Buenas tardes y buena suerte (26-02-08)
 

 

      Cuántas veces después de asistir a un acto cultural o de debate en Zamora, ya en la salida, alguien se lamenta diciendo ¡Apenas había jóvenes! Es una queja repetida que no tiene una clara contestación porque nos enfrentamos con una realidad compleja, poliédrica y rica en matices. La juventud de hoy en día vive como encerrada en su propio ensimismamiento pensando que su juventud es un valor absoluto cuando en realidad es un periodo de la vida bastante efímero y fugaz. Según encuestas, ellos mismos se definen como: consumistas, rebeldes, pensando sólo en el presente, independientes, egoístas y con poco sentido del deber. Para encontrar algún aspecto positivo como: leales en la amistad, solidarios, tolerantes, trabajadores, maduros y sacrificados hay que desplazarse hasta los últimos lugares de la lista, con porcentajes irrisorios. Practican una estética marcada por la publicidad, el consumismo y esa necesidad de ser diferente, atrevido, rebelde que al final se convierte, como dice el periodista Vicente Verdú, en una "igualdad que ahoga".
Según el sociólogo Javier Elzo, los jóvenes se atribuyen en mayor grado los rasgos negativos que positivos. Si se les pregunta por los modelos a los que les gustaría parecerse, cuatro de cada diez jóvenes declara no tener personas en su entorno cercano o social a quien imitar. Un porcentaje parecido declara no tener modelos vitales a los que parecerse. Y un 15% no tiene opinión formada en ese sentido. Quienes declaran tener referentes de vida miran hacia la familia, concretamente a la figura del padre, lo cual es muy cómodo y simple. Los siguientes modelos de importancia para estos jóvenes son los deportistas, los actores y los cantantes. Los personajes de la cultura, la ciencia y los políticos no parecen tener demasiada aceptación entre ellos. Valoran sobre todo la importancia de la familia y los amigos. En último lugar, con diferencia, colocan la política y la religión. Disfrutan de mucho tiempo libre, que dedican a salir con amigos, escuchar música, ver la tele, ir al cine y salir de copas. Claro que hay excepciones pero lo que parece claro es que la mayoría de los jóvenes no son hoy rebeldes desde el punto de vista social a pesar de que hay tantas cuestiones realmente inhumanas y escandalosas. Con este perfil sociológico se explica con claridad la ausencia de jóvenes en actos culturales o de compromiso social.
Hace unos meses, los jóvenes franceses protestaron airadamente contra la Ley de Empleo Juvenil mientras que los jóvenes españoles, con los contratos precarios y peor pagados de Europa reivindicaban en la calle, con tono festivo, el derecho a celebrar el macrobotellón. Buenas tardes y buena suerte.


Antonio Gallego

 
 
 
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