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Todo
interrogante contiene un fondo de sospecha. Pero busquemos
en la pregunta, que deberíamos repetirnos una y otra
vez, el intento de acercarnos a la realidad urbana. Como
nos ha sido trasmitida, nos hemos acostumbrado a tenerla
inconscientemente o a soportarla de forma pasiva. Lo cierto
es que vivimos a cuenta de las sucesivas respuestas que
fueron dando nuestros antepasados, a los retos que han ido
apareciendo en la ciudad a lo largo de la Historia. Se entiende
que los más recientes son las que han impreso su
huella más reconocible y con la que nos identificamos
en esta ciudad en que nos ha tocado vivir.
En la situación actual, cambia la forma del crecimiento
y se desbordan las líneas rectoras que planeaba la
ciudad del XIX. Hasta entonces, las decisiones se iban madurando
lentamente hasta lograr un consenso que promovían
los sucesivos grupos de poder, la monarquía, la nobleza,
la nueva burguesía y otros grupos de presión
social. Hoy también hay grupos que lideran los cambios
ligados al poder político, al dinero, a grupos sociales
que reúnen ambas cosas, y por fin, a los ciudadanos
que pretenden hacerse oír y que procuran de que sus
razones encajen en el discurso político. Tarea nada
fácil, porque las reivindicaciones de los ciudadanos
son difíciles de aglutinar y de concretarse frente
los grupos de presión con los que tendrá que
competir. Estos grupos sí que conocen sus objetivos,
que se han encargado de madurar y perfeccionar generación
tras generación. Este reparto de papeles tan desigual,
se hace más evidente en el plano temporal. La iniciativa
la llevan los que pueden ejercer su poder de manera inmediata
y sus objetivos, generalmente, son a corto plazo, mientras
que al resto de ciudadanos les queda el recurso de proponer
una propuesta alternativa y que, generalmente, está
asociada a un objetivo a más largo plazo y beneficiosa
para toda la ciudad. Conjugar los dos planos de intereses
y dar satisfacción a ambas, es la culminación
que busca todo buen político.
El ejemplo más cercanos de la dualidad de las posiciones
expuestas las tenemos en el caso de la ubicación
del nuevo puente, asunto que está puesto en el plano
de la actualidad más candente en toda la ciudad.
El Ayuntamiento parece que quiere facilitar el acceso a
la ciudad en determinada zona de la otra orilla y, por tanto,
potenciar su crecimiento con la consiguiente expansión
inmobiliaria. Ello sería a costa de seguir presionando
con mayor carga de tráfico sobre un cinturón
de ronda, que en la actualidad es claramente insuficiente,
y que el nuevo puente, en la situación de entrepuentes,
agravaría. Los vecinos y sus asociaciones esgrimen
razones que se basan en argumentos de tipo más global,
como la carga de tráfico inducido, el impacto de
las infraestructuras sobre los espacios de enlaces con las
vías existentes y también de legibilidad paisajística,
pues un puente con tráfico rodado se contradice con
el hecho de que vaya a acometer frontalmente a la ciudad
por su parte más abrupta y busque el posible acceso,
a través del recorrido de este cinturón descrito.
Todo lo expuesto nos pone en una situación inédita,
pues por primera vez estamos ante una coyuntura que no ha
sido marcada por la vía de los hechos consumados
y la opinión popular ha tenido la oportunidad de
movilizarse por otra solución, que está avalada
por catorce mil firmas, en contra de la tesis del Ayuntamiento.
Es una espera tensa en la que se han aportado razones, que
unidas a la opinión de la mayoría, hayan hecho
reflexionar al Ayuntamiento y que se incline a abandonar
la solución situada en entre-puentes.
Otro caso en que la sucesión de los acontecimientos
puede imponer las sin razón de los hechos consumados
y por ello, un empobrecimiento de la realidad, es el que
puede originare con la construcción de los nuevos
edificios en el entorno de la Catedral, uno de carácter
institucional, el del Consejo Consultivo, y el otro, el
del fututo museo de Baltasar Lobo en el Castillo.
Parecería que las actividades generadas en ambos
edificios podrían ser un paliativo y, que por lo
menos, contagiasen algo de su actividad a estos espacios
urbanos. Pero existe la sospecha que el ambiente mortecino
que impera hoy día en la zona pueda trasmitirse a
los edificios en proyecto. En el caso del edificio institucional,
esta limitación sobrevenida no sería grave,
porque la actividad administrativa se hace de puertas adentro,
pero un museo, sin proyección exterior, puede convertir
el objeto de cultura en una cosa alejada y perteneciente
a un mundo no accesible para la mayor parte de los ciudadanos.
Todavía es el momento de tomar la iniciativa para
que la promoción de estos edificios no se reduzca
a situarlos sobre un suelo que adolece de importante déficit.
Su apariencia trasmite la sensación de un espacio
congelado, ajeno a cualquier actividad, y que ha quedado
fuera, que no cuenta para nada en el intercambio de razones,
bienes e impulsos que hacen que se siga sintiendo viva una
ciudad.
Por todo ello, se necesita un esfuerzo que asegure el éxito
de estas nuevas actividades y nazcan otras, que sirvan para
dar el empujón que necesita la zona y recuperar el
brillo que tuvo en el lejano pasado. Debería ser
el poder político el motor para impulsar los cambios
y de hacer llegar a la opinión pública de
qué modo, presente y pasado, se beneficiasen mutuamente.
Los ejemplos de actuaciones emblemáticas en zonas
antiguas se multiplican en toda España. Hay mucho
de donde aprender.
¡Cómo a partir de cierto momento se puede cambiar
la mirada, después de tantos años de ver siempre
lo mismo y adivinar las posibilidades para que renazcan
las viejas piedras. ! Las viejas ciudades se resisten a
desaparecer, todavía son el modelo más válido
frente a las propuestas modernas que solemos ver. Así
se ven actuaciones recientes en cascos antiguos en Pamplona,
en Teruel, y de hace unos años en Lérida y
también en Bilbao en donde, juntamente con la construcción
del Guggenheim, se transformó toda una zona de desguace
industrial en el espacio más significativo de la
ciudad.
Pues aquí, en Zamora, en el Castillo, disponemos
de un espacio urbano pleno de posibilidades y que está
esperando ya hace muchos años a que se hagan realidad.
¿Qué objetivos debería cubrir toda
actuación en la zona del Castillo? Se deberían
cumplir los siguientes:
Se trataría de resolver el acceso y aparcamiento
de vehículos sin seguir cargando con más tráfico
rodado una red de calles no apropiadas para ello.
Se deberá liquidar el fondo de saco en que se encuentra
la zona, abriendo los accesos hacia el barrio de Olivares
y de conexión con los itinerarios peatonales de la
ribera
Se debería cambiar el carácter de un parque,
hoy día sin pulso y con una vegetación centenaria,
que por paradoja presenta las mismas características
de decaimiento. Habría que convertir el parque en
un espacio de mayor carácter urbano, capaz de soportar
un uso más intenso, de un atractivo para los ciudadanos
Y habría que pensar los distintos usos complementarios
que aspiran a figurar en esa zona, tales como el Museo de
Tapices, conservatorio musical, dotaciones necesarias para
atender el turismo como hostelería, pequeño
comercio y distintas actividades de entretenimiento, que
promovidas aisladamente, no han podido cuajar en tiempos
recientes.
¿Sería capaz esta ciudad de entender que la
recuperación de este espacio urbano tan privilegiado
llevaría consigo no sólo el éxito de
las actividades culturales previstas sino también
el ser un centro de atracción preferente en la vida
de la ciudad?
¿Sería posible que el Ayuntamiento fuese capaz
de reunir con su capacidad de gestión, el esfuerzo
para juntar las distintas inversiones públicas y
privadas necesarias y comprometer a los empresarios capaces
de implicarse en el proyecto y de asegurar su rentabilidad
social y su viabilidad económica. ?
El esfuerzo por sacar adelante un proyecto, con tantos medios
y personas implicados, sí que elevaría la
talla de las actuaciones urbanísticas en nuestra
ciudad y contribuiría a atenuar los contrastes actuales
existentes entre la vieja y la nueva ciudad.
Antonio
Viloria - Arquitecto
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 30 de marzo de 2005
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