| |
|
Siguiendo el archiaplicado
criterio de dejar exentos de edificaciones adosadas los
monumentos histórico-artísticos, generalmente
con óptimos resultados aunque ocasionalmente con
aberraciones como nuestro templo de San Juan de Puertanueva,
la iglesia de Santo Tomé, en el barrio de La Horta,
aparece ahora en todo su sencillo esplendor. A partir de
aquí sólo resta la limpieza exterior de su
muro sur, nada artístico por otra parte, y la adecuación
del espacio urbano resultado del derribo de las dos casas
de una sola planta que ocupaban estos solares. La plaza
de Santo Tomás se completa. Aunque no del todo.
Cuando
en el año 1996 fue restaurada esta iglesia románica,
afortunadamente la actuación llevó consigo
desenterrar su ábside y parte del muro norte, ocultos
por hasta 120 centímetros de tierras que con el paso
del tiempo habían ido acumulándose exteriormente
sobre el nivel original del terreno. Las obras sacaron a
la luz y recuperaron entonces la integridad de sus muros
desde la cota de cimientos, el zócalo y las basas
de las columnas del ábside, además de recrear
en el pavimento los restos de la necrópolis aparecida.
El resultado final fue la plaza que hoy disfrutamos, en
la que aparece y se privilegia claramente el nivel original
de construcción, con voluntad manifiesta de extenderse
a todo el entorno. A pesar del escalonamiento resultante
en la plaza de Santo Tomás, buscando deliberadamente
mantener el nivel original del terreno, aquella magnífica
adecuación del espacio circundante puso en valor
tanto el templo como su contexto.
Lamentablemente
las últimas obras de pavimentación de esta
plaza, ejecutadas en el marco del Proyecto Integral de Recuperación
Urbana de los Barrios Bajos entre los años 2006 y
2007, no han querido seguir esta línea, a pesar de
las posibilidades que brindaba la recuperación de
la cota original del entorno al quedar ahora exento Santo
Tomé. Y peor aún, tampoco el Ayuntamiento
ha exigido bajar ese centenar de centímetros a los
dos edificios que acaban de ser construidos justo frente
al muro sur y ábside del templo. Ambos inmuebles,
conformando la calle de nueva apertura "Ronda de Puerta
Nueva", se han levantado a partir del nivel constructivo
actual, perpetuando los siete escalones que sepultan para
siempre Santo Tomé. Y al otro lado de la calle, sobre
la cara interior del lienzo de muralla en Puerta Nueva,
el recién trazado nivel del pavimento entierra hasta
80 centímetros un tramo de muralla. Es normal que
las sucesivas ocupaciones se superpongan, pero también
es de sentido común no enterrar innecesariamente
lo que valoramos como patrimonio.
Son detalles, sin duda,
pero éstos dan razón del cuidado por nuestro
patrimonio histórico y sobre todo del buen gusto
a la hora de intervenir en la ciudad.
Rafael
Ángel García
Zamora, 11 de septiembre de 2007
|
|