Vuelve uno de vacaciones y se encuentra de nuevo como si viviese en dos países distintos: el de los triunfadores, representado por los éxitos deportivos en múltiples disciplinas y el de los perdedores, reflejado en la profunda crisis económica que nos rodea y que causa un gran desgarro a muchas personas y familias. Vivimos dentro de un espejismo de país brutal. Posiblemente tantos triunfos deportivos nos hagan más llevadera la crisis que padecemos.
Y en el medio se encuentra una clase política de nivel más bien bajo, ensimismada en sus propias consignas. En muchos países, ante la situación que nos rodea, los grandes partidos políticos estarían trabajando en conseguir un gran pacto pero aquí se sigue pensando en cómo acaparar el voto inmediato y ello se hace recurriendo a la descalificación del contrario en vez de buscar puntos de encuentro y de colaboración como se hizo en la época de la Transición. Da la impresión de que pretenden jugar con el país a base de grandes dosis de infantilismo en el mensaje y el chascarrillo fácil de los dirigentes políticos y subalternos. Nada de argumentación seria y responsable. El mensaje cuanto más estúpido mejor suena y así nos van las cosas.
La crisis económica está entre nosotros y no se va a marchar fácilmente. Aunque el detonante vino del otro lado del Atlántico, la estructura económica de nuestro país siempre ha dependido en demasía del sector inmobiliario, favorecido en los últimos años por la facilidad de acceder a una financiación rápida y barata tanto por parte de las empresas como por los particulares. Cuando el crédito se ha cortado todo se ha ido al traste perjudicando a otros sectores productivos que nada tenían que ver con lo anterior. El empleo creado por el sector inmobiliario ha sido básicamente temporal, de poca cualificación y muy apoyado en los trabajadores extranjeros. Ahí es donde está el mayor granero de desempleo presente y futuro. El desarrollismo que ha sufrido España, tanto en el litoral como el interior vía el sector inmobiliario, ha destruido parte de nuestro paisaje cultural y ha favorecido la política del pelotazo rápido a costa de lo que sea, muy lejano de la cultura de valoración del esfuerzo, y todo ello favorecido por los políticos a todos los niveles: estatal, autonómico y municipal. Este modelo productivo y estos estereotipos vienen de lejos en España tanto gobernase un partido de derechas como de izquierdas, por ello, no tiene sentido comenzar a echarse la culpa de lo sucedido, ya que ambos son responsables, sino en buscar soluciones para salir lo antes posible de la situación y hacer los cambios estructurales cara al futuro.
Las encuestas confirman que ese es el sentir de muchos españoles pero el autismo en que viven nuestros políticos lo hace imposible a corto plazo. Su único objetivo está en las próximas elecciones ya sean municipales o nacionales. Mientras eso llega, impera la política de la descalificación y meter el dedo en el ojo al contrario. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego