A Pajarito. In memoriam
 
 

 

      Llevaba dos días triste, dicen los que lo cuidaban en el que fuera su hogar durante veinte años, y el martes, después de dar cuenta de su ración diaria de alfalfa, se arrimó a la pared de la cuadra, en La Aldehuela, y allí se dejó caer, vencido por los años y la incertidumbre del que intuye que no han de venir tiempos mejores.
Sin ganas quizá de seguir mirando lo que se venía encima, se fueron cerrando sus "espejos de azabache", como los de aquel otro burro universal de Palos de Moguer, ojos los del zamorano que, por cierto, lograron contemplar en vida grandes prodigios para los de su estirpe.
No, no es a Platero a quien hoy recordamos, ya lo ven, sino a Pajarito, el garañón que la Diputación de Zamora adquirió a finales de los años 80, siendo aún un pequeño buche, para iniciar con él la recuperación de esta raza de asnos en peligro de extinción que constituye uno de los orgullos locales.
Sin Libro Genealógico ni carta de recomendación alguna, Pajarito llegó a convertirse en pocos años en paradigma del auténtico ejemplar de raza zamorano leonesa, con todas las características genéticas precisas: corpulencia, buen temperamento, pelo largo y grandes orejas que, estas sí, tenían una nota peculiar y propia, pues la oreja izquierda estaba siempre más caída que la derecha. Todo un símbolo, en fin, de la tierra que lo vio nacer.A Pajarito. In memoriam
Natural de Carbajales de Alba, en pocos años se convirtió en un espléndido asno, que frecuentaba las paradas de la provincia como semental. Una a una fue cubriendo a todas las hembras que le pusieron por delante, a mayor gloria de la genuina repoblación asnal, hasta que una burra de Bermillo de Sayago lo mandó a la reserva por un mal contagio del que no se recuperó jamás. Hubo de ser castrado, pero en su memoria quedaron grabados para siempre los días de esplendor y el orgullo de haber cumplido con el servicio a la provincia poblándola con muchos y nuevos pajaritos.
Cuando se creó el Libro Genealógico de la Raza Asnal Zamorano Leonesa, él pasó a figurar en su sección fundacional con todos los honores, junto a sus compañeras Bienvenida y Rosana, que hoy le lloran sin duda en el Núcleo de Conservación de la Aldehuela con otros quince camaradas.
Al sufrir la baja, imposibilitado de por vida para su oficio, fue destinado a realizar tareas de "tutoría" en la pradera de la Aldehuela con los nuevos buches nacidos en la granja, los cuales eran enviados con Pajarito nada más ser destetados, suponemos que con el fin de que éste fuera aleccionándolos en las artes amatorias del buen garañón.
Veinte años más tarde y convertido ya en un venerable anciano, bien pudo apuntarse Pajarito su contribución a elevar la categoría del mundo asnal, convertida hoy en una raza a proteger y apoyar. Y observar con asombro la feria anual que celebran sus colegas en San Vitero, donde burresas y garañones compiten cada año por lograr trofeos y adonde acuden gentes de lejanos países para pagar grandes cantidades de dinero? por un burro. ¡Quién lo iba a decir!
Atrás quedaban tantos siglos de esclavitud y sometimiento salvaje, de malos tratos en un entorno rural duro y miserable. El, Pajarito, había participado en ese milagro y desde su retiro en la residencia de la Aldehuela, alimentado con los mejores pastos ecológicos, y un harén de burras para disfrutar de los recuerdos -ya conocemos su historial clínico- podía incluso mostrarse a las miradas de admiración de los ciudadanos? Un sueño, en definitiva, que no podía durar.
Por eso no pudo soportar la noticia. La sola idea de abandonar las praderas que un día acogerán hoyos y pistas deportivas, y su vuelta al medio rural le llenó de tal inquietud que simplemente no quiso verlo. "¿A Madridanos? ¡Antes muerto!", dicen que fueron sus últimas palabras. Descanse en paz.

CONCHA SAN FRANCISCO
Zamora, 12 de marzo de 2008


 
 
 
 
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