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La
Universidad española está llena de "gorrones",
de mediocridades con muy poca capacidad, que copan estupendo
puestos, Cátedras incluidas. Es el fruto, cada vez
más visible, de la endogamia y el enchufismo que
campa en los campus académicos. Obviamente estas
cosas se dicen esencialmente fuera de los muros universitarios.
Dentro, la felicidad lo impide: pónganse en lugar
de un torpe que, gorroneos académicos mediante, logra
alcanzar nada menos que una Cátedra vitalicia, en
la que trabaja sólo lo que le venga en gana y magníficamente
pagada. Defenderá hasta la muerte que la Universidad
es el colmo de la eficacia y la sabiduría. Y su opinión
será la de un catedrático, nada menos. ¿De
quién se va a fiar usted? ¿De un excelentísimo
señor Catedrático o de un simple columnista,
por ejemplo, que pasaba por allí?
Por
eso es tan difícil criticar a la Universidad. Pese
a su lamentable estado, conserva un altísimo prestigio
que la hace casi inmune a la crítica. Observen, como
síntoma significativo, que es la única institución
de este país -además de la Justicia, otra
que tal- que nunca vivió "transición"
democrática alguna, pese a que el régimen
anterior había depurado a lo más selecto y
convertido en catedráticos a los del bigotillo horizontal.
La Transición pasó por la Universidad sin
romperla ni mancharla, sin rozar el más mínimo
de los privilegios heredados. La democracia, pese a las
continuas reformas, no ha conseguido mejorarla. Quizá
porque ningún gobernante se ha atrevido a gobernarla
desde fuera. Los ministros, los responsables de Educación,
son sistemáticamente parte de esa Universidad endogámica
y mediocre; se les va a buscar a las propias Cátedras
y Departamentos. Con lo cual, ya me dirán.
Pese
a lo cual, incluso con todos esos condicionantes, surgen
voces desde dentro alertando del desastre y el propio Gobierno
es consciente de la pésima Universidad que nos gastamos.
Así, al secretario de Estado de Universidades, el
salmantino Miguel Angel Quintanilla, le acaban de grabar
una charla con jóvenes licenciados en la que confiesa
abiertamente que ser "gorrón ha sido muy rentable
en la Universidad española". Y comenta, como
ejemplo, que es normal en España invitar a los mejores
expedientes a solicitar una beca, mientras a los que no
son tan buenos "se les da una plaza de ayudante".
"Si me da tiempo, lo cambiaremos en esta legislatura",
dijo también Quintanilla, en referencia al sistema
que permite el aplastamiento sistemático de los mejores
en la Universidad.
Pero
no lo creo. Ni les dará tiempo, ni es probable que
lo intenten. Si les cuento todo esto es sólo para
que sepan lo que hay y para que no tengan en tan alta consideración
a los docentes universitarios. Los hay brillantes, desde
luego. Pero el noventa por ciento son una auténtica
calamidad intelectual. O como dice Quintanilla, unos gorrones.
Si lo sabrá él, que es universitario.
BRAULIO
LLAMERO
Zamora, 22 de agosto de 2007
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