Vaya palo que ha recibido nuestra alcaldesa con la no admisión a trámite de la querella criminal contra dos de los tres concejales de IU en el Ayuntamiento de Zamora. Porque el intento de Rosa Valdeón era hacer sangre con estos dos concejales y de paso al partido político que más daño le está haciendo con sus denuncias continuas de todo lo que ocurre en la Casa de las Panaderas. Eso no se lo hubiese hecho al PS. La diferencia con otros procesos judiciales ligados al Urbanismo, casi todos perdidos por el Equipo de Gobierno, es que en este caso la querella estaba personalizada y buscaba la derrota del adversario de una manera humillante, como si fuesen criminales. Ha sido una querella que ha dejado al descubierto los instintos personales de nuestra regidora, que han primado sobre la mesura y responsabilidad política.
Y todo este proceso inquisitorial lo ha llevada a cabo la alcaldesa saltándose toda la legalidad ya que no tenía facultades para presentar la querella; incluso en el Pleno que se votó dicha propuesta, que fue rechazada por la mayoría de los grupos de la oposición, urgió al secretario a que no computase los votos de los dos concejales de IU afectados ¿Con qué derecho? Con ninguno, sólo con su prepotencia.
A este Equipo de Gobierno le gusta ver fantasmas por todos los lados y posiblemente ahora quiera buscarlos en la Justicia. Algún atisbo se ha notado. Curiosamente no mira dentro de su propia casa, en sus asesores o en los abogados que han sido contratados para tal fin. Tampoco quiere reconocer que tener un Pan retenido cerca de 40 días en las arcas municipales es la mejor manera de no protegerlo salvo que se quiera utilizar para sus propios fines. También ha sido muy elocuente esa parte del fallo judicial donde viene a decirle a la alcaldesa que un Plan de Urbanismo es un documento público, de interés para la ciudadanía y sobre todo para los concejales de la oposición que en su día tendrán que votarlo. No es suyo el Plan, es de todos los zamoranos.
Lo que le está pasando al Equipo de Gobierno del PP con el PGOU me recuerda a un ciclista que no puede dejar de pedalear para no caerse de la bicicleta, por todos los riesgos que ello implica. Los riesgo son dobles: por una parte evitar los daños electorales que podría sufrir por la pésima gestión que han realizado en todo este proceso y por otro lado para que aquellos promotores beneficiados que le están jaleando para que entre en la meta como sea, no se acaben enfadando y exijan compensaciones. Como verán, siempre pensando en el bien de la ciudad. Buenas días y buena suerte.
Antonio
Gallego