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La
Lleva
ya un mes en servicio la rotonda construida en la Puerta
de la Feria con el aplauso de algunos, las quejas de muchos
y la falta de indiferencia de todos. No cabe duda de que
la obra ha sido más problemática de lo que
en un principio se pensaba. Primero porque se realizó
y presentó públicamente un proyecto que finalmente
no ha sido ejecutado. Segundo, porque aprovechando la circunstancia
de la construcción de la rotonda, se efectúa
el derribo del edificio que ocupaba el solar que actualmente
es pura escombrera y que hace doble esquina a la Avenida
de la Feria, la Calle de la Feria y la Costanilla de San
Bartolomé. Negar la situación estratégica
de este solar de cara a la liberación de los paños
de muralla así como al espacio que se ganaba para
ejecutar la rotonda es negar la evidencia. Pero negar, como
lamentablemente hemos podido escuchar en alguna ocasión
a alguien supuestamente versado en el tema, el conocimiento
del trazado de la muralla y la factible aparición
de su cimentación precisamente en el solar mencionado
es sencillamente escandaloso. Más aún, llegar
a admitir el primer proyecto de rotonda sin que éste
contara con la posibilidad de estos hallazgos que supone
una incompetencia manifiesta. A algunos parece que les sorprendió
sobremanera la aparición de este zócalo de
sillares del siglo XX mezclados con ladrillos tabiqueros,
vigas de madera, adobes y veintitrés piedras de muralla,
junto con el sillar que testifica las obras llevadas a cabo
en la zona en el siglo XVIII.
Tras
cinco meses de interminable obra, la rotonda se inaugura,
y los restos aparecidos esperan hasta la primera semana
de noviembre cuando la Comisión Provincial de Patrimonio
de la Junta de Castilla y León hace publica su decisión
de conservarlos. La decisión final sorprende. Sorprende
porque, amén de conservar los restos, plantea tapar
los dos vanos del muro, que fueron ventana y escaparate,
con ladrillo enfoscado con cemento blanco. ¿Dónde
se ha visto tal grado de protección con elementos
de tan escasísimo valor patrimonial?. Es todo un
atentado contra el sentido común. Sin duda, una muestra
más de la falta de planificación y criterio
objetivo y para todos los casos ante este tipo de hallazgos.
Y lo que es peor, puro arqueologicismo.
Conviene recordar que a finales de los años noventa
la delegación en Zamora del Colegio Oficial de Arquitectos
de León convocó un concurso de ideas para
la ordenación del entorno de la muralla entre los
emplazamientos de la Puerta de san Martín y la Puerta
de la Feria. Resultó ganadora la propuesta del grupo
encabezado por Joaquín Hernández y Angel L.
Gallego. El proyecto fue publicado, presentado a los medios
de comunicación y a la ciudadanía, pero de
él nada hemos vuelto a saber. Si este proyecto ha
sido asumido por las instituciones locales, debería
aplicarse en su integridad sin perder un instante, también
en lo concerniente a la rotonda de la Puerta de la Feria.
Si no ha sido así, urge planificar inmediatamente
las intervenciones que habrán de realizarse en todo
el conjunto. Por favor, nunca más actuaciones esporádicas
sin orden ni concierto y mucho menos sin visión de
conjunto, a las que tan acostumbrados estamos en el ámbito
patrimonial en Zamora.
Ahora bien, el problema de fondo no está aquí.
La rotonda de la Puerta de la Feria no es que tenga ya una
historia controvertida, sino que, sencillamente, no debería
existir. O al menos no debería existir en ese emplazamiento.
La cuestión de la Puerta de la Feria no está
en esta rotonda ni en el ridículo muro que se conservará,
sino que es más profunda. La cuestión de raíz
de la Puerta de la Feria está en la jerarquización
de viales y flujos de tráfico junto a un elemento
de alto valor patrimonial como es la muralla. Situémonos.
La N-122 es una travesía que pasa no sólo
por el centro de Zamora, sino plenamente tangente al mayor
paño de muralla que conservamos, como es el tramo
que discurre desde Trascastillo hasta el final de la Ronda
de la Feria. Esto supone que cada día cientos de
camiones y turismos pasan junto a la muralla de la Avenida
de la Feria, cuando el sentido común advierte de
su nula conveniencia. Este hecho, además de infravalorar
y desmerecer el valor patrimonial de la muralla en este
tramo, hace que cada día ésta soporte un volumen
de tráfico excesivo, con todo lo que ello conlleva
de suciedad por contaminación, vibraciones, etcétera.
Esto debería ser la primera alarma. Pretendemos liberar
todo este tramo de muralla de edificaciones adosadas a ella,
construir un gran paseo a modo de bulevar a sus pies y potenciar
el valor de conjunto de la muralla, pero aún no hemos
caído en la cuenta de lo nefasto que está
resultando tal cantidad de volumen de tráfico sobre
la Avenida de la Feria. Parece evidente que entre lo que
pretendemos y la realidad existe una absoluta contradicción
Los más básicos criterios urbanísticos
de jerarquización de viales y ordenación del
tráfico ponen de manifiesto la necesidad de replantear
y planificar estos espacios conforme a su verdadero valor
y relevancia, y sobre todo alejar grandes volúmenes
de tráfico, especialmente el pesado, de zonas de
tal entidad patrimonial. Adelantémonos a lo que en
breve será irremisible y que sin duda terminará
por ejecutarse, antes o después.
Por gran suerte, en Zamora, lo tenemos muy fácil.
Contamos con un eje viario prácticamente paralelo
al que venimos hablando; y además unos cuantos metros
más alejado del entorno de la muralla, los necesarios
como para no interferir, y a la vez los suficientes como
para no desvincularse. Es el eje formado por las calles
de Pisones, Obispo Nieto, Villalpando y su prolongación
en la Calle Ferrocarril. Dicho eje cuenta con el suficiente
espacio tanto en longitud como en anchura como para convertirse
en una arteria de cierta entidad y asumir el volumen de
tráfico del que hablamos. Más aún,
la posible problemática que los vehículos
pesados pudieran ocasionar sobre los centros de estudios
de este eje quedaría solventada acentuando la solución
que se está aplicando en la actualidad, que no es
otra que desviarlos por la Cuesta de la Morana hacia la
autovía. Quedaría un último resquicio
por salvar, el edificio de la Calle de la Puebla nº
4, que rompe la línea edificatoria de este eje, estrechando
la calzada hasta provocar un efecto embudo con la iglesia
de san Lázaro. Una adecuada política de expropiación
y la remuneración que marca la ley a sus propietarios
harían posible su demolición en aras del bien
común. De esta forma quedan abiertas las puertas
para la construcción de este eje viario, que desahogaría
el entorno de la muralla y que, gracias a su anchura, podría
acoger incluso algún carril adicional.
Pero además, aparece una segunda ventaja que hace
de este eje una propuesta aún más creíble
y digna de consideración. Por sí mismo conecta
directamente la carretera de Alcañices-Portugal (N-122
E-82) -a la que se uniría el nuevo puente sobre el
Duero- con la avenida del Cardenal Cisneros (N-630). De
esta forma conseguimos que nuestro eje viario, además,
sirva de vía de conexión entre ambas travesías.
La propuesta resulta cuando menos interesante y sugerente.
Entonces sería el momento de comenzar a mimar la
muralla y su entorno en la Avenida de la Feria y la Ronda
de la Feria. Estas mismas calles nos lo siguen poniendo
fácil. Con la reducción del volumen de tráfico
y la desaparición de la travesía comenzamos
a ganar espacio para el peatón. La calzada se estrecha
levemente y se reducen a dos los carriles, uno para cada
sentido. Además, el tráfico se puede hacer
más lento con una simple pavimentación en
adoquinado. La consecuencia inmediata es que se gana espacio
para ampliar las aceras a modo de paseo, se dotan de un
mobiliario urbano conveniente y se abren nuevas posibilidades
de iluminación de la muralla. Con una intervención
tan relativamente leve queda multiplicado el valor patrimonial
tanto de la muralla como de su entorno. Gana la ciudad,
ganamos todos.
Se puede estar o no de acuerdo con lo aquí planteado,
pero nadie pondrá en duda que es momento de prestar
especial atención al tramo de muralla del que venimos
hablando, máxime cuando cada vez está más
despejado de edificaciones adosadas. Y lo que tampoco se
puede negar es que todos los elementos patrimonialmente
sensibles de Zamora necesitan de una planificación
adecuada y efectiva de la que comúnmente se adolece.
Probablemente, según lo expuesto, el lugar idóneo
para la rotonda de la Feria no sea el actual, sino desplazado
unos metros, justo junto a la iglesia de san Lázaro.
La muralla y su entorno lo demandan. La voluntad de liberarla
de edificios, de dignificarla por tanto, lo aconseja. Ojalá
se apliquen las ideas ya aprobadas, o en su caso se propongan
otras nuevas, pero con visión de conjunto y sobre
todo con criterio para intervenir en el entono de la Feria.
Rafael Ángel García Lozano
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