La noticia del verano en Zamora está siendo la apertura del renovado castillo medieval, la actuación sobre los jardines y la nueva ubicación del anterior museo de Baltasar Lobo en la Casa de los Gigantes. Como no podía ser menos, después de un alejamiento de la ciudad por un viaje a un país europeo, me he acercado al conjunto recuperado, caminando por la Rúa de los Notarios, pasando con vergüenza por delante de la demolida Casa de los Cinco Balcones, de la cual se ha olvidado intencionadamente el Ayuntamiento. La valoración de las cosas se hace en función de lo que existía anteriormente y su comparación con lo nuevo y en este aspecto, de aquella imagen de vieja panera hundida respecto a los jardines, llena de construcciones diversas y viejas, que no tenía apenas encanto, uno se encuentra ahora frente a un edifico que ha recuperado la fuerza que tuvo en su día, liberado de escombros y retazos añadidos con el tiempo, descubriéndose espacios, niveles y pasajes originales. La ruina rehabilitada ha ganado en belleza, como ocurre casi siempre con lo antiguo, y el sistema habilitado de comunicación interna y externa con los jardines, vía pasarelas, escaleras y desniveles está bien resuelto. Por otro lado, las diversas esculturas de gran formato de Baltasar Lobo que se encuentran colocadas en la liza y en los jardines sirven para potenciar el conjunto dándole un contraste de modernidad.
Con respecto a lo que se entiende como museo Baltasar Lobo en la Casa de los Gigantes, que en una parte importante contiene lo que antes estaba en la iglesia de san Esteban, como toda nueva instalación también ha mejorado y se verá potenciada por su la ubicación tan privilegiada junto a la catedral, museo de tapices y el castillo medieval. Pero es evidente, que el resultado final de lo sucedido con este largo y costoso proyecto ha sido muy distinto a lo que se pensaba y los dineros se han ido a otros objetivos. El ganador final ha sido el recuperado Castillo Medieval y el perdedor el Museo Baltasar Lobo que se convierte en un digno acompañante de la fortaleza pero sin demasiado protagonismo. No es de extrañar que la familia de Lobo esté algo desilusionada ya que el proyectado Museo de Escultura Baltasar Lobo ha quedado reducido a lo que ya existía, mejorado con algunas incorporaciones de los fondos guardados en el museo provincial, pero sin tener la entidad de museo. No existe proyecto museístico ni se sabe que va a ocurrir con los fondos existentes en el museo de Zamora y los que se encuentran fuera de España.
Toda esta historia, que a pesar de todo tiene un final feliz para la ciudad, ha sido un continuo trueque. Empezó siendo un proyecto museístico transfronterizo pagado con fondos europeos para Zamora y Braganza, ligado a los artistas Baltasar Lobo y Graça Morais y ha acabado con una fortaleza recuperada y un museo disminuido, para cubrir el expediente europeo. Empezó siendo una proyecto del prestigioso arquitecto Rafael Moneo, anunciado a bombo y platillo, y ha acabado en el proyecto de Francisco Somoza, que él solo se lo ha guisado y se lo ha comido. Buenos días y buena suerte.
Antonio
Gallego