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Dentro de la historia
del Asociacionismo en España, hay un momento especial
en el tránsito de la década de los sesenta
a los setenta, donde los movimientos vecinales fueron especialmente
activos, con voluntad de participación en la remodelación
y gestión de la ciudad. Un ejemplo claro lo tuvimos
en Zamora con los vecinos de San José Obrero y sus
manifestaciones públicas por nuestras calles. Ello
se debió en parte, como dijo Vázquez Montalbán,
a que el “régimen franquista había dejado
ciertas válvulas de escape para la expresión
crítica como era el fútbol o la política
municipal”. En muchos de estos movimientos se unían
dos malestares: uno el político, por la evidente
falta de libertades básicas, y otro por el desarrollismo
salvaje y capitalista con el que se actuaba en las ciudades
españolas, dejando a un lado las necesidades reales
de los barrios. A partir de 1977 se produce una crisis general
en los movimientos sociales, que se vacían de contenido
al canalizarse las reivindicaciones sociales a través
de los partidos políticos. Todo ello conlleva, que
a partir de los 80 se debilite el Asociacionismo Vecinal
en su carácter reivindicativo.
Esta breve introducción viene a cuento del cambio
producido en la presidencia de la FAVE de Zamora que al
parecer ha desbaratado los planes de la vieja guardia. En
declaraciones a los medios de comunicación del actual
presidente ya se escuchan palabras lógicas y a la
vez básicas y eternas como son “ser reivindicativos
con cualquier grupo político”. La FAVE de la
capital, donde no están todas las Asociaciones Vecinales,
ha sido hasta ahora una quimera de lo que debería
ser una organización de este tipo; estuvo siempre
domesticada gracias a los apoyos oficiales, ya sean de dineros
o de otras componentes laborales más o menos encubiertas;
nunca ha tenido una visión ciudadana de reivindicación
organizada frente a los problemas que tiene nuestra ciudad
y sus barrios, que es su objetivo principal. Son pequeños
reinos de Taifa bien manejados por el poder de turno, con
visiones reduccionistas de la ciudad y sus necesidades.
En las elecciones municipales pasadas, el PP cuidó
especialmente a este gremio, de donde procede una de sus
concejalas. Como indicativo de esta falta de sintonía
que la FAVE tiene con la ciudad bastan dos ejemplos: no
han presentada ninguna alegación al PGOU y se opusieron
con todas sus fuerzas a la construcción de tres Centros
Cívicos en la ciudad, pensados para todos los ciudadanos
y sus asociaciones diversas, incluidas las propias AV. ¿Por
qué esos silencios? ¿Por qué esa oposición?
Sencillamente, porque no quisieron importunar al alcalde
anterior Antonio Vázquez y porque tienen miedo de
que una política de servicios públicos municipales
de calidad les puede restar dinero a sus actividades vecinales,
muy respetables, pero menores y parciales. Detrás
de ese silencio y esa oposición sólo había
intereses más bien rancios. Confiemos que se pongan
al día y sigan el mismo camino que el resto de ciudades
españolas.
Antonio
Gallego
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