De nuevo en esta vieja iglesia católica española resuenan declaraciones con aire medieval, de excomunión o privación de derechos a aquellos que no sigan las recomendaciones de sus pastores, ya sea de monseñor Rouco Varela o de su escudero Juan Antonio Martínez Camino. Se señala con el dedo a los hombre públicos que osen votar a favor de la reforma de la Ley del Aborto propuesta por los hijos del averno, que en la teología católica significa infierno, una de las cuatro postrimerías del hombre, que ya no es ese lugar lleno de llamas y de diablos con tridente, sino un estado de sufrimiento eterno.
Si esto les puede ocurrir a los representantes de los poderes públicos no te digo lo que les sucederá a aquellos católicos que lo practiquen. Cometerán pecado mortal y serán privados de todos los privilegios que la iglesia católica concede a las buenas ovejas que siguen las recomendaciones de sus pastores. De eso es de lo que se trata, de seguir siendo ovejas para mantener pastores.
Todo este lenguaje y actitudes me trae a la cabeza aquellas borrosas imágenes de pequeño, cuando la ciudad se volvía medieval y oscura con la llegada de los frailes para la celebración de las misiones o cuando el padre Patrick Peyton organizaba sus campañas para rezar en familia el rosario diariamente o los ejercicios espirituales que se celebraban obligatoriamente en los colegios, donde uno terminaba literalmente cagado de miedo. Y así continuaron las cosas durante tantos años, con un dictador como gobernante y con una iglesia sumisa a su poder, que incluso cedió el lugar reservado a su dios bajo palio para que lo ocupase el dictador ¡Cuantos abandonamos la iglesia católica por todo aquello!
Los que tenemos ya algunos años sabemos que la iglesia católica española prefiere tener siervos en lugar de ciudadanos libres que puedan compatibilizar sus creencias religiosas dentro de una sociedad civil moderna, compleja, donde hay que buscar equilibrios entre las realidades sociales que nos rodean y las creencias religiosas. No todo es tan simple y tan cierto como algunos tratan de venderlo. Como al parecer le dijo un prelado al Presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, después de pronunciar una conferencia en Barcelona: “algún colega mío prefiere a Bono como ateo que como cristiano discrepante”. También han resultado muy esclarecedoras las palabras de Bono cuando afirma que “no puedo olvidar los muchos crímenes de Pinochet a la vez que recuerdo a este mismo asesino tomando la comunión”. Con todo lo que le está cayendo a esta iglesia católica tanto dentro como fuera de España, podrían aplicarse a sí mismo algunas de las cosas que con tanta facilidad piden a los demás. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego