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Si
la respuesta de las instituciones ante conflictos que inciden
directamente en la salud pública, indica hasta que
punto la autoridad sanitaria existe, (y se ejerce adecuadamente),
deberíamos afirmar que, entre nosotros, es evidente
una peligrosa crisis en el ejercicio de la autoridad sanitaria.
Y como muestra de que, efectivamente, esta crisis es una realidad,
solo hay que analizar lo sucedido en las ultimas semanas en
torno a dos conflictos de salud pública que han sido
ampliamente tratados en los medios de comunicación
a lo largo y ancho de Castilla y León: el brote de
intoxicación alimentaria ocurrido en una Residencia
de la tercera edad de Paredes de Nava, (Palencia), en la que
se ha producido el fallecimiento de cuatro residentes, y la
denuncia efectuada por diferentes colectivos vecinales en
Santa Marta de Tormes y de Salamanca, apoyados por la plataforma
del Colegio García Quintana de Valladolid, en relación
con la supuesta aparición de casos de cáncer
y de otras patologías en la proximidades de antenas
de telefonía móvil. El análisis de la
intervención institucional en ambos conflictos evidencia
errores de fondo y de forma, que sería conveniente
corregir cuanto antes. ¿Qué es lo que está
fallando en la gestión de las crisis y conflictos de
salud pública para que, pese a disponer de buenos epidemiólogos,
de buenos laboratorios y de buenos sanitarios en los Servicios
Provinciales de Sanidad se transmita tan mal a la opinión
pública el trabajo de estos profesionales ante situaciones
como las que recientemente hemos vivido? ¿Por qué
desde la dirección política regional y provincial
de los servicios de salud pública se impide que los
dictámenes e informes técnicos lleguen a conocerse
en tiempo y forma por los ciudadanos? ¿Qué se
puede hacer para superar la desconfianza que el pasotismo
y la lejanía de los responsables sanitarios está
generando en la gente?
Digámoslo bien claro: los responsables políticos
de los servicios de salud pública han gestionado mal
estas crisis, (y otras anteriores como los denominados casos
"aislados" de legionelosis), porque, torpemente,
han decidido ocultar información a los órganos
colegiados establecidos para informar a los ayuntamientos,
diputaciones, entidades ciudadanas, sindicatos y empresarios.
Órganos colegiados que, conviene recordar, no son otros
que los Consejos de Salud de Zona y los inéditos Consejos
de Salud de Área. Ante este tipo de crisis se han consolidado
rutinas de ocultación que revelan viejos tícs
autoritarios, y una manifiesta falta de liderazgo a la hora
de explicar a los ciudadanos lo que ocurre en esos peculiares
momentos en los que saltan las alarmas sanitarias. Son ya
conocidas las lapidarias frases que se repiten ante cualquier
crisis de salud pública: "Para que no se alarme
la gente cuanta menos información se haga pública
mejor" o "¿Para que vamos a convocar el Consejo
de salud?". Pero en una sociedad tan abierta y permeable
como la nuestra, los efectos de estrategias informativas basadas
en la ocultación a la hora de abordar conflictos tan
sensibles para la gente como son los que afectan a la salud
pública, con frecuencia, se vuelven contra quienes
las practican.
Porque no tiene ningún sentido que se debata en un
Pleno Municipal el brote de intoxicación de Paredes
de Nava, como de hecho ha sucedido, y que, por parte de las
instancias políticas de la Junta, se eluda la convocatoria
del Consejo de Salud de Área, para dar a conocer las
conclusiones del informe elaborado al respecto por las unidades
de epidemiología y de higiene de los alimentos. Lo
que tiene que dictaminar el juzgado es una cosa, y lo que,
ante cuatro muertes, deben explicar a la población
los servicios de salud pública en los órganos
colegiados establecidos para ello, (los consejos de salud
de área), es otra bien distinta. Y, la verdad, resulta
entre caótico y patético constatar, como pude
hacerlo el pasado lunes día 25 en Santa Marta de Tormes,
cómo los vecinos andan haciendo encuestas, piso por
piso, para demostrar que la incidencia de casos de cáncer
y otras patologías se relacionan con la proximidad
de las antenas de telefonía móvil, sin que por
parte de la autoridad sanitaria se haya dicho esta boca es
la mía. Y que conste, que no afirmo que exista en Santa
Marta un problema de incremento de los casos de cáncer
relacionados con la proximidad a las antenas de telefonía
móvil. Me limito a afirmar que la autoridad sanitaria
debería decir si existe, o no, un anormal incremento
de casos de cáncer y por lo tanto si existe un problema
de salud pública. Me limito a sugerir que se debería
solicitar la valoración de los datos existentes por
parte de los servicios de epidemiología para que, en
base a ellos, la autoridad sanitaria se pronuncie en uno u
otro sentido. Es conflictivo y nada agradable hacerlo, pero
parece claro que corresponde a quien debe ejercer la autoridad
hacerse presente y pronunciarse para decir si existe, o no
existe, un problema de salud pública en Santa Marta,
en Zamora, en Valladolid, en Burgos, en Salamanca
etc.
con las antenas de telefonía móvil.
Acaba de afirmar el presidente Herrera, a raíz del
último retoque en el gobierno regional, que se propone
cambiar la política informativa de su gobierno buscando
la mayor proximidad con la ciudadanía. Pues bien, Sr.
Presidente, créame que tiene usted tarea por delante
si de verdad se plantea, (y no quiero dudarlo), acabar con
la modorra que se ha instalado en muchas de las oficinas sanitarias
de la Junta donde raramente la autoridad da la cara para informar
a los ciudadanos en los órganos colegiados establecidos
para ello.
Conociendo el percal no sé, la verdad, si le van a
hacer caso Sr. Presidente
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José María Francia Viña
(Publicado en La Opinión El Correo de Zamora)
30
de Octubre de 2004
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