Dos entrevistas a Perfecto Andrés Ibáñez,
magistrado del Tribunal Supremo
       
 

 


"El control político del CGPJ es una catástrofe institucional

       que pone en riesgo su legitimidad".


"Para que un juez sea independiente, el fiscal debe también serlo, estar sujeto sólo a la legalidad"

Estudioso y experto en las relaciones entre mediosde comunicación y justicia,el magistrado del Tribunal Supremo afirma que este "matrimonio" nunca podrá escaparse a las tensiones. Aunque respetuoso con la profesión periodística, no ahorra críticas a las grandes empresas, que no son ajenas a intereses y "pretensiones manipuladoras". Perfecto Andrés Ibáñez tampoco se queda corto a la hora de pasar a examen al sistema judicial, atrapado en buena parte por los partidos políticos y las voluntades de quienes ostentan el poder. Para el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) pide un gran pacto de Estado que democratice su composición y, por ende, su funcionamiento.

Perfecto Andrés Ibáñez,  magistrado del Tribunal Supremo. FORO CIUDADANO DE ZAMORA

 

• Tiene usted fama de ser bastante crítico con el sistema judicial y las
formas establecidas.


- No es un prurito de la crítica por la crítica, ni tampoco un afán de protagonismo, sino que creo que es necesario abrir la institución judicial a la opinión. Es muy importante una crítica interna, respetuosa, equilibrada y rigurosa, porque es la forma también de potenciar y posibilitar la crítica externa.

¿Pensar así no es ir contracorriente?

- Los jueces tenemos esa responsabilidad. Callarnos frente a lo que no nos gusta, mantener una especie de silencio corporativo creo que es un mecanismo supuestamente de autodefensa que en realidad, más bien, encubre cosas que tendrían que laverse en público, puesto que son públicas.

Entre sus trabajos se encuentra uno titulado "Control judicial del poder político". ¿Asistimos a una judicialización excesiva de la política?

- Desde hace muchos años se está manejando ese cliché. Pero la judicialización de la política no responde a un afán desmedido de los jueces de meterse en lo que no les corresponde, sino a que se han producido en ámbitos institucionales y políticos actuaciones ilegales, a veces de forma extraordinariamente grave. No es que el juez vaya al encuentro de la política, es que una parte degradada de la política se mete en el juzgado, como corresponde en un Estado Derecho cuando se quebranta gravemente la legalidad.

Contrariamente a lo que pueda parecer, sí que continúa habiendo presión política cuando un asunto de esas características llega a un Juzgado.

- Sí, es inevitable. Las fuerzas políticas ni en este país ni en ninguno se resignan a respetar las reglas del juego cuando consideran que puede perjudicar a sus intereses más inmediatos. Y estas presiones se pueden canalizar de muchas formas: incidiendo cuando se puede en los nombramientos judiciales o por la vía de los medios de comunicación, generando una determinada demanda social o un desprestigio, u orientando a la opinión pública en un determinado sentido.

¿El juez se siente indefenso cuando ocurre esto?Aquí se sugiere que el "caso Zamora" le costó una baja médica y un traslado a la juez que lo instruyó.

- Puede haber situaciones difíciles de vivir. Los jueces son personas de carne y hueso, tienen familia y, a veces, se ven obligados a hacer frente a estados de opinión, a agresiones mediáticas y no sólo mediáticas extraordinariamente graves y duras. Los jueces deberíamos hacernos la piel dura para estar en el lugar que se tiene que estar y hacer lo que se tiene que hacer. Puede ser difícil: yo he visto jueces insultados de forma inmisericorde, incluso por sujetos con responsabilidades institucionales, sin razón. Es intolerable. Pero vale la pena ese riesgo, y que exista libertad de expresión en asuntos judiciales, antes que volver al viejo delito de desacato, a las limitaciones
intolerables en democracia.

• Entonces, ¿le quedaría por escribir un libro titulado "el control político del poder judicial"?

- Hombre, pues hay materia. Efectivamente en España se ha producido una ruptura de las reglas del juego por parte de las fuerzas políticas a la hora de tratar y desarrollar una institución como el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). En este terreno se han cometido errores garrafales y no de manera ingenua, sino queriendo y sin calcular las consecuencias de deslegitimación del sistema. Esto es una verdadera catástrofe institucional que dura ya tantos años como vida tiene el Consejo, desde el año 80.

¿Cómo hacer del CGPJ una institución verdaderamente independiente de los partidos?

Debería de haber una especie de pacto de eso que llaman de Estado para
romper con esta situación, aunque el tiempo perdido no se podrá recuperar
nunca. Puesto que las dos fuerzas políticas mayoritarias que han tenido el
mayor protagonismo dentro del CGJ han incurrido en las mismas actuaciones
intolerables, deberían esas mismas, aunque no sólo, las que afrontasen el
problema en su verdadera dimensión. La responsabilidad de los jueces, que
también la tienen, es secundaria.

Así y todo, ¿continúa pensando que se ha avanzado mucho en ese terreno?

- En materia de independencia judicial, sí. El juez tiene un estatuto que garantiza que en el ámbito de su competencia puede hacer lo que cree que tiene que hacer. Puede ser incómodo.
Es posible que haya que hacer frente a estados de opinión y que por hacer
determinadas cosas judicialmente correctas a uno no le obsequien con un
nombramiento discrecional. Son riesgos menores.

Todavía tenemos un fiscal general del Estado nombrado "a dedo" por el gobierno de turno, ¿debe haber cambios?.

- Así como nadie negaría que la independencia del juez es un valor esencial del Estado de Derecho, hay muchos teóricos que consideran que en el caso del fiscal no debería ser así. Yo, sin embargo, pienso que para que el juez sea independiente tiene que serlo el fiscal, que debería estar sujeto únicamente a la legalidad. En ese sentido el modelo español es deficitario, pero no es el peor de los europeos.

• Y el mejor de los europeos, ¿cuál es?

- Me quedaría con el italiano en el que los fiscales tienen estatuto de magistrado y gozan de una notable independencia. Bien es verdad que Silvio Berlusconi quiere acabar con ello en Italia. Espero que no lo consiga y el ejemplo no cunda.

Otra reforma pendiente es el acceso a audiencias y tribunales superiores. Frente a la voluntad de quien tiene el poder de decisión, usted defiende los méritos, ¿a quién beneficia este sistema?

- Hay un intento celoso de quienes tienen poder administrativo en las organizaciones judiciales por conservar la prerrogativa de nombrar jueces más próximos y afines. Eso es lo que se ventila en el CGPJ. Esto tiene dimensiones de catástrofe porque provoca en la ciudadanía una impresión desarmante y profundamente negativa; lo vive con desasosiego y sin entender. Por ello, se impone un profunda reflexión autocrítica. Esas
afinidades podrían ser legítimas, pero el espacio que deberían cubrir debería ser muy reducido. La prioridad tendrían que tenerla circunstancias como capacidad y mérito.

Autora: Susana Arizaga

 

 

"Hay un problema cultural en la violencia doméstica
y la sociedad no puede eximirse"


¿La democratización de la carrera judicial está todavía pendiente?

- El problema es que el CGPJ, el órgano de gobierno de los jueces, está
muy colonizado políticamente. Los partidos desarrollan en él sus estrategias
como en cualquier otro terreno del espacio político, a veces incluso a
través de los jueces que designan. Me parece francamente negativo y tendría
que cambiar. Es una forma de desvirtuación grave del modelo constitucional.
Ahí es donde hay un problema de democracia mal entendido.

¿Cuál es su propuesta?

- El gobierno del poder judicial debe llevarse a cabo por una
institución que responda a un esquema democrático de formación, con un
sistema de elección en parte por los jueces y en parte por el parlamento,
pero luego debe desarrollar su actividad en un marco de autonomía. Esto está
fallando de manera notable.

La sociedad percibe que el juez continúa viviendo en su torre de marfil, como aquél que imparte justicia desde una posición totalmente intocable.

- Hay una crítica que se puede seguir haciendo: ese viejo modelo de juez está presente todavía. Pero se ha cambiado y frente al juez que se encierra en su torre de marfil y que ejerce la jurisdicción de una manera absolutista, está el juez mucho más abierto y
que, sin perjuicio de su independencia y de ejercer su función con rigor, es más permeable a lo que pasa en su entorno. Hoy no hay un complejo de jueces uniforme, sino que es un grupo de profesionales tan plural como la sociedad misma, en el que se pueden apreciar posturas muy divergentes y, a veces, abiertamente contrastantes. Eso es enriquecedor.

¿Por qué esa falta de comunicación fluida entre los jueces y los medios de comunicación?

- La relación difícilmente puede dejar de ser tensa. Como en todos los problemas de pareja, la relación medios-justicia es una relación a dos y probablemente haya reproches serios que hacer a los jueces, pero también a los medios, sobre los que yo cargaría la mano. A veces por parte judicial hay actitudes muy cerradas pero, con frecuencia, por parte de los medios las hay instrumentalizadoras intolerables.

¿Hay desconfianza o se trata de mantener distancias?

- Los medios de comunicación hoy no se aproximan ingenuamente a los juzgados y cuentan con sinceridad, de forma desinteresada, lo que pasa. No: son entidades poderosas, grupos empresariales potentes con intereses políticos y económicos, que tienen incluso su proyecto de justicia o de lo que un juez tiene que hacer. Esto no
tiene nada que ver con la visión "naïf" del informador que cuenta ingenuamente lo que ve sin ninguna pretensión manipuladora, no.

¿El punto de encuentro?

- Un riguroso respeto de los valores en juego; establecer unas reglas muy claras y limpias que todos tendríamos que respetar. La publicidad es una garantía del imputado. En la justicia no se puede contar todo, ni contar todo es un valor. A veces hay que guardar reserva porque están en juego derechos de un imputado, que puede ser
penalizado por la noticia mucho más que por la sentencia. Ahí el periodista debería saber moverse y respetar esas esferas de reserva. Me preocupa el juez demasiado proclive a lanzarse a los medios; los jueces por esa vía es poco lo que tienen que decir. El juez debe pronunciarse preferentemente en sus sentencias. Ahora bien hay momentos en los que es posible que tenga que opinar y debe hacerlo con muchísima mesura y mucha autocontención.

Los últimos casos de violencia entre menores han reabierto el debate social
sobre si el Código Penal es demasiado permisivo con los menores y si se debe
adelantar la edad penal.


- Creo que la edad penal está bien donde está (18 años). El menor requiere un trato diferencial, específico y adaptado a sus necesidades. Tendría que darse por parte de las instituciones el máximo acierto en el tratamiento, pero también un punto de comprensión por parte de la ciudadanía: el menor es una persona que tiene mucha vida por delante, que ha podido cometer un error o un delito grave pero que esto no debe servir para anularlo como persona. En el terreno del tratamiento hay que dar la palabra y reconocer la competencia de quienes tienen recursos técnicos para afrontar esos problemas. Ahora, yo entiendo la posición de las víctimas y los padres de las víctimas. Ahí también los medios deberían evitar un tratamiento tremendista y el incentivar las actitudes justicialistas.
Deberían poner un punto de serenidad y no siempre lo hacen.

¿Debería estudiarse alguna medida especial para aquelos delincuentes que han cometido delitos contra las personas y son susceptibles de repetir esas conductas por padecer algún trastorno de la personalidad, como los psicópatas?

- Entiendo que para ese tipo de delitos hay penas extraordinariamente graves,
que cuando son sustituidas por medidas abren unas posibilidades de
tratamiento que habría que apurar. Hay recursos técnicos para afrontar esas
cuestiones con el respeto a las garantías y a una duración razonable de las
penas. No tengo claro que se haga y que se haga bien.

Pero no hay medios.

- No puedo decirlo tan radical, tengo la impresión de que sí
existe un problema de medios. La sociedad si quiere dar una respuesta
racional y humana a este tipo de problemas debería ser más generosa en el
tema de los medios.- Ley de Violencia contra la Mujer, ¿menos efectiva
también por la falta de medios?- Me preocupa que se piense que la
solución es policía y juzgado. La sociedad no puede eximirse de
responsabilidades, hay un problema cultural que implica a la ciudadanía y
sus posibilidades de tratamiento exceden de lo judicial y lo policial,
aunque tengan su papel.



Fuente: La Opinión de Zamora
Zamora, 21 de mayo de 2005

 
 
 
 
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