SOBRE ENTORNOS, CONTORNOS Y DINTORNOS (II)
       
 

 

Afirmaba en el artículo precedente del mismo título, la necesidad de promover un debate con la mayor participación ciudadana, para formarse un juicio sobre la situación actual y el futuro del entorno de la Catedral y Castillo, a la vista de los planes previstos y de la construcción de nuevos edificios de equipamiento cultural y carácter institucional. Sería el momento de analizar actitudes y estrategias que las autoridades municipales, por vía de la gestión y los planes, han mantenido de forma continuada, independientemente del color político, en una zona que puede considerarse sin ningún género de duda, la más emblemática de la ciudad.
En ella se producen episodios que podemos calificar, de poco gratos, tal es el caso reciente de las viviendas de San Isidoro, en donde podía percibirse en la opinión general, de que no debían construirse, aún contando con un Plan que las autorizaba; pues era evidente la oportunidad de completar un espacio de parque, y el de abrir un nuevo mirador al descubrir un tramo amurallado, oculto, detrás de las viviendas demolidas y suprimir una camino de ronda, que ahora vuelve a aparecer. Todo el proceso no se compaginaba con el afán que el Ayuntamiento ha desplegado, con muy buen criterio, de descubrir tramos de muralla Se puede interpretar la decisión municipal desde una posición de defensa del planeamiento, aún con la evidencia de la equivocación del Plan, y por seguir el lema, que refuerza la autoridad del “sostenella y no enmendalla”. El Ayuntamiento tenía recursos para haber resuelto, sorteando las exigencias legales para haber logrado un éxito que habría podido rentabilizar políticamente Ahora, la silueta de las viviendas emergiendo por encima de las murallas, quedará como muestra perdurable, quebrando el perfil de los monumentos y fortaleza en la visión desde fuera de la ciudad.
Otro aspecto que merece la atención, es el tratamiento dado a la trama medieval inmediata a la Catedral, que compuesta originalmente de palacios y conventos, ocupaba grandes parcelas, con huertos y tapias que delimitan los contornos de la zona. El planeamiento vigente, aunque desarrolla medidas de protección de la edificación existente, considera que los espacios libres son solares, y por lo tanto generan edificación de tipo residencial. Como consecuencia, ha dado lugar a diversas edificaciones en dichos espacios libres, detrás de las tapias. Estas, parece ser que son intocables, como algo irrenunciable de la forma urbana, con el consiguiente perjuicio para unos moradores, condenados a vivir, privados de vistas a la calle. Esta fórmula de combinar conservación de lo edificado con rentabilidad haciendo edificables los espacios libres, lleva a resultados insatisfactorios, principalmente para los nuevos habitantes de la zona que se ven encerrados, en sus modernas viviendas. Esta dualidad conservacionista y utilitarista sirve sólo como medio de tranquilizar a los escrupulosos que se conforman con que se guarden las formas, independientemente del contenido real que haya detrás de ellas.
Nuestros abuelos abordaron sin complejos la remodelación de los barrios antiguos de la ciudad, y de hecho, la apertura de nuevas calles como la de Benavente o Viriato fue posible gracias a nuevos trazados, a partir de las parcelas que correspondían a conventos o edificios públicos del Estado, y que se regularon de acuerdo con Ordenanzas hechas a la medida de las nuevas necesidades, de la gente de la época. Los resultados, que se obtuvieron ahí están: entornos armónicos y unidad compositiva, escenarios primordiales de un nuevo tipo de ciudad. Dicho lo cual, una copia literal del sistema de reforma utilizado no es trasladable al Casco Antiguo, pero hay fórmulas para hacer compatibles todas las exigencias: la del negocio y de los usuarios y la de la forma de la ciudad.
El caso de nuestra ciudad, tiene peculiaridades que no se observan en otras ciudades con un pasado medieval importante, como León o Burgos. Mientras que en Zamora, la trama medieval se queda al margen de la evolución de la ciudad a partir de los inicios del siglo XX, desplazados los centros de actividad, y por su creciente alejamiento. En las dos citadas ciudades, el entorno medieval alrededor de ambas catedrales se convierte en el foco inicial de la trasformación de ambas ciudades, a finales del siglo XIX.
En el caso de nuestra ciudad no se produjo transformación de la zona en su momento y nos quedaron unas estructuras edilicias antiguas, sin apenas actividad. Pero últimamente las tensiones especulativas han dirigido a ella su atención. La solución de contentar a unos y otros, no es la adecuada y la pregunta que se plantea es si hay alternativa posible. ¿Cómo abordar la conservación de nuestro Casco histórico y hacerlo compatible con las demandas de su desarrollo?
En el año 1986, la Junta de Castilla y León encargó un proyecto de Adecuación Ambiental para la zona, en que se recogían algunas de las condiciones que habían de cumplirse para reordenar y mejorar sus estándares de urbanización, definición de sus contornos, dintornos, etc. Este proyecto fue aprobado por la Comisión del Patrimonio, pero el Ayuntamiento decidió ignorarlo y no llegó a incluirlo en el planeamiento, por lo que no se hizo efectiva ninguna de sus propuestas. No implicaba grandes sacrificios financieros porque existía ayuda para hacerlo, por parte de la Unión Europea, pero pienso, que las razones municipales partían de que no era un objetivo prioritario. Los que visitasen Braganza por aquella época, verían con asombro como se llevaba a cabo con estos fondos europeos las obras de adecuación ambiental del entorno de su Castillo, que estaba en unas condiciones peores que nuestro Entorno y que hoy día, es visita obligada en los recorridos turísticos de la ciudad.
Como esta actitud pública de minusvalorar los problemas de fondo que gravitan sobre zona tan importante de la ciudad, en una actitud que se ha ido desarrollando de forma persistente, habría que tratar de explicar las razones de tal actitud y de la forma de salir de tal trayectoria.
El desinterés municipal, puede haberse generado históricamente, por el tipo de población envejecida, de escaso número, con escasa representación pública, como es el caso de los conventos de monjas, que son los que tradicionalmente han habitado en el Casco Antiguo. También, los políticos perciben las dificultades que conlleva la gestión sobre un Casco histórico, en donde no se recogen los resultados a corto plazo de dicha gestión, por lo que prefieren hacer inversiones, con resultados tangibles inmediatos en mejoras de viales, iluminación, etc.
Pero el panorama descrito ya no se ajusta a la realidad actual, pues se han hecho promociones de viviendas y su demanda crece, a pesar de que las dotaciones creadas no acompañan al crecimiento de la población...
Habrá que estudiar las distintas opciones que faciliten las necesarias trasformaciones que deberá sufrir el casco Antiguo y en especial el Entorno de la Catedral, para volver a darle el papel principal y de referencia que tuvo en su momento. La Ciudad no puede seguir debatiéndose entre el superficial respeto de lo antiguo, que en ocasiones puede estar justificado, y en cambio, se sancionen soluciones no satisfactorias, que una vez más, condenan a que la toda la zona sufra con unos estigmas, a todas luces injustas.

Antonio Viloria - Arquitecto
Zamora, 30 de diciembre de 2005
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora

 
 
 
 
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