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Si cualquier arquitectura se alza como signo de la época en que fue construida, aquellos edificios generados a lo largo del siglo XX lo son plenamente de su momento histórico, constructivo y social, con el valor añadido de ser contemporáneos de quienes ahora vivimos la ciudad. Precisamente por ello, obviarlos en el catálogo del nuevo PGOU es abrir una fractura en la continuidad arquitectónica de Zamora y sobre todo arriesgarnos a perder alguno de ellos para siempre, al carecer de perspectiva. Si queremos que los árboles nos dejen ver el bosque será necesario salvaguardar ciertas arquitecturas de este siglo en tanto que representativas de su época y del momento de máximo desarrollo urbano de Zamora, siempre atendiendo al criterio supremo del sentido común y a su valor arquitectónico y urbanístico.
Con el horizonte de completar el catálogo desde la salvaguarda de ciertos edificios del siglo XX, conviene sistematizar. Las arquitecturas residenciales dieron el pulso del crecimiento de la ciudad hacia el este, constituyendo el ensanche de la ciudad entre finales del XIX y las primeras décadas del XX. En los años 90 fueron despiadadamente demolidas las villas y chalés eclécticos de Príncipe de Asturias 7 y Avenida de Portugal 13, y muy recientemente, en 2007, el chalé número 3 de Príncipe de Asturias. Milagrosamente se mantiene en pié el chalé de la calle Pablo Morillo 11, de factura singular marcada por cierto regionalismo arquitectónico. Si bien su arquitectura no es espectacular, constituye en la actualidad prácticamente el último testimonio de vivienda unifamiliar del ensanche, razón que justifica sobradamente su catalogación. Por su parte, protagonizando el primer momento urbanizador de la Avenida Tres Cruces, se yerguen el edificio de viviendas de la calle Cervantes 1 esquina a Tres Cruces 20, así como la antigua vivienda del Dr. Velasco en el número 18, actualmente destinado a oficinas de la Junta de Castilla y León. A pesar de estar hoy notablemente descontextualizados permanecen como testimonio urbanístico de primer orden. En este mismo entorno sobresale, en este caso desde la perspectiva arquitectónica, el edificio de viviendas de Amargura 9, destacando por la pureza y simplicidad de sus líneas, influenciadas por un tardoracionalismo casi ausente en Zamora.
El escaso protagonismo de la arquitectura industrial en nuestra ciudad y provincia se ciñe principalmente al sector harinero. Los edificios aún conservados hablan de la importancia de un sector que gestó la incipiente burguesía que comenzó a transformar urbanísticamente la ciudad. Esta arquitectura industrial se concreta principalmente en las fábricas de harinas, adquiriendo especial relevancia la de San Isidro, en la Avenida de la Feria. A pesar de la sobriedad de su factura, animada por los detalles de la cornisa y el panel cerámico, constituye el único ejemplar de la arquitectura industrial ecléctica ubicada en el casco urbano consolidado de Zamora. Hemos de considerar también el silo del Servicio Nacional de Productos Agrarios. La pujanza harinera hizo que este almacén de trigo vinculado al ferrocarril se sumara a las fábricas de harinas existentes en su entorno, fábricas de harinas Rubio y Bobo, ambas catalogadas. De esta forma constituye un estrecho vínculo en el paisaje urbano industrial de mediados de siglo, en origen alejado del núcleo urbano y hoy absorbido por la ciudad. Necesitado de reconversión podría ser destinado a dotaciones comunitarias. Igual finalidad podrían alcanzar el conjunto de construcciones que componen las dependencias de Renfe, vinculadas a la propia estación. No cabe duda de la menor representatividad de éstos, pero en absoluto restan calidad técnica y constructiva. Especial importancia adquieren el Muelle de Pequeña Velocidad, el Muelle de Gran Velocidad, el edificio del Servicio Eléctrico y el edificio Auxiliar de Servicios, así como la Lamparería. Su conservación requiere la dotación de nuevos usos y otras acciones no carentes de imaginación para garantizar su pervivencia.
Finalmente, la nómina de edificios administrativos no es escasa en nuestra ciudad. Proponer la protección de la antigua sede provincial del Banco de España se traduce en la salvaguarda de su composición y estructura, que podrían verse fatalmente modificadas y destruidas en caso de destinarse a usos para los que absurdamente ha sido propuesto, como museo de Semana Santa. Por su parte, la antigua residencia de Franciscanos y los edificios de la Delegación de Defensa y viviendas del Ejército en la Avenida de Requejo adquieren un protagonismo sobresaliente al constituirse como ejemplos de la función icónica de la arquitectura vinculada a un régimen político, más acusada si cabe por su carácter monumental, además de su papel de conjunto como edificios oficiales y militares con gran vocación de apariencia civil en esta avenida.
Rafael Ángel García Lozano
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