| |
|
El
pasado viernes recibimos una alegría: el nuevo puente
para Zamora se va a construir en un lugar razonable. Con
ello lo alejamos de un centro con accesos imposibles, logramos
que no sea un impacto para la imagen del casco antiguo,
conseguimos que no salga adelante un capricho personal,
atendemos a las líneas prioritarias del PGOU, iniciamos
una ronda oeste en la ciudad, posibilitamos el consenso
social. Todos salimos ganando. Pero ojo, no está
todo conseguido con garantizar el puente aguas abajo.
En efecto, no todo está conseguido. Ahora nos toca
concretar bien, acertar a dar con el lugar idóneo,
perfecto y que menores daños suponga. No en vano
ahora los hitos a respetar son el propio Duero y el paseo
fluvial, el entorno de la playa de los Pelambres, el Campo
de la Verdad y la iglesia románica de Santiago de
los Caballeros. Si antes nos preocupaba salvar la estampa
de la ciudad, ahora nos debe interesar sobremanera preservar
a la vez que potenciar estos cuatro elementos antedichos.
Hemos visto posibles soluciones del nuevo puente aguas abajo,
incluso proyectos concretos. No voy a entrar ahora en la
tipología del puente, si debe ser colgante o de tablero
sobre pilares, cosa que no es en absoluto baladí
(No creamos que en esta nueva ubicación no se debe
cuidar este aspecto al máximo, pues aunque este sea
un lugar de menor impacto no deja de ser un espacio capital,
en continuidad con el caso antiguo). Me refiero al puente
en sí mismo. Intuyo que será de gran longitud.
Parece que será un viaducto que arranque de la margen
izquierda del Duero a la altura de los Pelambres y no termine
en la margen derecha, sino más allá, prolongándose
hasta lo que conocemos como "el escudo". Aquí
mi preocupación. No solo en el extremo izquierdo,
degradando la única playa fluvial que nos queda,
sino principalmente en la margen derecha. ¿Finalizará
el puente inmediatamente sobre la orilla o necesariamente
se tiene que prolongar? Por supuesto, esta duda debe ser
iluminada por estudios técnicos. Pero lo cierto es
que no da lo mismo.
Según el sentido común y el propio PGOU, el
Campo de la Verdad debe ser mimado. No es un polígono
urbano más. Su proximidad a la muralla, la catedral
y el castillo lo hacen de peculiar protección. Al
igual que no se podrán construir sino edificios limitados
en altura, el trazado del nuevo puente y la vía de
su prolongación deben ser considerados con escrupuloso
cuidado. También la iglesia de Santiago de los Caballeros
nos llama al cuidado extremo. Y los más ecologistas
nos dirían lo mismo respecto del cauce del arroyo
de Valorio. Corremos el riesgo de encajonar estos elementos.
Necesitamos el nuevo puente. Aplaudimos su ubicación
aguas abajo. Pero ahora nos toca hilar fino. No todo vale.
Es exigible un estudio coherente, riguroso e imparcial que
dé como resultado un proyecto que responda a criterios
técnicos, funcionales y estéticos, y que posibilite
el desarrollo razonable de la ciudad, siendo a la vez totalmente
respetuoso con los elementos que forman el entorno. Esto
supone hacer un estudio a conciencia.
Que hayamos conseguido una ubicación más digna
y mejor para el nuevo puente sobre el Duero no supone que
ahora todo valga. No vale cualquier sitio ni de cualquier
forma. No nos conformemos con cualquier cosa.
Rafael
Ángel García Lozano
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
|
|