La cultura anglosajona siempre ha tenido claro que si existe un problema social es preferible regularlo que no mirar hacia otro lado, como si no existiese. Este es el caso del aborto que es una realidad social que afecta a las mujeres del todo el mundo. En España el aborto está regulado por Ley desde julio de 1985 y sólo permite la interrupción voluntaria del embarazo cuando hay riesgo para la salud de la madre, violación y taras graves para el feto. Por lo cual el debate que ahora se ha abierto con la propuesta socialista de cambiar esta ley no es sobre la conveniencia de regular el aborto sino sobre las modificaciones que se pretenden incluir, que por lo que conocemos tratará de combinar una ley de plazos hasta las 21 semanas y una serie de supuestos excepcionales. La nueva ley también garantizará la equidad territorial en todas la Comunidades Autonómicas ya que en la actualidad hay cinco comunidades-Navarra, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Extremadura y Murcia – donde no hay ningún servicio público, ni siquiera privado en el caso navarro, que realice abortos.
Conviene recordar que recientemente el Comité de Igualdad del Consejo de Europa se pronunció en el sentido de que el aborto es un derecho de la libertad de las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo, que debe ser respetado y los Gobiernos tienen que garantizar que la interrupción voluntaria del embarazo sea una práctica accesible y segura. España es uno de los pocos países europeos que no tiene una ley de plazos y no es un derecho reconocido salvo en el Código Penal. Las mujeres no tienen libertad para decidir, sino que son los médicos los que señalan si la mujer está dentro de alguna de las indicaciones legales.
Es bueno que exista debate social sobre este tema pero no confundiendo a la ciudadanía como pretende la Iglesia Católica o el propio Partido Popular que siempre trata de sacar réditos políticos a todo lo que se le cruza por delante. La ciencia suministra datos claros referentes al inicio y al fin de la vida que la curia romana prefiere desconocer como ha ocurrido casi siempre y como ejemplo reciente recordemos su oposición al uso del condón para prevenir el sida. Pero al margen del tema científico, siempre controvertido, el aborto es un problema social donde debe primar la ética cívica sobre la moral religiosa, sea la que sea, y nadie debería hacer bandera política ni religiosa de este tema tan profundamente humano, por nadie deseado. Así lo han entendido la mayoría de los países de nuestra cultura donde existe una legislación de plazos y está reconocido como un derecho fundamental de las mujeres. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego