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Dicen los Evangelios
que Jesús le dijo a Pedro: “De cierto te digo
que esta noche, antes de que el gallo cante me negarás
tres veces”. Los mismo le está pasando al PP
con el atentado del 11-M ya que ha mentido tres veces: cuando
ocurrió el atentado, tratando de culpar a ETA de
su autoría, durante todos estos años, hasta
que se inició el juicio, alentando la idea de una
conspiración y ahora que ya conocemos la sentencia,
negando que ellos hayan mantenido dichas posturas. Tres
mentiras que han calado desgraciadamente en muchos españoles,
deformados por la visión política de unos
líderes irresponsables. Ya tenemos sentencia y todo
ello ha quedado descartado ¿Qué responsabilidad
asumirán ahora los Rajoy, Aznar, Acebes y Zaplana
y demás peones? Decía recientemente José
Saramago que estamos inmersos en la “Era de la Mentira”,
usada principalmente como instrumento por cualquier tipo
de poder, especialmente el político. La mentira no
es un error, es la voluntad clara de engañar, de
no decir la verdad, evidentemente para sacar alguna ventaja
personal o colectiva. Como decía Maquiavelo, la política
es un espacio para los embaucadores, donde “el Príncipe
vence por fuerza o por fraude”. Algunas decisiones
o estrategias políticas nacen con el signo claro
de la mentira, en otras se comprueba que allí anidaba
al cabo de un tiempo. En muchos casos, los mentirosos pagan
sus mentiras con la pérdida o debilidad de su poder,
algunos pueden llegar hasta la cárcel, otros, al
contrario, siguen inmunes y, en este acontecer, parte de
los ciudadanos acaban cayendo en la antigua práctica
usada por Goebbels, ministro de propaganda de Adolf
Hitler: "Una mentira repetida mil veces se convierte
en una verdad". El grado de tolerancia con respecto
a la mentira política debía ser un indicador
barométrico de la calidad de la democracia, que para
que funcione necesita que sus decisiones sean informadas
correctamente a los ciudadanos. Aquí empieza uno
de los problemas ya que esta información procede,
en muchos casos, de los mismos partidos políticos,
vía sus medios afines, que anteponen el mantenimiento
o conquista del poder a costa de engañar al ciudadano,
buscando más el voto que la transmisión veraz
de la información ¿Qué podemos hacer?
Soy bastante pesimista que podamos hacer algo. Ya estamos
viendo como el PP y sus medios afines están interpretando
la sentencia. La única solución está
en nuestras manos, cuando tengamos que poner el voto en
las próximas selecciones generales del 2008. Ese
es el único momento para repudiar a los mentirosos
pero no olvidemos que la mentira deja en muchos casos secuelas
importantes que jamás se pueden restaurar.
Antonio
Gallego
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