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Algunos,
hace tiempo, mucho tiempo, que hemos perdido definitivamente
la Fe en cualquier plan que proclame que va a sacar a Zamora,
Salamanca y a Castilla y León de la pobreza, el olvido
y la marginación. Desde los informes sociológicos
FOESSA (aquellos tochos editados en papel Biblia en los
que descubrimos hace ya 40 años que éramos
pobres, pocos, dispersos y viejos), hasta los recientes
informes presentados por expertos en las Cortes de Castilla
y León, hemos conocido demasiados planes, informes
y propuestas que no han servido para nada. Demasiadas experiencias
frustradas para que ahora nos vayamos a creer que se van
a superar todas las desigualdades y, que corriendo por el
mundo los aires que corren, se vaya a imponer por fin entre
nosotros la lógica de las necesidades sociales sobre
la implacable lógica del beneficio que ha caracterizado
el modelo de desarrollo y progreso que hemos vivido. En
el fondo los anunciados planes contra la despoblación
intentan fabricar a medida de nuestra frustración
una realidad y, como bien advierte en sus sermones Agustín
García Calvo, un tramposo y engañoso futuro
en torno al cual intentan desmovilizarnos una vez más.
Me cuesta creer que Castilla y León vaya a ser finalmente
repoblada por 350.000 inmigrantes que siguiendo las previsiones
de sociólogos y demógrafos lograrán,
por fin, que nuestro crecimiento vegetativo se equilibre
incrementando las tasas de natalidad. Y más me cuesta
creer aún que miles de funcionarios se van a desplazar
desde Zamora y Salamanca capital al medio rural, (pongamos
por caso, a cabeceras de comarca como Puebla de Sanabria,
Bermillo de Sayago o Ciudad Rodrigo). ¿Pero de qué
nos hablan?. Digan lo que digan desde el PP y desde el PSOE,
desde Madrid o desde Valladolid la verdad es que caminamos
en dirección contraria al futuro que se nos anuncia.
¿Qué ha sido si no del pacto local que iba
a dotar a los ayuntamientos de más servicios, competencias
y recursos?. ¿En que se han quedado los procesos
de comarcalización gracias a los cuales se pretendía
acercar los servicios sanitarios a la población rural?.
¿Cuáles han sido los resultados del primero
y del segundo Plan Sociosanitario, de los Planes Regionales
de Salud o del desarrollo de las Directrices Regionales
de Ordenación del Territorio que impulso Jose Luis
González Vallvé?. ¿Qué hay de
la coordinación entre los servicios de salud pública
y los de medio ambiente, tan importante como garantía
de un desarrollo sostenible?. ¿Cuál va a ser
la participación de la gente en la construcción
de su propio futuro sanitario si no se convocan los consejos
de salud?. ¿Qué ha pasado con el Plan Oeste?.
Demasiadas preguntas sin respuesta.
Porque la verdad es que en Castilla y León, brillan
por su ausencia las políticas y las acciones que
sería necesario poner en práctica, no solo
para corregir la despoblación, sino para poder atender
con dignidad a quienes han decidido permanecer hasta el
final en esta tierra. Basta con efectuar un somero inventario
de los resultados de algunas políticas para darse
cuenta de que esto es así. En el terreno que mejor
conozco, es un hecho incontestable que los servicios sanitarios
se acantonan en las capitales de provincias, sin que nadie
se atreva a mover en serio recursos, tecnología y
organización hacía el medio rural. Seguimos
esperando la creación de nuevas estructuras comarcales
que acerquen de verdad los servicios sanitarios a la gente.
No solo no existen planes para cambiar con decisión
el modelo de distribución territorial de los servicios
de salud, (cambio indispensable para luchar contra la despoblación
y sus efectos en el terreno sanitario), sino que en nuestra
región, la agenda sanitaria del siglo XXI para nada
ha tenido en cuenta hasta ahora la despoblación y
el envejecimiento como autenticas prioridades. Ahí
está nuestro déficit en camas de media y larga
estancia como una muestra sangrante de nuestras carencias.
En otro orden de cosas por ninguna parte se atisba que las
regiones o comarcas más pobres y despobladas vayan
a ser precisamente discriminadas en positivo, en los proyectos
de financiación sanitaria estatal que se están
poniendo encima de las mesas de Madrid o Valladolid. Como
bien conocen la gente de Benavente, de Ciudad Rodrigo y
el ministro Solbes, se atisba más bien todo lo contrario.
Asistimos al desarrollo en nuestra región de un sistema
sanitario anticuado, uniformizado, autoritario, capitalino,
burocratizado y corporativo, con muy poco margen para la
innovación organizativa que reclaman los fenómenos
de la despoblación y el envejecimiento. Un sistema
en el que, como si el envejecimiento o la dispersión
de la población tan cacareados solo existiesen en
los discursos que se pronuncian en las Cortes, los servicios
sociales van por un lado y los sanitarios por otro. Un sistema
en el que el progreso en salud es equivalente a más
tecnología, a más de lo mismo, sin mayores
matices. Una sanidad en la que los servicios de salud pública
sigue anclados en vetustos y sectoriales esquemas de funcionamiento
impermeables a cualquier relación con otras instituciones
y sectores claves para la salud cómo son los de medio
ambiente, los de agricultura y ganadería, los de
consumo, los ayuntamientos, las mancomunidades...etc. Y
sobre todo un sistema sanitario rígido, centralizado,
politizado y caciqueado hasta decir basta, en el que el
único instrumento de planificación provincial,
que podría abordar desde la proximidad el envejecimiento
y la despoblación (los planes de salud de área),
lleva un retraso de 25 años. No se conoce todavía
el desarrollo de ningún plan de salud de área
(provincia en nuestro caso), pese a que dichos planes se
contemplan ya en la Ley General de Sanidad de 1987 y en
la Ley de Ordenación del Sistema Sanitario de Castilla
y León de 1993.
Y luego le dice mi buen amigo Valentín Cabero a Iñaki
Gabilondo que la causa de la despoblación de Castilla
y León está en "la falta de confianza
y autoestima de la gente para con su región".
¿Se trata de una causa o de una consecuencia?, un
matiz importante, colega. Insisto, perdamos la Fe como nos
propone Agustín García Calvo y luego ya veremos
José
María Francia Viña
Zamora, marzo de 2005.
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