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Ahora
sí. Iberdrola nos anuncia, esta vez sí, inversiones
no muy cuantiosas, pero interesantes. No sé si pertenezco
a los de la trinchera del "no", como señalaba
hace días Braulio Llamero en su columna, pero lo
cierto es que el último día del pasado año
escribí en este periódico un artículo
donde claramente me oponía a la central térmica
de Los Arribes. Y lo hacía con contundencia y, según
creo, con claridad de ideas. Siempre que he escrito sobre
Iberdrola he sido especialmente crítico con su historia
y con su presencia en Zamora, pues sostengo que la empresa
y, por extensión, la industria vasca de la mitad
del pasado siglo, no hubiera sido posible sin el aprovechamiento
eléctrico del Duero. Más que crítico,
mi tono ha sido casi acusatorio, ya que esta empresa se
forjó con el aprovechamiento, sin mucho miramiento,
de los recursos naturales de parte de la provincia, con
una repercusión nula en nuestra economía.
Algo así como el expolio de los recursos naturales
que hacen las multinacionales en los países del Tercer
Mundo. Pero, esto es otra historia. Pues bien, el proyecto
de la central térmica de Moral de Sayago es, según
mi opinión, una inversión que sólo
busca, como es natural, el beneficio de la empresa. Sin
embargo, desde el punto de vista de la provincia no sólo
no aporta nada positivo, salvo los obligados impuestos,
sino que además perjudica notablemente los esfuerzos
realizados por instituciones y particulares en pos del desarrollo
de nuestros valores naturales. Pero el caso es que ahora
tengo que afirmar que nos encontramos con dos proyectos
que deben ser calificados, en principio, como atractivos.
Dicho sea de paso con cierta cautela dado que hablamos de
quien hablamos. Efectivamente, una planta de energía
solar en Cubillos no es que vaya a contribuir a solucionar
el problema estructural de nuestro retraso ni muchos menos,
pero no producirá efectos negativos sobre nuestras
débiles y escasas pero, al fin y al cabo, expectativas
de futuro. Y, como propina, algo le caerá al Ayuntamiento
en forma de impuestos o algún puestillo de trabajo
a los vecinos, aunque para ello deberán dar facilidades
para que Iberdrola disponga de la superficie necesaria que
no es manca: unas 250 has. De igual modo, es más
que sugestivo el proyecto de una planta de bioetanol en
Barcial del Barco. Una fábrica que mediante procesos
químicos de fermentación y destilación
transforma cereales y oleaginosas en bioetanol, un alcohol
que, mezclado con la gasolina, aumenta el octanaje y disminuye
la contaminación o que directamente puede sustituirla
en los motores convencionales. También y como consecuencia
del propio proceso y mediante cogeneración, se puede
producir electricidad. Por eso, para este proyecto se han
unido varias cooperativas agrarias zamoranas, una industria
química, Sniace, y una eléctrica, Iberdrola.
No sé cuáles serán los precios contaminantes
del proceso químico que los habrá, pero la
diferencia con la térmica de Sayago es abismal. Para
empezar no se sitúa en un espacio natural protegido.
No producirá sustancias altamente contaminantes como
sucede con el gas natural, que es un hidrocarburo compuesto
por gas metano, y además contribuirá al desarrollo
de un sector tan propio de nuestra provincia como es la
agricultura, ya que será nuestra materia prima la
que consuma. Todo ello, sin valorar la imagen moderna que
nos dará estar en la avanzadilla de la tecnología
punta de las energías renovables. Por el contrario,
la central que se proyecta para Sayago, resulta ya aburrido
decirlo, no aporta nada a la provincia. Se basa exclusivamente
en intereses empresariales que intentan aprovechar el futuro
mercado de compraventa de emisiones contaminantes, utiliza
un combustible de suministro incierto procedente del Magreb,
abusa del inmenso poder al conseguir que se rodee milimétricamente
el terreno de Iberdrola en Moral de Sayago para que no quede
afectada por la delimitación del Parque Natural y,
además, y lo más importante, no sólo
no aporta nada a la economía provincial como no lo
aportan sus centrales eléctricas, sino que encima
echa por tierra cualquier tipo de venta del paisaje y la
naturaleza de Los Arribes con sus dos enormes chimeneas
lanzando 250 kilos por hora de óxido de nitrógeno
y 2 millones de toneladas anuales de CO2, entre otras lindezas.
Como conclusión, queda claro que doy mi inicial bienvenida
a estos proyectos que ahora ha hecho públicos Iberdrola,
en la confianza de que no sean una cortina de humo o moneda
de cambio para imponer la térmica de Sayago. Quede,
también, meridianamente clara mi frontal oposición
a la construcción de esta última, pues de
lo que opinaba sobre ella el 31 de diciembre del 2004 no
tengo por qué cambiar párrafo alguno. Desde
entonces sólo he oído argumentos interesados,
artículos estrambóticos y afirmaciones de
aquellos que, tan panchos, a cambio de dinero, aceptan lo
que les echen. Hay que aprovechar las oportunidades, pero
también luchar contra las que no nos convienen. Mi
criterio es mantener la dignidad, aun en la desesperanza
y buscar nuestro propio futuro por incierto que sea. Que
no nos lo labren otros, aunque lo intenten a base de talonario.
JUSTO RUBIO
(Publicado en La Opinión El Correo de Zamora)
Septiembre
de 2005
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