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Trascurría
el mes de diciembre de 1970 cuando tuvo lugar en la plaza
de Colón en Madrid una manifestación convocada
por la Iglesia Católica Española y organizaciones
afines para pedir el fin de la dictadura del General Franco,
la instauración de la democracia y la defensa de
los derechos humanos acorde con la carta de las Naciones
Unidas. La gran concentración de católicos,
que contó con la presencia de numerosos obispos y
cardenales, congregó a cerca de dos millones de personas,
según los organizadores, y estuvo amenizada por la
cantante María Ostiz, cantautora muy popular en España,
ligada a los sectores católicos y del Opus Dei, que
con un estilo jovial, como de estar en gracia de Dios, vertía
mensajes dulzones tipo canciones parroquiales.
Confío que los oyentes se hayan dado cuenta que estoy
describiendo una ficción, más propia del día
de los Santos Inocentes, que nunca llegó a ocurrir
en este país ya que la Iglesia Católica oficial
estuvo perfectamente cómoda en los tiempos de la
dictadura y no demostró nunca que le importase la
democracia y los derechos humanos mientras mantuviese los
privilegios que le otorgaba el Dictador. Lo único
cierto de lo contado al inicio es lo referente a la cantante
María Ostiz, que en la última manifestación
del domingo 30 de diciembre, celebrada en defensa de la
familia, ha sido sustituida por el personaje Kiko Argüello,
que a veces también canta y toca la guitarra con
estilo similar.
Los organizadores del acto, siguiendo el estilo de otras
organizaciones ligadas a la derecha española, evaluaron
el número de asistentes en cerca de dos millones
de personas, cifra talismán ya usada en todas las
manifestaciones de la derecha, cuando las mediciones reales
indicaban que habían asistido unos 160.000. Tal y
como están los tiempos en la Iglesia Católica,
el mentir no tiene ya demasiada importancia. Recuerdo mi
época juvenil, cuando te acercabas tembloroso al
confesionario y decías: padre, he mentido tantas
veces. Ya no es necesario, la propia Iglesia lo hace de
forma descarada. Personalmente no niego a la Iglesia su
derecho a manifestar su opinión en aquellos temas
que le atañen pero no olvidando que España
es un estado laico y son los ciudadanos los que deciden
democráticamente sus leyes. En dicha concentración
se afirmaron cosas como las siguientes: que la actual legislación
del Gobierno socialista disuelve la democracia, que la legislación
española en materia de familia ha sufrido un retroceso
con respecto a la Declaración de Derechos Humanos
y otras lindezas. Manifestaciones como la celebrada el día
30 más parecen actos políticos de presión
al gobierno socialista que otra cosa y son contempladas
con agrado por el PP.
Para los que tenemos ya algunos años y hemos asistido
al comportamiento de la Iglesia Católica oficial
en los tiempos de la dictadura, no nos sorprende nada este
estilo mitineo y partidista en estos momentos.
Antonio
Gallego
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