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Existe en estos momentos un profundo debate sobre la energía, un bien fundamental para el desarrollo de los países. Esto es debido a la carencia cada vez mayor del petróleo y a su fuerte demanda por países en pleno proceso de desarrollo como son China e India. También está por medio la creciente preocupación por el cambio climático que causan ciertos combustibles. Con todo ello, la propuesta de la energía nuclear está ganando apoyos. Asimismo, por primera vez en la historia de la humanidad se empiezan a utilizar productos agrícolas fundamentales para la alimentación del planeta en la producción de combustibles, creándose fuertes tensiones entre la población civil que depende de ellos para su alimentación cotidiana. Todo el mundo sabe que nuestra civilización se ha construido, en gran parte, en base al descubrimiento y conocimiento de nuevas fuentes de energía. Hasta la revolución industrial de principios del siglo XIX, el desarrollo de la humanidad no tuvo grandes conflictos con el tema energético debido fundamentalmente a la existencia de una sociedad agrícola tradicional donde los recursos energéticos estaban dentro de cada país. Todo cambió a partir de ese momento, iniciándose una carrera imparable que transformó el mundo de la producción, del mercado, del intercambio cultural y social, por la movilidad de las personas y bienes. Toda energía está ligada a un combustible que genera residuos. La valoración del residuo ha variando a medida que la sensibilidad y la preocupación por el medio ambiente están calando en la humanidad. No sólo se considera que un residuo es nocivo por la emisión de una sustancia tóxica como es el CO2 y azufre que genera la combustión del carbón, el petróleo y el gas o los residuos radiactivos que genera la fisión del uranio. También se puede considerar residuo la inundación de un valle cuando se construye una central hidroeléctrica, el ruido que generan las palas de los molinos de viento o el impacto visual que causa una concentración excesiva de parques eólicos en ciertos lugares naturales. ¿Son todos los residuos iguales? Evidentemente no. Los hay que poco a poco amenazan a toda la humanidad como son las emisiones de CO2 y azufre o los peligrosos residuos radiactivos, de larga duración en el tiempo. Otros son sólo visuales como los parques eólicos que poco a poco van incorporándose a la costumbre de las generaciones venideras. Pero en estos temas, los maximalismos pueden llegar a cotas muy altas. Otro elemento importante en este dilema civilización y energía es la presión cada vez mayor que ejercen los ciudadanos y sus comunidades por rechazar los residuos y olvidarse de qué lo causa, que no es otra que la necesidad creciente que tenemos de energía con el modelo económico y social actual. Todos luchamos porque los residuos les toquen a otros y que la energía nos beneficie a nosotros. Es un dilema cargado de insolidaridad e hipocresía social. Sólo la información responsable y el debate social nos pueden hacer encontrar el necesario equilibrio y respuesta a estas cuestiones. Buenas tardes y buena suerte.
Antonio
Gallego
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