Buenos días y buena suerte (28.10-09) – El Debate Político
 

            Al estadista, en política, se le define como una persona con gran saber y experiencia en los asuntos del Estado. Además debe ejercer un liderazgo moral, garantizando  plenamente la libertad y la dignidad de los ciudadanos sin dejar de satisfacer las exigencias de un equilibrio histórico y de un ejercicio sereno y realista de las responsabilidades que impone el poder. Bajo esta premisa, en estos momentos no existe en España un político que tenga al Estado en su cabeza, ni en la izquierda ni en la derecha. Ni Zapatero ni Rajoy. Es cierto que la dignidad y el prestigio moral de un gobernante no depende sólo de sus actos o de sus gestos personales. Depende, también, de la forma en que la sociedad se acostumbra a percibir y registrar esos actos y esos gestos ejemplarizadores.

            En los momento actuales, donde nuestra nación está inmersa en una profunda crisis económica, basada en un modelo productivo desarrollista, que ha destrozado ciudades, entornos naturales y generado una corrupción subterránea en muchos ayuntamientos, no existe ninguna posibilidad de que los dos grandes partidos, PSOE y PP, se pongan de acuerdo en las medidas a tomar y que gasten sus energías en buscar soluciones comunes y no en estar luchando por encontrar la mejor posición para ganar las próximas elecciones generales. ¿Se imaginan Uds. qué panorama social tan distinto se viviría  en nuestro país si los dos grandes partidos se hubiesen puesto de acuerdo  en la forma de luchar contra la crisis y tratar de salir de ella lo antes posible? Seguro que durante bastante tiempo tendríamos alta tasa de paro y el crecimiento económico sería negativo pero la sensación de que todos juntos estábamos trabajando en la misma dirección nos daría mayor serenidad y fuerza cara al futuro.

            Sin embargo, hoy la sociedad española se encuentra atónita contemplando cómo los diferentes partidos políticos presentes en el Parlamento y, de un modo significativo, el gobierno y la oposición, están enfrascados en una lucha partidista, desautorizándose de manera permanente, sin atender ni promover las iniciativas y acciones que demanda la sociedad para resolver la difícil situación económica y social a la que nos enfrentamos. Estamos ante un continuo debate político prebélico, que usa la simpleza en el razonamiento, buscando la descalificación del adversario y la exageración en el mensaje. Las ideologías y los sectarismos dominan el actual debate político cerrando todas las posibilidades al diálogo. Y este clima se traslada desde la punta de la pirámide a toda la base institucional: Comunidades Autonómicas y Ayuntamientos.

            Por eso la sociedad civil debe de expresar su opinión y exigir a los responsables políticos que abandonen sus particulares intereses y se dediquen a aquello para lo que se presentaron y fueron elegidos, que no es otra cosa que trabajar por el país. Y si no lo hacen debemos repudiarlos y llegado el momento electoral abstenernos para que reciban un mensaje inequívoco de nuestro rechazo. Buenos días y buena suerte.

Antonio Gallego

 
 
 
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