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Intervenir
en los bajos comerciales de un edificio no es una tarea
especialmente complicada. Pero si se trata de un edificio
histórico o de cierto valor patrimonial la cosa cambia.
Y cambia porque no todo vale, no se puede intervenir que
cualquier forma, y sobre todo porque se pone en juego el
buen gusto. Adecuar un local comercial requiere principalmente
lograr un resultado óptimo para la nueva actividad
comercial. Pero en ello entra también armonizar el
local con el conjunto del edificio, acompasarlo e integrarlo
en éste, formando parte de él como un todo,
pero a la vez con su peculiaridad propia. Poco a poco van
apareciendo buenos ejemplos.
Los años 70 trajeron consigo el rompe y rasga. Como
en otros muchos ámbitos patrimoniales, irrumpía
una nueva estética, un repunte del comercio, y la
transformación de los locales se abrió paso
casi a bocajarro. Los antiguos locales comenzaban a transformarse
entendiéndose como espacios distintos y totalmente
ajenos al resto del edificio. Se remarcaba deliberadamente
su diferencia -una cosa era el comercio y otra las viviendas-,
y saltaba por los aires el hasta entonces vigente modelo
de inmueble, con comercio en la planta baja y viviendas
para el propietario en las superiores. Aparecieron marquesinas
que trataban de desvincular ambas partes, se forraron las
antiguas fachadas con nuevos materiales y formas, y se rasgaron
los vanos hasta alterar hasta el extremo la fachada comercial.
Esto en todas las ciudades, también en la nuestra.
Aún quedan ejemplos significativos bien céntricos.
Por
suerte las cosas cambian. Hoy el criterio es el respeto
por el edificio, la integración del local en éste,
y el valor de conjunto. En Zamora se han ido ejecutando
buenas obras, y algo de ello se ha puesto de manifiesto
recientemente, con óptimos resultados.
Tres
han sido los locales comerciales, en pleno centro de la
ciudad, que a finales de la pasada primavera se han reformado
conforme a estos criterios. Dos de ellos formando parte
de edificios históricos y un tercero en un edificio
ciertamente singular. La zapatería Fast Foot, en
Alfonso IX 6, desmonta la cafetería San Remo y se
integra en el edificio recuperando incluso la forma y molduras
de los huecos de la fachada de 1927. Casi enfrente, en Alfonso
IX 3 esquina a Flores de San Torcuato, Ibercaja reabre este
local que ya acogiera dos oficinas de banca, recuperando
también los vanos y la forma originales de los bajos
del edificio, contemporáneo al anterior. Por último,
el local de Santa Clara 32, que si no destaca por su vistosidad
sí por su privilegiada ubicación. La obra
de adecuación de la oficina del Banco de Castilla
ha hecho desaparecer su marquesina, y sobre todo ha transformado
exteriormente el local, dándole continuidad material
y formal con el resto de la fachada. Parece que también
los bajos de la Casa de los Marqueses de Cardeñosa,
en Santa Clara 1, serán exquisitamente respetuosos.
Con estas intervenciones estamos de enhorabuena. Es justo
reconocerlo, felicitar a los responsables municipales, y
por supuesto a los propietarios. Las directrices del PGOU
en su catálogo de edificios protegidos deben seguir
privilegiando esta línea de actuación. Es
responsabilidad de todos. También para el embellecimiento
de nuestra ciudad. Aún queda mucho por hacer en la
Plaza de Sagasta, en San Torcuato, en ciertos locales de
Santa Clara...
Rafael
Ángel García Lozano
Zamora, 23 de octubre de 2007
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