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En
La Opinión de Zamora del 27.06.2004 se lee que el ingeniero
Juan José Arenas considera que Zamora tiene necesidad
de dos puentes. Afirma "Si nos hubieran dicho (hace
cuatro años) una determinada ubicación, la hubiera
aceptado. En definitiva, tanto una como otra (Entrepuentes
y aguas abajo) son necesarias. El problema es cuál
se hace primero y cuál después".
"Si
no puedes convencer, trata de confundir", dijo algún
político. En esas estamos. El cuento de los dos puentes
desactivó este asunto en las elecciones municipales.
Jugó con habilidad el alcalde. Hoy es el argumento
más socorrido para los que defienden la opción
Entrepuentes.
Afirma
también que "hay algo que nadie ha dicho de
la opción de Entrepuentes y es que
es la única que crea concepto de malla [...] El concepto
es parecido a la situación de París, donde el
Sena es una gran avenida de agua con puentes que son calles
que lo atraviesan. Así se consigue integrar
el río en la ciudad".
Otros,
antes de ahora, nos han hablado de Valladolid como ejemplo.
Ni París ni Valladolid tienen nada que ver con
la estructura urbana y las necesidades de Zamora. Hablar de
dos puentes solo puede servir a algunos para ganar apoyos
entre la población y decantar a la ciudadanía
hacia lo que sería una decisión desastrosa;
porque eso sería la solución de Entrepuentes,
un desastre.
Ahora
aparece un argumento nuevo "el concepto de malla";
eso es confundir. La malla viaria de Zamora necesita más
de una solución como la propuesta por la Politécnica,
u otra similar, que de un puente en Entrepuentes, porque éste
mantendría las deficiencias de la malla que hoy tenemos.
Una malla que seguiría llevando el tráfico desde
los exteriores paralelos al río, hasta los dos puentes
(aún más cercanos entre si), para distribuirlo
de nuevo al otro lado, también parlelamente al río.
Una malla que nunca permitiría los fluidos de tráfico
crecientes que nos anuncia el futuro y que es consecuencia
(la actual) de la estructura que tuvo la ciudad amurallada.
De hecho, cuando a principios del siglo pasado se construyó
el Puente de Hierro, se hizo, con toda lógica, creando
un vial que diera salida a los flujos que generaba la ciudad
nueva, entonces ya extendida hacia el Este. Así ha
sido después con la construcción del puente
de Cardenal Cisneros. El crecimiento hacia el Oeste y Noroeste
ha sido más lento, pero hoy es ya apremiante la necesidad
de dar respuesta a los flujos procedentes de estas áreas
y sabemos que, en el futuro, Trascastillo y la Av. de Vigo
no los podrán absorber. Si a principios del siglo pasado
(e incluso 50 años después, antes de la extensión
del uso del automóvil como medio de locomoción
individual), alguien hubiera hecho esta propuesta para unir
Olivares y San Frontis, cuánto tiempo y esfuerzo de
tracción animal hubieran ahorrado los vecinos de ambas
orillas ¡Hubiera tenido un perfecto efecto malla! Unir,
enlazar y aproximar estas zonas extremas de la ciudad responde
claramente a ese "concepto de malla".
Del
impacto urbanístico y visual del puente en Entrepuentes,
así como de la infraestructura de distribución
necesaria en la zona de los Barrios Bajos, no hace falta añadir
nada, dada la evidencia de sus desastrosas consecuencias...
Y además la muralla que contorna el río y la
Puerta del Tajamar, tan olvidadas... ¡Invoquemos aquí
a la Comisión de Patrimonio, no vaya a ser en esto
tan condescendiente como lo ha sido en el asunto de la muralla
de San Isidoro!.
La
realidad es que se construirá UN puente o ninguno y
que un segundo, si algún día se hiciera, no
debería serlo, en ningún caso, en la zona de
Entrepuentes. No se discute, Sr. Arenas, cual es la prioridad,
aunque algunos se empeñen; lo que se discute es dónde
ubicar UN puente. Un puente que sea funcional, que responda
a las necesidades viárias de la ciudad y que, como
cualquier otra infraestructura, no tenga un impacto visual
ni urbanístico desastroso. Los criterios técnicos
son muy valiosos cuando se aplican con sentido común.
Seguramente Ud. sabrá hacerlo, tiene prestigio suficiente
para que lo creamos así; no se deje llevar por la inercia
de la primera iniciativa, estudie las necesidades de la ciudad
y acepte también la realidad de una ciudadanía
que, al fin, ha comprendido que no puede dejar destrozar más
su patrimonio histórico. Y por favor ¡no juegue
a todas las cartas! ¡Defínase! No nos confunda.
Santiago
Fernández
Fecha: 08.07.2004
Barcelona
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