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El 31 de julio pasado se abrieron al público los jardines y el Castillo de la ciudad. Un proyecto e intervención titánicos -para nuestra escala local- que, al margen de las repercusiones políticas que conllevan, han despertado el interés en masa y han generado profunda admiración por uno de nuestros más singulares edificios históricos, enterrado y relegado hasta ahora a uno de los márgenes de la ciudad. El Castillo ha renacido.
Por su parte, el 18 de junio se inauguraba la adecuación del solar e integración de restos arqueológicos de la Puerta de la Feria. Después de tres años de obras. Éstas consistieron en el derribo del inmueble que ocupaba el solar, la ejecución de una rotonda para regular el tráfico y el adecentamiento de los restos encontrados. La demora complicó sin medida una intervención que no revestía problema alguno. Cara y cruz.
No corresponde comparar intervenciones que no se pueden situar en el mismo nivel ni tienen la misma entidad, pero ambas nos ayudan a repensar los criterios de intervención que estamos siguiendo (o no) en la ciudad.
Conviene hacer memoria. En 1999 la delegación de Zamora del Colegio Oficial de Arquitectos de León presentó el resultado de un concurso de ideas para la ordenación del entorno de la muralla en la Avenida de la Feria. Fueron sus ganadores Joaquín Hernández y Ángel Gallego. El Colegio brindó a la administración pública este proyecto para llevar a cabo la transformación de todo el espacio urbano entre San Martín de Abajo y la Puerta de la Feria, comprendiendo la propia Avenida de la Feria y las plazas de la Puentica y de la Puebla de Sanabria. Se materializaba así una propuesta de intervención ya prevista en el planeamiento urbano de la ciudad nada menos que 13 años antes. El Ayuntamiento regentado por Vázquez no asumió el proyecto. Prefirió ir acometiendo el derribo de los inmuebles adosados exteriormente a la muralla independientemente uno de otro, sin criterio de intervención alguno, limitándose a plantar césped en los solares y colocar algún banco solitario en los casos más generosos, además de la correspondiente placa de inauguración. Otra cuestión diferente es que el ritmo de adquisición de solares sea objetivamente lento. El resultado ha sido una liberación parcial de la muralla, sin continuidad, donde un solar sí y otro no nos permite contemplar la muralla. Más aún, sin coherencia interna entre las distintas intervenciones. Perdimos la oportunidad inexcusable de acometer globalmente la reconversión de una zona de tal importancia histórica y arquitectónica como es este tramo norte de la muralla. Se prefirió actuar a salto de mata antes que intervenir integralmente en la zona.
En cambio, ya en el siglo XVIII se tuvieron bastante claros estos criterios integrales de intervención. En esta misma zona se proyectó la creación de un paseo que prolongara el ajardinamiento de San Martín de Abajo que poco antes se acababa de concluir, dotado de la rotonda de la cuesta del Mercadillo -lo que hoy conocemos como Sillón de la Reina-, la fuente de San Martín –trasladada a la plaza de la Constitución y hoy próxima a su lugar de origen- y el cierre simétrico en la ermita de los Remedios. La prolongación consistiría en conectar la puerta y cuesta del Mercadillo con la puerta de la Feria, culminando el espacio con una idéntica rotonda con jardín en esta última, uniendo ambos extremos por medio de un paseo con negrillos, una de cuyas hileras es hoy la mediana de la Avenida de la Feria. La obra no se terminó y quedó por construir la rotonda de la puerta de la Feria. La inscripción en piedra recolocada en la nueva obra en la Puerta de la Feria hace referencia a ello.
Ésta ha sido la herencia que han recibido los arquitectos que han trabajado en la los restos de la Puerta de la Feria. La administración no facilitó todos estos datos que, sin duda, hubieran enriquecido el planteamiento de soluciones concretas para intervenir en este espacio. Son las consecuencias de no planificar globalmente las actuaciones sobre nuestro patrimonio, dando lugar a que toda esta zona adolezca de una solución integral que permita apreciar la continuidad de la muralla. Se obtienen entonces soluciones inconexas, intentando dignificar autónomamente este extremo de muralla en la Puerta de la Feria, que por sí mismo tiene, si cabe, mayor representatividad, al constituir el flanco actual de la misma en la desaparecida puerta de la muralla con el objetivo de convertirse en entrada privilegiada a la ciudad conforme a los planes de la concejalía de turismo, que pretende hacer de la Puerta de la Feria y la plaza de la Leña la entrada prioritaria al casco histórico, atravesando la puerta de Doña Urraca.
En esta ciudad nuestra de las pérgolas quizá puedan aplicarse algún día criterios de intervención integrales que permitan romper de una vez por todas con esas maneras tan catetas de actuar sobre el patrimonio a salto de mata.
Rafael Ángel García Lozano
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