). Virgilio.

           Un elenco de buenos actores, dirigidos por Basilio Martín Patino, nos da como resultado una película que es un poema audiovisual; el fondo de la acción de sus personajes es la ciudad de Toro, mimetizada con los mismos. Por ello, el espacio en Los paraísos perdidos es más que un simple lugar, pues plano a plano va cobrando vida propia, de tal manera que la película no sería lo que es sin dicho espacio; no en vano es el que la protagonista (Charo López) ha interiorizado en el exilio que le ha tocado sufrir, después de la Guerra Civil del 36. A él vuelve, en él quiere permanecer, anclarse en él hasta llegar a fundirse con ese territorio que es parte de ella misma.

           Es un filme que presenta dos planos en su nivel narrativo: el de la realidad fílmica, construida bajo la supervisión de un narrador omnisciente, y un plano paralelo, plasmado en la película por una voz en off del personaje principal femenino, narradora protagonista, por tanto. Es la voz de una mujer intelectual, que se ocupa de la traducción del Hiperión de Hölderlin, del que recita algunos fragmentos, y éstos le ayudan a la protagonista en sus reflexiones, suscitadas a partir de sus experiencias cotidianas. El director logra, así, trascender los acontecimientos de la historia o diégesis, a la vez que permite al espectador penetrar en el universo mental de la protagonista, imbuida de la filosofía de la obra literaria sobre la que trabaja.

           Los encuadres generales y abiertos son abundantes en el filme: el río Duero, la colegiata en lo alto con toda su magnificencia, la calle principal, junto a otros planos de la ciudad de Zamora y Salamanca; todos ellos constituyen el espacio del relato por el que se mueven los personajes. Según la crítica, dichos espacios representan “los paraísos perdidos” del propio Martín Patino, que convierte a Charo López en su “alter ego” e intenta exorcizar el sufrimiento que a él mismo le había producido el exilio, así como las emociones de su reencuentro con estos paisajes castellanos.

           
           Si bien la película nos ofrece un entorno con cierta poesía, hemos de señalar que nos parece arriesgado intentar recuperar el pasado, pues éste nunca vuelve; el tiempo sigue su curso, y todo intento de pararlo o recuperarlo es una falsa percepción que nos  impedirá encontrar nuevos paraísos, pues cada tiempo tiene los suyos.            
           

Flora Lobato

 
 
 
 
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