Buenas tardes y buena suerte (8-01-08)
 

 

      Trascurría el mes de diciembre de 1970 cuando tuvo lugar en la plaza de Colón en Madrid una manifestación convocada por la Iglesia Católica Española y organizaciones afines para pedir el fin de la dictadura del General Franco, la instauración de la democracia y la defensa de los derechos humanos acorde con la carta de las Naciones Unidas. La gran concentración de católicos, que contó con la presencia de numerosos obispos y cardenales, congregó a cerca de dos millones de personas, según los organizadores, y estuvo amenizada por la cantante María Ostiz, cantautora muy popular en España, ligada a los sectores católicos y del Opus Dei, que con un estilo jovial, como de estar en gracia de Dios, vertía mensajes dulzones tipo canciones parroquiales.
Confío que los oyentes se hayan dado cuenta que estoy describiendo una ficción, más propia del día de los Santos Inocentes, que nunca llegó a ocurrir en este país ya que la Iglesia Católica oficial estuvo perfectamente cómoda en los tiempos de la dictadura y no demostró nunca que le importase la democracia y los derechos humanos mientras mantuviese los privilegios que le otorgaba el Dictador. Lo único cierto de lo contado al inicio es lo referente a la cantante María Ostiz, que en la última manifestación del domingo 30 de diciembre, celebrada en defensa de la familia, ha sido sustituida por el personaje Kiko Argüello, que a veces también canta y toca la guitarra con estilo similar.
Los organizadores del acto, siguiendo el estilo de otras organizaciones ligadas a la derecha española, evaluaron el número de asistentes en cerca de dos millones de personas, cifra talismán ya usada en todas las manifestaciones de la derecha, cuando las mediciones reales indicaban que habían asistido unos 160.000. Tal y como están los tiempos en la Iglesia Católica, el mentir no tiene ya demasiada importancia. Recuerdo mi época juvenil, cuando te acercabas tembloroso al confesionario y decías: padre, he mentido tantas veces. Ya no es necesario, la propia Iglesia lo hace de forma descarada. Personalmente no niego a la Iglesia su derecho a manifestar su opinión en aquellos temas que le atañen pero no olvidando que España es un estado laico y son los ciudadanos los que deciden democráticamente sus leyes. En dicha concentración se afirmaron cosas como las siguientes: que la actual legislación del Gobierno socialista disuelve la democracia, que la legislación española en materia de familia ha sufrido un retroceso con respecto a la Declaración de Derechos Humanos y otras lindezas. Manifestaciones como la celebrada el día 30 más parecen actos políticos de presión al gobierno socialista que otra cosa y son contempladas con agrado por el PP.
Para los que tenemos ya algunos años y hemos asistido al comportamiento de la Iglesia Católica oficial en los tiempos de la dictadura, no nos sorprende nada este estilo mitineo y partidista en estos momentos.


Antonio Gallego

 
 
 
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