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Moneo
nos acaba de lanzar un guante. Como toda intervención
de un afamado arquitecto sobre un monumento histórico,
la suya sobre el castillo de Zamora nos puede convencer
más o menos, o resultar más o menos adecuada
o ambiciosa. En esto de la arquitectura, y más aún
en el urbanismo, tampoco nunca llueve a gusto de todos,
y, como en el fútbol, parece que todo el mundo somos
expertos. Por eso bien vale leer antes de hablar, fiarse
de quienes se dedican a ello y, eso sí, decir una
palabra, o las que hagan falta, porque en el fondo la ciudad
la hacemos todos.
Algunos
ya manifestamos en su momento que el castillo no era el
lugar más adecuado para ubicar la obra de Lobo. No
podemos llevar el Museo de Lobo al castillo solo porque
no sabemos qué uso darle al monumento. Incluso se
propusieron como sede el Banco de España o el Palacio
de la Diputación. Con todo, se ha optado finalmente
por el castillo. Así sea.
No
cabe la menor duda de que la elección del castillo
conlleva la intención de revitalizar en alguna medida
nuestro casco antiguo, ya de por sí bastante muerto.
Personalmente estoy convencido de que el futuro Museo de
Baltasar Lobo no lo conseguirá, aunque algo ayude
(¿lo hace acaso “el tirón” de
la Catedral?). Solamente podremos revitalizar nuestro casco
antiguo con una triple inyección de actividad comercial
(existe un PRICO todavía en pañales), cultural
y administrativa, y por este orden.
Por
eso ahora, como decía al principio, nos toca coger
el guante que nos ha lanzado Moneo. Su intervención
en el castillo y el futuro museo se deben aprovechar como
revulsivo de la zona. No hay milagros, pero se pueden hacer
cosas. Y la prioritaria, a mi juicio, son los jardines del
castillo. Incomprensiblemente permanecen prácticamente
sin tocar desde que fueron concebidos, al más puro
estilo de jardín pseudorromántico. Sucesivos
ayuntamientos no han sabido o querido intervenir en ellos
para dotarlos de vida, cambiar su uso e incluso borrarlos
del mapa. O ni siquiera llegaron a barajarlo. Parece que
estos jardines, antesala de la decadencia de nuestro casco
antiguo, o los hemos hecho intocables por no se sabe qué
razón, o los consideramos tan residuales que ni siquiera
nos es provocativa su acta de defunción ya firmada.
¿Qué
hacer? No hay recetas. Lo cierto es que hay que intervenir
para que este espacio deje de ser esa suerte de tierra de
nadie entre la catedral y el castillo. En primer lugar animo
al Ayuntamiento y a la ciudadanía a no tener miedo
a intervenir en estos jardines. Darles vida puede suponer,
quizá, romper la imagen que guardamos de ellos, testigos
de las fotos de nuestra boda o comunión. Pero parece
evidente que instalar un quiosco o poner unos columpios
no es solución para devolverles la vida, ni a los
jardines ni al entorno. ¿Habría entonces que
renunciar a ellos y permitir la construcción de obra
privada? En absoluto. ¿Entonces?
Quizá
las pistas nos las puede dar la obra de Moneo. Cojamos el
guante que nos lanza y pensemos en crear una estructura
cultural que apoye al Museo, e incluso que le ofrezca un
considerable incremento de metros cuadrados. No sería
descabellado, y sí ejemplo de positiva ambición
política y cultural, construir en parte de la superficie
de los jardines un edificio público que complementara
al museo; un edificio semienterrado, que no desdijera en
absoluto del entorno, más aún, que estuviera
perfectamente integrado, y que no superase la cota mínima
de la muralla para evitar el impacto visual sobre ella.
Un edificio que fuera la auténtica parte viva del
museo. No sería tampoco descabellado volver a dotar
de vida el antiguo laboratorio municipal, instalando ciertas
dependencias municipales de atención al público,
ampliándolo incluso al modo antedicho. No sería
descabellado cerrar definitivamente la plaza de la catedral,
jubilando el “quiero pero no puedo” de la columnata
de los Jerónimos. Quizá algunas de estas ideas
resulten inabordables. No sé si en Zamora hay que
construir aún más edificios públicos
de índole cultural. Pero intuyo que el escaso y muy
puntual uso de los que ya tenemos, además de los
que están en proyecto, lo desaconseja.
Con
todo, lo cierto es que, como ciudad, tenemos que replantear
el ser y función de los jardines del castillo, porque
su agonía es escandalosa. Por supuesto, tanto el
Ayuntamiento como toda la ciudad debemos apostar por este
espacio. Y quizá no sea nada descabellado y sí
lo más aconsejable convocar un concurso de ideas
de ámbito nacional o internacional para que mentes
bienpensantes, buenos arquitectos y urbanistas nos ayuden
a vivificar el corazón y origen de nuestra ciudad.
Puede que sea el momento de aprovechar la mejor oportunidad
que el museo Baltasar Lobo nos brinde.
Rafael
Ángel García Lozano
Miembro del Foro Ciudadano de Zamora
Zamora, 24 de febrero de 2006
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