Acaba de estrenar la Federación de Vecinos de la ciudad (FAVE) un nuevo presidente en la figura de Jesús de la Concepción. Tanto él como la otra candidata presentada son personas bastante jóvenes en comparación con los dos últimos presidentes con los que ha contado la Federación; esta condición no es en sí mismo una virtud que garantice nada pero indica que al menos algo se ha movido en las distintas asociaciones de la ciudad. El tiempo nos dirá si ha servido para algo.
Desde hace tiempo la FAVE de Zamora está bastante desacreditada porque no ha sabido encontrar su propio espacio frente al poder político municipal y por la propia crisis interna de su modelo, muy reduccionista, sin integrar a todos los colectivos que reflejan la realidad social de un barrio, sin apenas recambio generacional y con un modelo de financiación de sus actividades ligado casi en exclusiva a lo que le da el Ayuntamiento. El barrio es sólo una parte de la ciudad y me parece bien que cada asociación lo defienda, que evalúe sus necesidades y luche por solucionarlas pero no deben de olvidar que existen otras reivindicaciones que son para toda la ciudad, de todos los ciudadanos y de colectivos variados, que también deberían apoyar y no verlas como un peligro que amenace su pequeña cuota de poder de barrio, a veces más bien caciquil, y sobre todo del miedo a peder las subvenciones que ahora las mantienen. Entiendo que el movimiento vecinal debería ir de la mano con otros movimientos, dialogar con ellos, ser capaz de establecer alianzas que nos fortalezcan a todos como vecinos y ciudadanos.
Personalmente me ha resultado penoso comprobar como la FAVE ha estado ausente en todo el debate que se ha abierto en esta ciudad sobre el PGOU, que es el documento que planifica la ciudad presente y futura. Es algo que afecta a la base de su función, como vecinos y ciudadanos. Lo más que son capaces de hacer es inventario de aceras rotas, jardines en mal estado y falta de iluminación en algunas calles de su barrio, pero ¿Qué pasa con la ciudad, su modelo cara al futuro?
Otro tema vergonzoso ha sido su oposición a que la ciudad pueda contar con algún Centro Cívico como ocurre en muchas ciudades españolas. Las razones de esta oposición nunca las han explicado con claridad, se limitan a decir que Zamora no los necesita, sin más. De nuevo demuestran que no son capaces de pensar en clave de ciudad sino sólo en su parcela de barrio además de que tratan de mantener sus privilegios locales y no quieren que se gasten otros dineros en servicios públicos para todos, no sea que les quitan las subvenciones con las que celebran sus manualidades. Algún presidente de barrio, aún en activo, se atrevió a decir en su día que una biblioteca, parte importante de un Centro Cívico, la montaba él en una sala de menos de 100 metros cuadrados con los libros se le regalasen en la Diputación y los que le sobraban a los vecinos en sus casas. Visión más reduccionista del servicio a la ciudad, imposible de encontrar. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego