Buenas tardes y buena suerte (8-10-07)
 

 

      Dentro de la historia del Asociacionismo en España, hay un momento especial en el tránsito de la década de los sesenta a los setenta, donde los movimientos vecinales fueron especialmente activos, con voluntad de participación en la remodelación y gestión de la ciudad. Un ejemplo claro lo tuvimos en Zamora con los vecinos de San José Obrero y sus manifestaciones públicas por nuestras calles. Ello se debió en parte, como dijo Vázquez Montalbán, a que el “régimen franquista había dejado ciertas válvulas de escape para la expresión crítica como era el fútbol o la política municipal”. En muchos de estos movimientos se unían dos malestares: uno el político, por la evidente falta de libertades básicas, y otro por el desarrollismo salvaje y capitalista con el que se actuaba en las ciudades españolas, dejando a un lado las necesidades reales de los barrios. A partir de 1977 se produce una crisis general en los movimientos sociales, que se vacían de contenido al canalizarse las reivindicaciones sociales a través de los partidos políticos. Todo ello conlleva, que a partir de los 80 se debilite el Asociacionismo Vecinal en su carácter reivindicativo.
Esta breve introducción viene a cuento del cambio producido en la presidencia de la FAVE de Zamora que al parecer ha desbaratado los planes de la vieja guardia. En declaraciones a los medios de comunicación del actual presidente ya se escuchan palabras lógicas y a la vez básicas y eternas como son “ser reivindicativos con cualquier grupo político”. La FAVE de la capital, donde no están todas las Asociaciones Vecinales, ha sido hasta ahora una quimera de lo que debería ser una organización de este tipo; estuvo siempre domesticada gracias a los apoyos oficiales, ya sean de dineros o de otras componentes laborales más o menos encubiertas; nunca ha tenido una visión ciudadana de reivindicación organizada frente a los problemas que tiene nuestra ciudad y sus barrios, que es su objetivo principal. Son pequeños reinos de Taifa bien manejados por el poder de turno, con visiones reduccionistas de la ciudad y sus necesidades. En las elecciones municipales pasadas, el PP cuidó especialmente a este gremio, de donde procede una de sus concejalas. Como indicativo de esta falta de sintonía que la FAVE tiene con la ciudad bastan dos ejemplos: no han presentada ninguna alegación al PGOU y se opusieron con todas sus fuerzas a la construcción de tres Centros Cívicos en la ciudad, pensados para todos los ciudadanos y sus asociaciones diversas, incluidas las propias AV. ¿Por qué esos silencios? ¿Por qué esa oposición? Sencillamente, porque no quisieron importunar al alcalde anterior Antonio Vázquez y porque tienen miedo de que una política de servicios públicos municipales de calidad les puede restar dinero a sus actividades vecinales, muy respetables, pero menores y parciales. Detrás de ese silencio y esa oposición sólo había intereses más bien rancios. Confiemos que se pongan al día y sigan el mismo camino que el resto de ciudades españolas.


Antonio Gallego

 
 
 
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