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En los últimos meses vienen apareciendo en la prensa
noticias esperanzadoras sobre el futuro próximo de
una de las iniciativas culturales que más interés
han despertado en la ciudad, un museo de escultura contemporánea
dedicado a albergar, conservar y difundir la obra del artista
Baltasar Lobo.
La creación de la Fundación Baltasar Lobo y
la celebración de la primera reunión de su Patronato,
la ampliación del mismo mediante la incorporación
de la Junta de Castilla y León, la Diputación
Provincial y otras entidades financieras entre las que figura
Caja España -que hizo posible la primera donación
importante de Baltasar Lobo a la ciudad de Zamora, origen
del proyecto actual- son actuaciones fundamentales para que
el museo llegue a ser una realidad lo antes posible.
Conseguir un museo que conserve con todas las garantías
la colección y la memoria de Baltasar Lobo y que contribuya
a difundir su obra a nivel internacional con la máxima
calidad y eficacia posibles, requiere un planteamiento meditado
y reflexivo desde las primeras etapas de su formación.
Un museo es algo más que un edificio, que una colección,
que una imagen cultural, que un decreto de creación;
un museo es un centro especializado que ha de convertirse
en un lugar común y habitual para los ciudadanos, contribuyendo
a su disfrute y formación, tarea en la que están
implicados un amplio abanico de profesionales. Por ello, en
su Patronato -organismo rector que ha de controlar la gestión
del museo- no puede faltar una representación específica
del mundo de los museos, de otros museos próximos,
afines en contenido o en modelo de gestión. La presencia
del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (España),
del Museo Serralves (Portugal) y del Museo de Bragança
-puntos extremos e intermedio de un eje cultural con el país
vecino-, del Museo de Zamora, que alberga y garantiza la conservación
de la obra de Lobo en la actualidad, y de algún otro
museo de nuestro entorno regional, como el Museo Esteban Vicente
de Segovia, modelo a seguir en el caso de Baltasar Lobo, deberían
tenerse, sin duda, en consideración.
Y aunque el Patronato ha designado ya a dos especialistas
en la obra de Baltasar Lobo, María Bolaños y
María Jaume, la primera vinculada a la Universidad,
la segunda al mundo de las galerías de arte -binomio
académico y comercial de difícil compaginación-
para supervisar trabajos técnicos, parece urgente la
elección del director del futuro Museo, cuyo
perfil idóneo sería el de un profesional especialista
en arte contemporáneo, puesto que ha de asesorar desde
el inicio en la toma de decisiones más convenientes
en cada caso, tanto para un correcto desarrollo del proyecto
museístico, como en lo que respecta a la catalogación
de la colección, a la difusión de la obra y
a su cesión para exposiciones temporales o itinerantes.
Por su parte, el Ayuntamiento de Zamora ha decidido ya el
emplazamiento (El Castillo) y un posible encargo del proyecto
a un arquitecto de reconocido prestigio (Rafael Moneo o Álvaro
Siza, aún sin confirmar), operaciones importantes sobre
las que existen diferentes opiniones por parte de colectivos
profesionales, que deben ser coordinadas, sin duda, para la
puesta en marcha de tan importante empresa cultural. El diálogo
entre arquitecto y director es fundamental para precisar el
planteamiento y contenido del museo y su enfoque, como "Museo
Baltasar Lobo de Escultura Contemporánea", por
ejemplo, capaz de albergar obra de otros escultores coetáneos
así como exposiciones temporales de artistas que contribuyan
a profundizar en la obra de Baltasar Lobo y en los movimientos
artísticos de su tiempo.
Por otro lado, parece que se va a destinar algún presupuesto
a trabajos de digitalización y que algunas empresas
han presentado ya ofertas para realizarlo. Esto
supone empezar la casa por el tejado. La realización
de inventarios y catálogos es una de las funciones
específicas del museo, de sus profesionales especializados,
puesto que exige el estudio individualizado y riguroso de
cada pieza. La digitalización e informatización
de los fondos del futuro museo habrá de realizarse
según criterio de los técnicos, y, de momento,
sería más interesante ir avanzando en el conocimiento
del artista y que se trabajase en documentar toda la obra
de Baltasar Lobo existente en otros Museos y colecciones,
así como en las posibilidades de completar y ampliar
la colección del futuro museo, tanto en piezas como
en documentación.
En este sentido, resultaría de gran interés
poder contar cuanto antes con todo el archivo personal del
artista (correspondencia, fotografías, objetos personales,
etc.), ya que constituye un material muy necesario para futuros
estudios de su obra y de su época. Esto supondría
un nuevo gesto de generosidad por parte de la familia del
artista, que enriquecería aún más el
proyecto.
Por todo ello, es importante insistir en la presencia de responsables
técnicos desde el inicio de la operación, y
que se active de forma prioritaria la construcción
del edificio del Museo en Zamora, antes de proceder a difundir
la obra de Baltasar Lobo a través de exposiciones itinerantes
gestionadas por la Fundación Gabarrón -de dudosa
trayectoria en el panorama del arte contemporáneo-,
como ha propuesto en alguna ocasión el Ayuntamiento
de Zamora. Hay que reflexionar acerca de los graves riesgos
que implica la itinerancia de toda obra de arte, tan sólo
justificados -y no siempre- por la importancia de la muestra
en la que vaya a participar. Los Museos, siguiendo normas
de carácter internacional, controlan rigurosamente
los préstamos de obras, su movimiento y manipulación,
desplazando a su personal técnico para que las acompañe
y proteja durante todo el proceso de embalaje y montaje; y
evitan que viajen juntas muchas piezas de un mismo artista
o colección, ya que en el caso de cualquier siniestro
su deterioro o pérdida supondría un auténtico
descalabro para el centro.
Difundir la obra de Lobo entre prestigiosos museos nacionales
resulta una iniciativa atractiva y prometedora, pero pueden
buscarse soluciones alternativas que limiten los riesgos que
implica la itinerancia de la colección. La presentación
en otros museos del proyecto del Museo Baltasar Lobo en Zamora
puede ofrecerse en distintos soportes -impreso, gráfico,
audiovisual- y, en todo caso, puede ir acompañada de
una "pieza invitada" (controlada, por supuesto,
por responsables técnicos del museo), lo que serviría
para difundir tanto la obra de Lobo como la del Museo que
se estará construyendo en nuestra ciudad.
Por último, si la colección ha sido donada por
el autor a la ciudad de Zamora, nos parece que es en ella
donde debe presentarse una colección de la que no deja
de hablarse y que ningún ciudadano conoce. ¿No
sería más adecuado presentar el proyecto del
museo, el equipo técnico y la colección a los
ciudadanos a través de una exposición importante,
con buena publicidad en los medios de comunicación
nacionales (revistas especializadas y periódicos de
gran tirada) e invitar a los principales Directores de Centros
de Arte Contemporáneo de España y Portugal?.
Ciertamente, no le vendría nada mal a esta ciudad,
que tanto lucha por atraer un turismo de calidad, hacer una
presentación de la colección por todo lo alto.
El Foro ciudadano teme que el excesivo control político
de este asunto pueda provocar su fracaso, tal como está
sucediendo, y lamentamos profundamente, en otros proyectos
importantes de esta provincia como la Fundación Hispano-Lusa
Rei Afonso Henriques.
Zamora
25 de mayo de 2004 FORO CIUDADANO DE ZAMORA
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