Buenos días y buena suerte (15-07-09)
 

            Siempre que llega el verano, lo más hortera que tiene el país se pone en evidencia. Es como si el buen tiempo nos diese permiso para sacar lo peor que llevamos dentro: vestimentas estrafalarias, licencia para hablar lo más alto posible, niños acompañados de sus padres con libertad para hacer lo que quieran, ruido ensordecedor en las calles, móviles pegadas eternamente a la oreja donde se escuchan las más audaces conversaciones y el siempre repetido “Pili, estamos en Zamora”, ya que es importante contar en cada momento por donde se pasa además de una obsesión por buscar un lugar donde llenar la panza hasta rebosar. Como digo, todo el catálogo de situaciones esperpénticas, relaciones confusas y situaciones horteras,  habituales en los meses de calor, aparecen delante de nuestros ojos sin ningún pudor, con descaro y desfachatez. Y todo ello amplificado por las llamadas fiestas populares que facilitan todo este triste espectáculo. Ya no sabe uno donde ocultarse para huir de esta marabunta de mediocridad. Y si por desgracia has ido a refugiarte este fin de semana a Sanabria, te encontrarías con una concentración motera que supera todo lo antes dicho, con el riesgo de ser atropellado en cualquier momento, eso sí, dentro de un espacio natural protegido. Los Ayuntamientos contribuyen a estos tristes espectáculos confundidos en un populismo barato que deja tranquilos a muchos políticos. No nos queda más remedio que el posible refugio en algún lugar normal, cada vez más difícil de encontrar, y a esperar que llegue septiembre.

            Además el consumismo que nos rodea ha permitido encontrar en cada uno su propia personalidad y estilo, en el sentido más superficial que se pueda dar a esas palabras, y muchos la encuentran en llamar la atención como sea, no respetando la intimidad de los demás, incluso haciendo alarde de esa intromisión, casi esperando a que alguien les provoque y les llame la atención para decirte a gritos: “Estamos en un país libre y yo hago lo que quiero”. Contra eso no se puede luchar salvo que te quieras pegar con el energúmeno o energúmena de turno.

           Otro de las características de este estío infernal es la tribu formada por la familia al completo, que funciona como una piña y que ocupa mucho espacio no sólo físico sino acústico. Los niños tratan de acaparar el protagonismo ante sus padres, dando un ejemplo de unión y cariño que es especial en verano. Desde los conocidos papi y mami a gritos hasta contar en voz alta todo lo que ven a su alrededor, hay todo un decálogo de formas para llamar la atención que siempre queda inmortalizado con las clásicas fotos o las llamadas de móvil desde los sitios más inverosímiles. La felicidad es sinónimo de ruido, de uso del móvil, de sentir la familia, de tomar una buena comida y de hacer notar su presencia gremial a todo el mundo. Pura invasión sin ningún respeto a los que están al lado ¡Cuando llegará el invierno! Buenos días y buena suerte.            

Antonio Gallego

 
 
 
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