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Es
posible cambiar la dinámica económica de esta
provincia. Es difícil, pero no es imposible. Todo es
ponerse. Zamora tiene actualmente tres problemas estructurales,
sobre los cuales, gravitan en gran medida todos los demás:
1.- Zamora no puede mantener su Estado de Bienestar. Tenemos
casi la misma población jubilada que población
ocupada. Teniendo en cuenta que las pensiones se pagan con
el IRPF, sí podemos decir que los zamoranos tienen
motivos para estar eminentemente preocupados. Problema del
empleo. Necesitamos más de 50.000 empleos en Zamora
para ser autosuficientes a la hora de pagar las pensiones
zamoranas.
2.- Zamora demográficamente está hipotecada.
Necesitamos 2,2 puestos de trabajo por cada pensionista. Pues
bien, aunque Zamora tuviera todos estos puestos de trabajo
(que no los tiene), con sus actuales recursos humanos no los
podría ocupar. Problema de la inmigración.
3.- Zamora sigue siendo Objetivo 1 en la Unión Europea
de los veinticinco. Nuestra renta a duras penas llega al 71%
de la renta media de la Europa ampliada. Si Zamora no consigue
seguir siendo Objetivo 1, lo que nos estamos jugando son cientos
de millones de euros al año, y sin euros no hay inversión,
y sin inversión no hay empleos. Problema de la financiación.
Si no empatizamos estos tres problemas, lo que viene a continuación
no se entenderá en su justa medida. No existe una provincia
en el Estado español que posea conjuntamente las tres
características mencionadas anteriormente. Pero estos
tres problemas se reducen a uno: la necesidad de crear empleo.
Según mis cálculos, dentro de 150 años
Zamora quedará vacía demográficamente,
de permanecer constante todas las variables socioeconómicas
que actualmente tenemos. A lo sumo quedarán unas 20.000
personas para seguir manteniendo viva la provincia administrativamente
hablando. Propuestas:
1.- Creación de una Fundación Pública
o Semipública, con una doble finalidad: el desarrollo
económico y el empleo. Esta Fundación tiene
que ir dotada con mínimo con mil millones de euros.
La Fundación tiene que tener como finalidad la creación
de pequeñas y medianas empresas en los núcleos
intermedios de la provincia. Su objetivo, la creación
de unos 15.000 puestos de trabajo, directos e inducidos. Algunos
lectores se estarán preguntando de donde sale este
dinero. Pues del Estado, de la Junta, de la Unión Europea,
de la Diputación, de las Cajas de Ahorro, e inclusive
de instituciones financieras privadas, todas las instituciones
anteriormente mencionadas dan para eso y para mucho más.
Esta Fundación, aparte de lo anteriormente expuesto,
tiene que producir sinergias económicas en toda la
provincia, pero sobre todo tiene que producir cultura empresarial.
Pongo un ejemplo. Supongamos que un ciudadano/a va a la Fundación
con un proyecto para crear una empresa, y lo primero que hace
la Fundación es pedirle sus avales económicos.
Esta es la antítesis de lo que debe ocurrir. La Fundación
lo que tiene que hacer es estudiar la viabilidad del proyecto,
la fiabilidad y la ética empresarial de la persona
que lo presenta, su profesionalidad, su formación,
su trabajo, pero la Fundación tiene que asumir riesgos,
como actividad empresarial que es. Quiero decir, que en Zamora
no se frustre ningún proyecto empresarial que sea factible
por falta de recursos. Por supuesto no me estoy refiriendo
a ninguna subvención, que es lo opuesto a la cultura
empresarial. La empresarialidad por la que abogo se debe basar
en el trabajo, en el tesón y en el talento. En Zamora,
uno de los debates sociales pendientes es el de la empresarialidad.
2.- Un cambio radical en la Diputación de Zamora. La
nueva Diputación tiene que tener dos principios: desconcentración
y descentralización, tanto en recursos humanos como
en los financieros. Expresado en otros términos, la
Diputación tiene que generar una red de información,
de asesoramiento en los municipios intermedios, a través
de los funcionarios que sirva para canalizar las actividades
de empleo, de formación, de iniciativas empresariales,
pero sobre todo en áreas de formación, de gestión,
de producción, de comercialización, etc. Es
decir, el objetivo fundamental de la Diputación es
el empleo; lo demás es secundario. Los agoreros, los
conservadores me dirán que esto es imposible, y ¿cómo
lo saben ellos, si nunca se ha hecho?
3.- El sector primario. En relación a este sector,
expongamos algunos indicadores para situar el problema. El
40% como media de las rentas de las familias de los agricultores
actualmente provienen de las subvenciones. Entre los años
2007 y 2013 estas subvenciones van a desaparecer. En estos
años se dejarán de cultivar unas 25.000 hectáreas
en Zamora y unos 500 agricultores habrán dejado de
cotizar a la Seguridad Social. En Zamora, por cada dos agricultores
que se jubilan a duras penas se incorpora uno. Como la Administración
es consciente de todo esto, y por cierto, no ha hecho absolutamente
nada para remediarlo, se le ha ocurrido que la alternativa
al mundo rural está en el turismo, en el medio ambiente,
en el patrimonio, etc. Cosa que está muy bien, pero
visto lo visto tengo la impresión de que esto da para
muy poco en Zamora. Por cierto, los zamoranos cuando hablan
del mundo rural siempre se refieren al sector primario y al
sector terciario, nunca hablan del sector secundario. Nunca
lo he entendido, y las pocas veces que lo hacen, siempre se
refieren a la industria agroalimentaria, como si las demás
ramas productivas fueran incompatibles con ese medio. Mi alternativa
está en generar 100 cooperativas en cada comarca de
la provincia de Zamora, ya sean éstas de producción,
de transformación o de comercialización. Si
éstas no se realizan con capital privado, que se realicen
con capital público. Existe un principio que dice que
donde no llega el capital ni la iniciativa privada tiene que
llegar el capital y la iniciativa pública. Ante la
ausencia de iniciativas empresariales privadas en el mundo
rural, las Cooperativas pueden ser las que fomenten puestos
de trabajo, elementos imprescindibles para paliar la despoblación.
Debemos acabar con un cáncer zamorano, el no fiarse
los uno de los otros. 4.- Natalidad y envejecimiento. Existe
un discurso en Zamora, por cierto muy ideológico, que
es echar la culpa de los males zamoranos a la escasa natalidad
y al envejecimiento. Para empezar Zamora pierde población
por dos vías: 1.- Porque tiene un crecimiento vegetativo
negativo. 2.- Porque seguimos expulsando población,
fundamentalmente jóvenes. Ante esto, la única
alternativa que se les ha ocurrido es una política
pronatalista, basada en subvenciones, para que la mujer tenga
más hijos. Lo máximo que se consigue con esta
política es mantener el número de hijos por
mujer, y con mucho esfuerzo, casi como si fuera un milagro,
incrementarla entre 0,2 y 0,4 puntos, y pare usted de contar.
Pero los pronatalistas, erre que erre, empeñados en
que las mujeres zamoranas pasen más veces por el paritorio.
La alternativa no está en que las mujeres tengan más
hijos, porque no los van a tener. La alternativa es que haya
más mujeres, y así tendremos más hijos.
Por esta razón no me logro explicar, por ejemplo, como
los Leader y los Proder que tienen como objetivo el desarrollo
rural, no han tenido como fin, yo diría como único
objetivo, la mujer rural. Expresado en otros términos,
es necesaria la empresarialidad de la mujer rural como instrumento
de desarrollo en este medio. Todavía estamos a tiempo.
5.- Repoblar la provincia. Zamora ha sido una provincia emigratoria.
Como consecuencia de esta diáspora, ahora reflexionamos
sobre la posibilidad de repoblar Zamora con la inmigración.
La Diputación debería reflexionar sobre esta
alternativa. Muchos municipios de esta provincia estarían
dispuestos a acoger inmigrantes. Sus habitantes son conscientes
que sin una inmigración sus pueblos tienen muy pocas
posibilidades de sobrevivir. Si hiciéramos un experimento
social con 50 pueblos zamoranos que ofertaran puestos de trabajo,
estoy seguro que las llamadas telefónicas desbordarían
las previsiones más optimistas. Una vez más,
elaborar políticas innovadoras, aunque generen grados
de incertidumbre, es el reto de los zamoranos. La inmigración
que defiendo para Zamora debe ser planificada, de tal manera
que podamos ir resolviendo los problemas que vayan surgiendo,
porque lógicamente los conflictos van a existir. Zamora
tiene que debatir sobre qué clase de inmigración
quiere: si los que vengan sean ciudadanos de los países
del Este europeo, si los queremos latinoamericanos, si los
queremos africanos, etc. Y en qué porcentaje cada uno
de ellos. La oferta de inmigrantes puede ser beneficiosa para
todos: como carecemos de mano de obra, sobre todo en el sector
agrario, podemos repoblar nuestros pueblos con estos ciudadanos
y así seguir conservando la calidad de nuestro territorio,
nuestro patrimonio. Una repoblación con inmigrantes
tiene que ir correlacionada con ayudas institucionales, con
una oferta de suelo gratuito, con la construcción de
viviendas sociales, con becas para los estudios de sus hijos.
Pero también tenemos que ofertar tierras para poder
trabajar, y aquí las alternativas son muchas, desde
la aparcería, el arrendamiento, los bienes comunales,
la generación de cooperativas, etc. Zamora puede asumir
perfectamente unos 15.000 inmigrantes. Todo lo anteriormente
expuesto es condición necesaria pero no suficiente
para que se inicie un proceso de desarrollo y de modernización
en Zamora. La suficiencia estriba en que los zamoranos deben
enterrar la cultura del resentimiento, la cultura del pesimismo,
la cultura de la resignación. Me duele Zamora y me
duele porque a esta provincia la entretienen sus clases dirigentes.
Alfredo
Hernández es catedrático de Sociología
de la Universidad de Valladolid.
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