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“Aquí
ya no hay banderas,
ni murallas, ni torres, como si ahora
pudiera todo resistir el ímpetu
de la tierra, el saqueo
del cielo.”
….
“¿De qué ha servido tanta
plaza fuerte, hondo foso, recia almena,
amurallado cerco?” |
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Son
palabras de nuestro Claudio Rodríguez, poeta universal,
que podemos asumir a la hora de reflexionar sobre los restos
de muralla de la Puerta de la Feria, que han desatado una
de las polémicas más virulentas del pasado
verano, posiblemente no cerrada todavía. Al parecer,
según ha informado recientemente algún medio
de comunicación, siguen provocando “palabras
gruesas” entre algunos ciudadanos dispuestos
a movilizarse, dónde y cómo fuera, para que
esa “guarrería cochambrosa”, como califican
dirigentes vecinales a lo que Patrimonio considera un Bien
de Interés Cultural, se convierta en algo digno para
la zona y la ciudad”.
Algo
hemos avanzado desde el inicio de la polémica, cuando
se recogían firmas por parte de algunas organizaciones
vecinales para demoler unos restos históricos cuyo
aspecto y ubicación molestaban ya a la vista ya a
la circulación de algunos ciudadanos. La pretensión,
ahora, es que se conviertan en algo digno para la zona
y la ciudad. Pretensión loable, que debiera
haber abanderado la discusión desde el principio,
evitando descalificaciones innecesarias a los profesionales
y a las instituciones responsables de su salvaguarda, de
su recuperación y de su puesta en valor; tal pretensión
hubiera ahorrado posiciones anacrónicas o planteamientos
desafortunados e inviables, como el traslado de unos restos
que los desposeería de todo interés, pues
su alcance, valor y significado es, precisamente, mantenerse
donde están, recordando los sistemas defensivos de
una ciudad medieval, las murallas que otorgaron a Zamora
el apodo de “la bien cercada”.
Afortunadamente,
entre los ríos de tinta derramados en la discusión,
se alzaron algunas voces y propuestas sensatas, la de otros
ciudadanos que abogaban por la recuperación y revalorización
de los restos y del entorno.
A ellos
queremos unirnos, desde este Foro Ciudadano, pidiendo, efectivamente,
soluciones dignas que nuestros profesionales (arqueólogos,
historiadores, arquitectos y urbanistas) habrán de
aportar para recuperar la memoria de un espacio que recibía
y acogía a nuestros antepasados, en tiempos de ferias
y mercados, como evoca el topónimo de la zona. Cabe
esperar un buen proyecto que haga “hablar a las piedras”,
a todas, no sólo a las “nobles”; a las
presentes y a las ausentes, que incorpore y preserve en
su sitio las huellas -como la inscripción existente-
de otras intervenciones pasadas, que explique los vacíos
y reformas, que brinde una lectura de ese espacio y de su
relación con los adyacentes y, sobre todo, que ofrezca
una visión generosa de conjunto, con miras a largo
plazo, que sirva de ejemplo a futuras actuaciones que, sin
duda, habrán de acometerse en el devenir urbano.
Sólo así esas “piedras conflictivas”
que aún se mantienen de pie serán dignas de
aprecio y consideración por parte de todos, se convertirán
en una buena carta de presentación de una ciudad
cuyo principal recurso es conservar, mostrar y explicar
su trayectoria histórica y urbanística y que,
sin embargo, se ha abstenido de exhibir cualquiera de los
restos arqueológicos aparecidos en su subsuelo.
Sólo
así podremos hacer nuestros los versos de nuestro
querido poeta:
“Heme
ante tus murallas,
fronteriza ciudad a la que siempre
el cielo sin cesar desasosiega.
Vieja ambición que ahora
sólo admira el turista o el arqueólogo
o quien gusta de timbres y blasones.
Esto no es un monumento
nacional, sino luz de alta planicie… |
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Zamora,
15 de noviembre de 2006
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