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El escritor y profesor zamorano cree que esa literatura
"no es necesariamente la visible" y sus grandes
nombres no figuran en los cánones.
Hay, aunque no lo parezca, una "escritura desobediente
-siempre ha existido- en Castilla y León". Lo
dijo ayer Tomás Sánchez Santiago, escritor
y profesor de Literatura, en la Biblioteca Pública
de Zamora, en la apertura del ciclo "También
otra expresión", que organiza el Foro Ciudadano.
"No tiene nada que ver con lo complaciente, con los
juegos florales, los usos y las modas", señaló,
"y sólo contrae un compromiso: con el lenguaje".
Sánchez Santiago -poeta, narrador y ensayista- comenzó
por decir, con sencilla lucidez, que "no hace falta
hablar de malditismo, de ocultismo". Aquella escritura
"es la que no obedece lo que se espera de ella: la
que no está canonizada". Desde la vanguardia,
y desde antes, "se ha producido un tipo de literatura"
alejada de "lo complaciente" y demás condescendencias.
Y sabe que lenguaje, pasión y crítica están
en "la misma configuración, en un mismo nivel".
La única "obediencia del lenguaje es consigo
mismo", y no con lo que "se puede esperar de él
desde otros espacios". Es desobediente y, también,
inocente. "Por lo menos, no traiciona el propio corazón
de la escritura". Y verdadera. Sin embargo, éste
es el tiempo "de la tendencia estética, de la
moda, de lo previsible, que hace suponer que el buen gusto,
el discurso confortable, lo políticamente correcto
resulta lo verdadero. Y no es así". La única
escritura no engañosa que puede existir tiene este
signo: la radicalidad. "De raíz". Algunos,
que "no son malditos ni vampiros de la literatura",
trabajaron y trabajan en Castilla y León "con
un canto de esperanza". Ellos sabían que esa
escritura verdadera "no es necesariamente la visible".
Y entre esos nombres, que no figuran en los cánones
literarios, se hallan Basilio Fernández, un leonés
surrealista, canonizado con un Premio Nacional después
de muerto, Francisco Pino -"una manera de entender
la poesía de una forma insólita"-, Agustín
García Calvo, Antonio Bouza -el de "Artesa"-,
José Miguel Ullán, Aníbal Núñez
o Tomás Salvador. El autor zamorano cree que esa
desobediencia es, también, un reto que se plantea
a la sociedad. "Un reto no buscado. No son francotiradores
dispuestos a desmontar, como primer objetivo, el "establecimiento"".
Se trata de una manera "honesta, radical y verdadera
de tratar con el lenguaje a cara de perro". Cueste
lo que cueste, y "más allá o más
acá de la visibilidad". Son desafíos,
que "se hacen de manera natural. Sólo se busca
el texto como fin". "Es nefasto valorar el pasado
y no valorar el presente" La defensa ardiente del terruño
es pobretería. "Todo localismo implica defender
aquello sobre lo que se levantan los valores locales. Y
nuestra tierra está siempre mirando al pasado. Es
nefasto valorar el pasado y no valorar el presente, salvo
cuando ya es pasado. Valorar lo propio y unos ideales que,
se supone, configuran la estabilidad de la tierra de uno
es de una miopía preocupante", explicó
Tomás Sánchez Santiago. La inmigración
está ahí. "Dentro de poco desaparecerá
el concepto de lo castellano o el castellano viejo, y hemos
de aceptarlo porque constituye una lección de la
historia". El zamorano, lúcido y brillante,
ha clamado alguna vez contra la dejadez de quienes tendrían
que ser menos dejados. "No hay que comulgar con esa
posición. Existen posibilidades de disponer de un
discurso propio, honesto, veraz". Debe mantenerse "el
aliento personal, frente a todo tipo de perturbaciones sociales,
como puede ser la dejadez". La paciencia de los zamoranos
es inmensa. "A veces, ya no es eso. Llega a cotas de
indignidad". El ciclo prosigue, el próximo jueves,
con la intervención de Alfredo Hernández Sánchez,
catedrático de Sociología en la Universidad
de Valladolid, quien presentará su libro "La
personalidad social de Castilla. Razones para una mentalidad
castellana". Y concluye con Miguel Casado, escritor
y profesor de literatura, quien disertará el día
29 sobre esta cuestión: "Por un pensamiento
del interior".
Jesús
Hernández
Fuente:
La opinión de Zamora
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