Hace unos días la exhumación de dos fosas comunes en la localidad de Santa Marta de Tera, con intervención judicial, se ha convertido en noticia nacional cuando en realidad tendría que haber sido una noticia normal en cualquier medio de comunicación. Es una vergüenza que después de tantos años en democracia, un tema con tanta carga humanitaria ligada al derecho de los familiares a obtener información para encontrar los cuerpos de los seres queridos fusilados por el bando que fuese durante la Guerra Civil y darles sepultura en la forma que decidan sus familiares siga siendo noticia en este país. A pesar de que en el 2007 fue aprobada la Ley de la Memoria Histórica, en uno de cuyos apartados referido a las fosas comunes se dice que el Estado ayudará a la localización, identificación y exhumación de las victimas, lo cierto es que los vericuetos administrativos y judiciales, además de ciertas actitudes políticas en contra por parte del principal partido de la derecha han hecho que un acto que debería ser normal se convierta en algo excepcional y complejo además de controvertido. En muchos casos los procesos administrativos de exhumación están llenos de dificultades e impedimentos, especialmente en las Administraciones gobernadas por el Partido Popular y en otros muchos, los Juzgados de Instrucción se consideran incompetentes, por lo cual los procesos iniciados por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica o por familiares se eternizan.
Por todo ello resulta ejemplar, aunque tardío, que la Generalitat de Cataluña haya dado un paso más práctico que la actual Ley de Memoria Histórica Estatal aprobando la llamada Ley de Fosas que asumirá directamente la localización e identificación de los desaparecidos durante la Guerra Civil y el franquismo, además de comprometerse a pagar los trabajos de exhumación de los cuerpos o la dignificación de las fosas en las que yacen. Como ocurre siempre en estos casos, sólo se opuso el Partido Popular.
Antropológicamente se sabe que el respeto a los muertos y las ceremonias de enterramiento digno, acompañados de los seres queridos, fueron uno de los eslabones que nos convirtieron en seres sociales y que sirvieron para fortalecer una cultura de comunidad. Que a estas alturas, contaminados aún por la ideología política y prejuicios revanchistas, no se consideren normales estas exhumaciones indican que nos queda un largo camino para una sincera reconciliación. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego