Como casi todos los veranos nos encontramos con un acompañante no deseado: el fuego de nuestros montes que representa el mayor peligro y causa de desaparición de masas forestales en toda España además de poner en riesgo a personas y enseres. Cuando vemos un incendio nos preguntamos, con cierta impotencia, por sus causas y casi siempre nos quedamos sólo con sospechas: que si no están limpios los montes, que son las empresas madereras, urbanizadoras o las mismas que viven del fuego los principales causantes, que los queman los del pueblo para conseguir pastos, que si su origen está en las envidias locales, etcétera.
De principio, conviene no olvidar que el incendio del monte ha estado siempre presente en la vida de los humanos aunque bajo una cultura diferente muy ligada a poblaciones activas en sus entornos pero eso ha cambiado. La Comunidad de Castilla y León es la más extensa de España, con 9,5 millones de Has. y su superficie forestal representa el 50% de total de la región pero desgraciadamente sólo está ocupada por 2,5 millones de habitantes que representan una densidad de 27 h/km2, casi un tercio de la media nacional y muchos de nuestros Ayuntamientos se encuentran en clara regresión económica y humana. Gracias a los medios empleados y a una mejor organización y preparación del personal, poco a poco se ha ido disminuyendo la superficie quemada anualmente aunque el número de incendios anuales permanece prácticamente estable.
Desgraciadamente las provincias situadas al oeste de la Comunidad, León, Zamora y Salamanca, presentan todos los años los peores resultados de la Comunidad, tanto en número de incendios como en superficie quemada. Entre las tres provincias se acumulan el 85% de daños de toda la región. Estos malos resultados se deben principalmente a causas estrictamente socio-culturales, junto a una larga tradición de quemas y a la bajísima rentabilidad de sus montes que hace que la población no se sienta en modo alguna ligada al entorno. Por el contrario, las provincias de Segovia, Soria y Valladolid son las que presentan mejores resultados y en las cuales, prácticamente, no hay incendios. Los daños sufridos entre las tres provincias apenas alcanzan el 3,5% de toda la Comunidad. Ello se debe, en las dos primeras provincias, al estado en producción de sus montes y a la tradición silvícola de su población rural. Hay muchos estudios sobre las motivaciones o causas de los incendios, que pueden diferir por Comunidades o incluso comarcas pero con una conclusión común: exceptuando un 5-10%, debido a causas naturales, el resto, es decir, el 90% de los incendios son debidos a las actuaciones del hombre, por negligencia o intención, que inicia el fuego atribuyéndose su responsabilidad, por este orden, a pastores, ganaderos, agricultores, trabajadores agrícolas o forestales, vecinos desquiciados y excursionistas. Al menos eso es lo que dicen los informes.
El hecho de que el número de incendios permanezca inalterable año tras año hace pensar que es necesario profundizar en el estudio de las causas de los incendios y encauzar prioritariamente la estrategia de prevención a las zonas más directamente afectadas haciéndoles ver las ventajas de conservar sus entornos. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego