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Resulta consustancial a la naturaleza de nuestra ciudad, así como a los núcleos de población de nuestro entorno geográfico, la existencia de la plaza mayor. Estas plazas siempre han sido el núcleo urbano de la ciudad, a veces no el más vital ni el más céntrico, pero siempre referente y símbolo así como espacio con vocación de ágora que acoge el encuentro ciudadano y los espectáculos públicos del orden que sean. Como es sabido, en Zamora carecemos de tal.
Nuestra ciudad siempre ha crecido hacia el este geográfico, y en esta dirección se han ido estableciendo los distintos centros de la ciudad, fueran o no plaza mayor. Desde que se creara en el entorno del parque de San Martín la primera casa de concejo de la ciudad, podemos encontrar el germen la plaza mayor. Posteriormente, al rebasar la muralla oriental y construirse en el espacio contiguo el ayuntamiento viejo, la ciudad genera nuestra definitiva plaza mayor. En esta línea de crecimiento urbano hacia el este, hoy sus veces las desempeñan la plaza de Castilla y León o la plaza de la Marina en cuanto lugar de encuentro.
Desde comienzos de la década de 1980 Zamora existe sin plaza mayor, en virtud del erróneo criterio de dejar exentos los monumentos. De hecho la hemos convertido en una mera calle de paso más, pues los taxis y coches de policía local que siguen aparcando en ella en línea con el extremo de los soportales logran configurar una suerte de calle real pero no trazada que separa este espacio del restante de la plaza. Seguro que existe una mejor ubicación para estos estacionamientos. Mientras, unas farolas y la cabecera y la torre de San Juan intentan hacer lo imposible para cerrar la plaza, jugando con nuestros visitantes al juego de que Zamora tiene una iglesia -la de San Juan precisamente- en medio de su plaza mayor. La propuesta para cerrar la plaza mayor de Zamora según el proyecto presentado en 1990 por Luis López, Julio Carbajo y Luis Barbadillo nació muerta. Quizá porque realmente nunca se apostó de veras por enmendar el desaguisado generado tras el derrumbamiento de los soportales. Hoy el problema sigue manifiestamente presente aunque no lo queramos ver. Seguimos sin plaza mayor, y lo que es peor, sin ideas para logarla de nuevo.
Pero quizá nos faltan datos. Conviene saber que el proyecto de restauración de 1978 de la iglesia de San Juan, llevado a cabo por la Dirección General de Arquitectura y Vivienda del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, bajo la dirección del arquitecto Francisco Pons-Sorolla, contemplaba el levantamiento parcial de nuevos soportales hasta el cuerpo de nave sur de la iglesia, donde se ubicaría la nueva sacristía de la iglesia y casa parroquial, sobre terreno de su propiedad. También lo consideraba el “Proyecto de locales parroquiales y restauraciones complementarias” elaborado por la misma Dirección General en octubre de 1981. Desde alguna institución oficial zamorana se logró parar la intervención en noviembre de 1982, argumentando que el nuevo inmueble sería un pegote. La obra se suspendió donde estaba, dejando la torre de la iglesia por concluir. Todo ello acompañado de la indignación del arquitecto Pons-Sorolla por tal proceder. Más aún, el propio Ayuntamiento encarga a los arquitectos José María Aparicio y Alfonso Morán cinco proyectos para la remodelación de la plaza mayor, ninguno de los cuales incluye los 367 m2 de espacios auxiliares del templo recién derribados, a saber, la propia sacristía además de la capilla de la Soledad, la capilla de San Miguel y el espacio de la portada neoclásica a la calle de Sacramento. La malograda edificación de este inmueble hubiera podido suponer el germen del resurgimiento de nuestra plaza mayor, pero quizá criterios más parciales lo impidieron. Hoy seguramente lo pensaríamos de otra forma.
Cada día la plaza mayor de la ciudad nos brinda desafortunadamente el paredón de la iglesia de San Juan, sin otro arte ni gusto que el de su presencia desnuda. Una cabecera y torre que se construyeron para estar ocultas, en su día por la propia muralla, más tarde por soportales. Hoy simplemente tapada por la falta de ideas, y quizá voluntad, para dar solución al cerramiento de nuestra plaza mayor.
Rafael Ángel García Lozano
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