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Cuántas veces
después de asistir a un acto cultural o de debate
en Zamora, ya en la salida, alguien se lamenta diciendo
¡Apenas había jóvenes! Es una queja
repetida que no tiene una clara contestación porque
nos enfrentamos con una realidad compleja, poliédrica
y rica en matices. La juventud de hoy en día vive
como encerrada en su propio ensimismamiento pensando que
su juventud es un valor absoluto cuando en realidad es un
periodo de la vida bastante efímero y fugaz. Según
encuestas, ellos mismos se definen como: consumistas, rebeldes,
pensando sólo en el presente, independientes, egoístas
y con poco sentido del deber. Para encontrar algún
aspecto positivo como: leales en la amistad, solidarios,
tolerantes, trabajadores, maduros y sacrificados hay que
desplazarse hasta los últimos lugares de la lista,
con porcentajes irrisorios. Practican una estética
marcada por la publicidad, el consumismo y esa necesidad
de ser diferente, atrevido, rebelde que al final se convierte,
como dice el periodista Vicente Verdú, en una "igualdad
que ahoga".
Según el sociólogo Javier Elzo, los jóvenes
se atribuyen en mayor grado los rasgos negativos que positivos.
Si se les pregunta por los modelos a los que les gustaría
parecerse, cuatro de cada diez jóvenes declara no
tener personas en su entorno cercano o social a quien imitar.
Un porcentaje parecido declara no tener modelos vitales
a los que parecerse. Y un 15% no tiene opinión formada
en ese sentido. Quienes declaran tener referentes de vida
miran hacia la familia, concretamente a la figura del padre,
lo cual es muy cómodo y simple. Los siguientes modelos
de importancia para estos jóvenes son los deportistas,
los actores y los cantantes. Los personajes de la cultura,
la ciencia y los políticos no parecen tener demasiada
aceptación entre ellos. Valoran sobre todo la importancia
de la familia y los amigos. En último lugar, con
diferencia, colocan la política y la religión.
Disfrutan de mucho tiempo libre, que dedican a salir con
amigos, escuchar música, ver la tele, ir al cine
y salir de copas. Claro que hay excepciones pero lo que
parece claro es que la mayoría de los jóvenes
no son hoy rebeldes desde el punto de vista social a pesar
de que hay tantas cuestiones realmente inhumanas y escandalosas.
Con este perfil sociológico se explica con claridad
la ausencia de jóvenes en actos culturales o de compromiso
social.
Hace unos meses, los jóvenes franceses protestaron
airadamente contra la Ley de Empleo Juvenil mientras que
los jóvenes españoles, con los contratos precarios
y peor pagados de Europa reivindicaban en la calle, con
tono festivo, el derecho a celebrar el macrobotellón.
Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
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