Buenos días y buena suerte (26-08-09)
 

Cada vez se oyen más voces, unas escritas y otras comentadas, sobre la decepción que ha supuesto el mal llamado museo de Baltasar Lobo en las inmediaciones del Castillo. Como decía en un comentario anterior sobre las actuaciones llevadas a cabo en ese entorno, el ganador ha sido la rehabilitación de las ruinas del Castillo Medieval y el perdedor el proyecto de Museo de Lobo, objeto básico de los fondos europeos. Han pasado dieciséis años desde que murió el escultor y la familia siempre ha desconfiado ante cualquier intento de sustituir el verdadero deseo del escultor, al ceder sus obras y fondos documentales, en un verdadero museo que sirviese para albergar y difundir sus obras. Y así ha sido. Las instalaciones actuales siguen teniendo ese aire de provisionalidad que tenían en la iglesia de San Esteban ya que se ha acometido un movimiento de traslación a un edificio alquilado, con todas las incertidumbres que ello conlleva.

En los dos días que he visitado el castillo y el mal llamado Museo Lobo, era evidente el desequilibrio de visitantes entre uno y otro, con lo cual se ha perdido la oportunidad, salvo que surja alguna iniciativa que lo solucione, de que Zamora cuente con un referente de calidad cultural turística como puede ser el Museo Esteban Vicente en Segovia, el MUSAC en León o el Patio Herreriano en Valladolid. Durante los meses de verano, donde predomina el turismo de masas, éste se dirigirá principalmente al Castillo Medieval, lugar idóneo donde pueden corretear los niños y donde la gente no tiene que hacer demasiados esfuerzos mentales para entender lo que le rodea pero el resto del año dudo que alguien venga ex profeso a ver estas prestigiosas ruinas, cosa que no hubiese ocurrido con un verdadero museo dedicado al prestigioso escultor.

No olvidemos que un verdadero museo de Lobo hubiese supuesto una dinámica cultural importante para la ciudad, al contar con un director y profesionales que le diesen contenido y energía, donde se incluyesen visitas guiadas, actividades didácticas para escolares, exposiciones temporales de escultura, talleres, ciclos de conferencias, información audiovisual, sección de librería relacionada con el artista y el mundo contemporáneo y una difusión continua de la obra de Lobo no sólo en España sino también en el extranjero. Es decir, crear un elemento vivo cultural en la ciudad y en la zona. Todo eso se ha perdido ya que ha quedado en un simulacro de museo, realizado deprisa, sin contar con un asesoramiento cultural mínimo, en un local alquilado a unos precios que ponen los pelos de punta y revisable dentro de cinco años.

Nadie duda de que el trabajo de recuperación arqueológico haya sido correcto y por otro lado inevitable en una fortaleza del siglo XI y nos alegramos de ello pero no dejamos de lamentar lo que hemos perdido y no estamos dispuestos a aceptar la falsedad de que tenemos un verdadero museo de Baltasar Lobo. La ciudad de Zamora no ha cumplido, con esta actuación, el objetivo del escultor de ceder al pueblo de Zamora su obra  para que fuese contemplada en un lugar digno y apropiado. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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