Buenas tardes y buena suerte (19-02-08)
 

 

      Por si no bastaba con una taza, te tienes que tomar dos. Me refiero a los dos procesos electorales con los que nos están golpeando diariamente y a los que todavía les queda carrete: las elecciones generales en España a primeros de marzo y las de EE.UU a finales del 2008. A medida que avanza la campaña, cada vez me alejo más de ella. Casi todo se concentra en los dos líderes políticos que pueden llegar a ser Presidente, jaleados por sus acólitos. El resto de fuerzas políticas, en un sistema proporcional como el español, bastante hacen con sobrevivir salvo los nacionalistas, a los que les sale más barato el escaño. Al principio de la campaña se habla mucho de programas electorales concretos pero a medida que se acerca la fecha de la elección, se van haciendo más confusos. De hecho, según se publica en las encuestas, no llega al 8 % quien los recuerda. Todo este lío se resolvería si la Ley Electoral obligase a todos los partidos a hacer público sus programas el mismo día y hora, sin poderlos modificar, y emplear el resto de la campaña a compararlos y debatirlos. Con el sistema actual, los principales partidos van cambiando su programa en virtud de lo que dice la competencia. Si tú das cien yo ciento veinte y así todo el rato. Ya no los cree nadie. El economista y político Joseph Schumpeter ya preconizaba la pérdida de la capacidad de los ciudadanos para la valoración racional de la política, que se sustituye por factores más manipulables como son la política expresiva y simbólica, que llegan mejor al ciudadano y las manejan perfectamente los medios de comunicación. En este sentido, la democracia, según Schumpeter, se convierte en una carrera donde los líderes tienen un papel prioritario, donde el carisma, real o fabricado, juega un papel fundamental en el resultado, de ahí la importancia del llamado marketing político, que ya iniciaron hace muchos años los americanos. La democracia significa tan solo que el pueblo tiene la oportunidad de aceptar o rechazar a los hombres que han de gobernar, dejando a un lado el fondo ideológico de sus programas. Personalmente yo no soy tan rotundo como Schumpeter pero ya casi nadie duda que en las campañas electorales predomina el ruido y el espectáculo alrededor del líder.
Curiosamente en las elecciones previas norteamericanas, en el bando demócrata va ganando terreno un afro americano, Barak Obama, cuyo mensaje talismán se basa en la palabra cambio, que poco a poco va arrastrando a gente muy diversa: blancos y negros, jóvenes y mayores, hombres y mujeres y clases sociales muy diversas. Su estrategia se parece a la que llevó a cabo John Kennedy en los años sesenta. La palabra cambio, en boca de una persona que transmite confianza y honradez, sigue moviendo montañas en el mundo de la política. Buenas tardes y buena suerte.


Antonio Gallego

 
 
 
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