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Afirmaba
en el artículo precedente del mismo título,
la necesidad de promover un debate con la mayor participación
ciudadana, para formarse un juicio sobre la situación
actual y el futuro del entorno de la Catedral y Castillo,
a la vista de los planes previstos y de la construcción
de nuevos edificios de equipamiento cultural y carácter
institucional. Sería el momento de analizar actitudes
y estrategias que las autoridades municipales, por vía
de la gestión y los planes, han mantenido de forma
continuada, independientemente del color político,
en una zona que puede considerarse sin ningún género
de duda, la más emblemática de la ciudad.
En ella se producen episodios que podemos calificar, de
poco gratos, tal es el caso reciente de las viviendas de
San Isidoro, en donde podía percibirse en la opinión
general, de que no debían construirse, aún
contando con un Plan que las autorizaba; pues era evidente
la oportunidad de completar un espacio de parque, y el de
abrir un nuevo mirador al descubrir un tramo amurallado,
oculto, detrás de las viviendas demolidas
y suprimir una camino de ronda, que ahora vuelve a aparecer.
Todo el proceso no se compaginaba con el afán que
el Ayuntamiento ha desplegado, con muy buen criterio, de
descubrir tramos de muralla Se puede interpretar la decisión
municipal desde una posición de defensa del planeamiento,
aún con la evidencia de la equivocación del
Plan, y por seguir el lema, que refuerza la autoridad del
“sostenella y no enmendalla”. El Ayuntamiento
tenía recursos para haber resuelto, sorteando las
exigencias legales para haber logrado un éxito que
habría podido rentabilizar políticamente Ahora,
la silueta de las viviendas emergiendo por encima de las
murallas, quedará como muestra perdurable, quebrando
el perfil de los monumentos y fortaleza en la visión
desde fuera de la ciudad.
Otro aspecto que merece la atención, es el tratamiento
dado a la trama medieval inmediata a la Catedral, que compuesta
originalmente de palacios y conventos, ocupaba grandes parcelas,
con huertos y tapias que delimitan los contornos de la zona.
El planeamiento vigente, aunque desarrolla medidas de protección
de la edificación existente, considera que los espacios
libres son solares, y por lo tanto generan edificación
de tipo residencial. Como consecuencia, ha dado lugar a
diversas edificaciones en dichos espacios libres, detrás
de las tapias. Estas, parece ser que son intocables, como
algo irrenunciable de la forma urbana, con el consiguiente
perjuicio para unos moradores, condenados a vivir, privados
de vistas a la calle. Esta fórmula de combinar conservación
de lo edificado con rentabilidad haciendo edificables los
espacios libres, lleva a resultados insatisfactorios, principalmente
para los nuevos habitantes de la zona que se ven encerrados,
en sus modernas viviendas. Esta dualidad conservacionista
y utilitarista sirve sólo como medio de tranquilizar
a los escrupulosos que se conforman con que se guarden las
formas, independientemente del contenido real que haya detrás
de ellas.
Nuestros abuelos abordaron sin complejos la remodelación
de los barrios antiguos de la ciudad, y de hecho, la apertura
de nuevas calles como la de Benavente o Viriato fue posible
gracias a nuevos trazados, a partir de las parcelas que
correspondían a conventos o edificios públicos
del Estado, y que se regularon de acuerdo con Ordenanzas
hechas a la medida de las nuevas necesidades, de la gente
de la época. Los resultados, que se obtuvieron ahí
están: entornos armónicos y unidad compositiva,
escenarios primordiales de un nuevo tipo de ciudad. Dicho
lo cual, una copia literal del sistema de reforma utilizado
no es trasladable al Casco Antiguo, pero hay fórmulas
para hacer compatibles todas las exigencias: la del negocio
y de los usuarios y la de la forma de la ciudad.
El caso de nuestra ciudad, tiene peculiaridades que no se
observan en otras ciudades con un pasado medieval importante,
como León o Burgos. Mientras que en Zamora, la trama
medieval se queda al margen de la evolución de la
ciudad a partir de los inicios del siglo XX, desplazados
los centros de actividad, y por su creciente alejamiento.
En las dos citadas ciudades, el entorno medieval alrededor
de ambas catedrales se convierte en el foco inicial de la
trasformación de ambas ciudades, a finales del siglo
XIX.
En el caso de nuestra ciudad no se produjo transformación
de la zona en su momento y nos quedaron unas estructuras
edilicias antiguas, sin apenas actividad. Pero últimamente
las tensiones especulativas han dirigido a ella su atención.
La solución de contentar a unos y otros, no es la
adecuada y la pregunta que se plantea es si hay alternativa
posible. ¿Cómo abordar la conservación
de nuestro Casco histórico y hacerlo compatible con
las demandas de su desarrollo?
En el año 1986, la Junta de Castilla y León
encargó un proyecto de Adecuación Ambiental
para la zona, en que se recogían algunas de las condiciones
que habían de cumplirse para reordenar y mejorar
sus estándares de urbanización, definición
de sus contornos, dintornos, etc. Este proyecto fue aprobado
por la Comisión del Patrimonio, pero el Ayuntamiento
decidió ignorarlo y no llegó a incluirlo en
el planeamiento, por lo que no se hizo efectiva ninguna
de sus propuestas. No implicaba grandes sacrificios financieros
porque existía ayuda para hacerlo, por parte de la
Unión Europea, pero pienso, que las razones municipales
partían de que no era un objetivo prioritario. Los
que visitasen Braganza por aquella época, verían
con asombro como se llevaba a cabo con estos fondos europeos
las obras de adecuación ambiental del entorno de
su Castillo, que estaba en unas condiciones peores que nuestro
Entorno y que hoy día, es visita obligada en los
recorridos turísticos de la ciudad.
Como esta actitud pública de minusvalorar los problemas
de fondo que gravitan sobre zona tan importante de la ciudad,
en una actitud que se ha ido desarrollando de forma persistente,
habría que tratar de explicar las razones de tal
actitud y de la forma de salir de tal trayectoria.
El desinterés municipal, puede haberse generado históricamente,
por el tipo de población envejecida, de escaso número,
con escasa representación pública, como es
el caso de los conventos de monjas, que son los que tradicionalmente
han habitado en el Casco Antiguo. También, los políticos
perciben las dificultades que conlleva la gestión
sobre un Casco histórico, en donde no se recogen
los resultados a corto plazo de dicha gestión, por
lo que prefieren hacer inversiones, con resultados tangibles
inmediatos en mejoras de viales, iluminación, etc.
Pero el panorama descrito ya no se ajusta a la realidad
actual, pues se han hecho promociones de viviendas y su
demanda crece, a pesar de que las dotaciones creadas no
acompañan al crecimiento de la población...
Habrá que estudiar las distintas opciones que faciliten
las necesarias trasformaciones que deberá sufrir
el casco Antiguo y en especial el Entorno de la Catedral,
para volver a darle el papel principal y de referencia que
tuvo en su momento. La Ciudad no puede seguir debatiéndose
entre el superficial respeto de lo antiguo, que en ocasiones
puede estar justificado, y en cambio, se sancionen soluciones
no satisfactorias, que una vez más, condenan a que
la toda la zona sufra con unos estigmas, a todas luces injustas.
Antonio
Viloria - Arquitecto
Zamora,
30 de diciembre de 2005
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
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