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La
investigación historia y los estudios sociológicos
nos demuestran que en esta Comunidad no ha cuajado demasiado
la ideología liberal-capitalista que tuvo lugar principalmente
en el siglo XIX, y que originó el nacimiento del
empresariado en su búsqueda del mercado libre. Consecuencia
de este proceso es que el empresariado no ha tenido demasiado
prestigio social entre nosotros y que los ciudadanos se
han olvidado en parte de la cultura del riesgo, tan necesaria
para el desarrollo económico y social de un territorio.
En todos estos procesos, las comunidades de la periferia
nos han ganado la carrera hacia una sociedad moderna, salvo
Madrid por razones obvias. Si consideramos la evolución
relativa del Valor Añadido Bruto como medida de producción,
por cada 100 euros que se producían en España
en 1955, 7,49 se generaban en Castilla y León, un
porcentaje que ha ido decreciendo hasta alcanzar el 5,7
en 2003. Si hablamos de empleo, la situación es más
acusada. Así, de cada 100 ocupados existentes en
España en 1965, un total de 8,5 trabajaban en Castilla
y León, en tanto que en 2003 dicha cifra disminuye
hasta situarse en el 5,8. Finalmente, la evolución
de la población presenta un perfil muy similar al
comentado para el empleo y la producción, observándose
que en 1955 los castellano leoneses suponían el 9,8
por ciento del la población nacional, un porcentaje
que se ha reducido hasta el 5,8 por ciento en 2003. Estoy
citando estadísticas oficiales. De todos es conocido
el consejo que nuestros mayores daban a sus hijos para que
preparasen unas oposiciones y fuesen funcionarios de por
vida. También, por desgracia, los jóvenes
y mejor preparados siguen abandonando esta Comunidad. La
Universidad tampoco ha jugado un papel decisivo en la preparación
moderna que se necesita en la formación cultural
de la figura del emprendedor.
Con esta situación de partida hay que reconocer que
es difícil encontrar verdaderos emprendedores en
nuestra Comunidad y más concretamente en nuestra
provincia. Por desgracia, esto también nos ocurre
en otras muchas profesiones, y siempre dejando claro que
me estoy refiriendo a personas con elevado prestigio e influencia
social, con valores y calidad reconocidos por encima del
plano provincial, esas personas que generan un factor de
arrastre en el colectivo social y que sirven de ejemplo
y deseo de emulación entre todos, especialmente entre
los jóvenes. Por desgracia abunda el ruido y la confusión,
muchos egos personales, que piensan que los adjetivos, que
tan generosamente usan los medios de comunicación,
son realmente sustantivos. Somos una sociedad débil
en casi todos los terrenos.
Pero he iniciado el artículo con los empresarios
porque recientemente ha sido elegido de nuevo el presidente
de la CEOE-CEPYME y he leído sus declaraciones en
La Opinión de Zamora. Salvo algunos detalles, en
mi modesta opinión, no he visto para nada a un dirigente
empresarial sino a una mezcla de político al uso,
sindicalista, agitador de masas y rogador de ayudas. Algo
así como un empresario populista. En casi todo lo
que dijo estaba a expensas de otros. Insiste en la entrevista
sobre la importancia del proyecto del circuito de Cerezal
y yo me pregunto, si lo ven tan interesante y tan claro
¿Por qué no crean una agrupación empresarial
que lo ponga en marcha?. Esto del circuito me recuerda a
los inicios del Ente Ferial, ya muy lejano en el tiempo,
donde la citada organización fue muy activa, para
que lo hiciesen otros, y posteriormente se han salido del
proyecto de una manera equivoca, dejando que la parte económica
quede en otras instituciones, en su mayoría públicas,
que las pagamos entre todos. ¿No es fundamental para
una organización empresarial tener un instrumento
de esas características a su alcance?. ¿No
sería lógico que fuese esa organización
la que asumiese una parte significativa de los gastos y
de la propia gestión de actividades?. Eso si que
sería un objetivo de una organización empresarial.
Reconozco que me hubiera gustado oir más hablar al
presidente de la organización empresarial de las
inversiones previstas para el año en curso, de nuevos
proyectos empresariales, especialmente innovadores, de previsiones
de empleo y productividad, y cosas así.
Para terminar, quiero dejar muy claro que soy un profundo
defensor de la figura del empresario y que siento angustia
por la carencia del espíritu emprendedor en la sociedad
zamorana, especialmente entre los jóvenes. Tampoco
estoy de acuerdo con aquellos que siempre consideran que
el beneficio obtenido por una empresa es algo digno de sonrojo,
todo lo contrario, es la mejor contribución que se
puede hacer a la sociedad ya que asegura la continuidad
de la empresa, lo que conlleva asegurar puestos de trabajo,
ingreso de impuestos y retribución del capital emprendedor,
que asume riesgos.
Antonio
Gallego Rodríguez.
Miembro de Foro Ciudadano de Zamora
Zamora,
1 de marzo de 2005.
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