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Hace poco más de un mes en estas mismas líneas
planteábamos la problemática de los edificios
racionalistas de las décadas de los 30-40 de nuestra
ciudad como arquitectura en auténtico peligro de
extinción. Se ponía sobre aviso y se alertaba
ante las intervenciones que se están ejecutando en
estas arquitecturas, especialmente en la antigua Escuela
Normal, el edificio de la plaza del Maestro Haedo y en el
edificio Neches. Hoy nos toca entonar el réquiem,
un réquiem por el edificio de viviendas Neches.
El
emblemático edificio de la plaza de Alemania-plaza
del Maestro, que durante muchos años ha albergado
el establecimiento de deportes Lucas, fue despojado a comienzos
de la semana pasada de los andamios que lo han cubierto
durante los últimos meses, y con ellos se destapó
el escándalo.
La
intervención que el edificio ha sufrido (lamentablemente
nunca mejor dicho) ha destrozado el edificio, lo ha echado
por tierra, lo ha despersonalizado, desidentificado, ha
arrasado su tipología, se lo ha cargado literal,
total y absolutamente. Esta nefasta pseudo obra de rehabilitación
no ha respetado en absoluto la tipología racionalista
de este edificio de 1933. Un edificio que al exterior mostraba
hasta hace pocos meses su limpieza de planos, el predominio
de cenefas que contraponían la línea horizontal,
el empleo del ladrillo cara vista en contraste con los paños
lisos de sus fachadas, los característicos ojos de
buey, la curvatura de los voladizos de la fachada a la plaza
del Maestro, el fin, toda su tipología arquitectónica
racionalista ha desaparecido, de un plumazo.
Sin
lugar a dudas, esta intervención no demuestra la
más mínima sensibilidad ni intención
de respeto para con estas arquitecturas. Demuestra ser obra
de un lápiz que hace dignas obras nuevas borrando
todo pasado, pero más que dudable competencia al
respecto de intervenciones en estas tipologías. Ni
siquiera la reforma que sufrió este edificio en 1962
fue, ni de lejos, tan nefasta. Y los que nos gobiernan y
se encargan de gestionar este tipo de cuestiones, como siempre,
mirando para otro lado.
Si tienen ustedes el calendario de mesa de 2007 que de forma
tan exquisita imprime cada año la librería
Jambrina pueden contemplar en su primera página por
última vez lo que fue el edificio que hoy ya no es
tal. Indignante.
Rafael
Ángel García Lozano
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