Buenos días y buena suerte (8-04-09)
 

           La Semana Santa consigue año tras año en Zamora lo que no logra ningún PGOU, es decir, que la ciudad tenga más de cien mil habitantes reales porque los que se indican en el Plan son virtuales, a la medida de la especulación. La verdad es que estamos rodeados de mentiras que casi siempre vienen de los mismos políticos lunáticos, empresarios sin proyectos y ciudadanos facilones.

           Pasemos revista a algunas de estas ocurrencias, últimamente muy escuchadas en la ciudad y siempre exageradas: Una es la importancia de contar con un campo de  golf, acompañado de una gran urbanización para que los muchos aficionados que hay en España puedan venir a esta tranquila ciudad y comprarse un apartamento como si estuviesen a la orilla del mar, con clima mediterráneo. Otra, el impacto que va a producir la llegada del AVE a Zamora ya que hará posible que muchos madrileños decidan vivir entre nosotros y ser como el commuter anglosajón, yendo y viniendo todos los días de su trabajo en Madrid por tren. Total va a ser algo más de media hora. También se dice que con el nuevo PGOU se va a conseguir el desarrollo esperado de la ciudad sin percatarse que llevamos teniendo planes desde 1986.  Y, finalmente, que cuando tengamos todas las autopistas que nos han negado, esta ciudad será otra cosa sin recabar que ya casi tenemos todas y las cosas más o menos siguen igual.

            Personalmente no estoy en contra de que exista todo lo que antes he indicado, dentro de los equilibrios adecuados tanto con el medio ambientales  como presupuestarios así como de su correcta ubicación, pero estoy en contra de la exageración con que nos tratan de vender estos proyectos, de vida o muerte. Hace unos días estuvo en Zamora Tony Puig Picart, experto en ciudades, y dijo que “el golf es un apéndice tonto del turismo”, con lo cual quitaba importancia estratégica a esta actividad al menos en ciudades como la nuestra. Pero como hemos oído que todas las ciudades lo tienen nosotros también y si pueden ser dos, mejor. El problema de estas decisiones es que casi siempre las terminamos pagando todos los ciudadanos y después, los que tanto gritaron sobre esas bondades, miran para otro lado; siempre se van de rositas. Algo similar está ocurriendo con los dos proyectos, actualmente en construcción, para convertirnos en una ciudad de congresos. Me refiero al Ramos Carrión, curiosamente pagado en parte por la Diputación, con las necesidades que tiene la provincia y el Palacio de Congresos en la Universidad Laboral. Me resulta difícil entender que en una ciudad como ésta se necesiten dos instalaciones que podrían tener funciones polivalentes y que después tendrán que ser mantenidas por la ciudad. Pero el presidente de la Diputación ha descubierto que su imagen política se vende mejor haciendo proyectos en la ciudad que en la provincia y se está dedicando con ahínco a este fin. A ver si se dan cuenta en los pueblos. Buenas días y buena suerte.   

Antonio Gallego

 
 
 
Volver
Subir